Zarzuela I

La prensa madrileña en papel, ya toda de la CEDA, se lanza en tromba a atacar el libro de Pilar Urbano en el que desarrolla la teoría apuntada en otros, como el de Javier Cercas: el 23-F fue un golpe de estado alentado por el Rey, tolerado por casi toda la oposición y ejecutado por Armada, al que se le escapó el Gólem, como al sabio cabalístico de Praga. “Yo no he llegado hasta aquí para que los comunistas entren en el Gobierno”, dijo Tejero a la autoridad militar. Un buen resumen de todo.

Cebrián dice “es mentira”; Rafael Puyol dice “es mentira”; Suárez Illana dice “es mentira”. Da igual. Desde hace siglos, España eligió la fe en lugar de la ciencia como base de su arquitectura mental y volvió a elegir la fe en lugar de la razón como base de su arquitectura institucional. Cebrián, Puyol y Suárez Illana piden fe y la fe, como explica el Catecismo, “es un acto personal: la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela”. Te lo crees o no te lo crees, como el final de Lost.

Otros países eligieron la razón. La diferencia se veía bastante bien el viernes en el Hora 25 de Ángels Barceló dedicado a los secretos de estado. Hay países donde los documentos se desclasifican automáticamente a los treinta años; otros, donde basta con que un ciudadano lo pida; otros, donde está claro que el material producido en el ejercicio del gobierno no es personal, sino institucional.

Aquí, los documentos del 23-F siguen clasificados, los papeles de Suárez están en poder de su hijo que enseña lo que quiere y cuando quiere y Cercas no pudo acceder a la totalidad de las grabaciones de TVE. No necesitamos gente que, desde las portadas de los diarios, nos pidan fe, sino un marco legal que garantice que esta es innecesaria porque tenemos todos los papeles.

PD: En el H25 de Ángels Barceló resultaba desolador escuchar a historiadores explicar cómo tiene que trabajaban con los archivos de otros países porque los españoles siguen cerrados.

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