¿Y si vuelven los chistes de gangosos?

Hacer reír es lo más difícil, mucho más que hacer llorar. Si haces un drama y la gente no acaba de llorar, se lo oí a Álex de la Iglesia, por lo menos se compadece, adopta un aire grave y no hace bromas; sobre todo, si has dicho que se trata de una historia real y el protagonista es un niño. En cambio, si filmas una comedia y no logras hacer reír, das pena y serás objeto de las ironías más sangrantes. No hay nada más terrible que un humorista en un escenario incapaz de hacer reír o un payaso que se cae ante el silencio de los niños. Por eso, las comedias envejecen mal y son tan buenas las que sobreviven.

Los chistes tienen una esperanza de vida aún más corta. Es complicado que un humorista chistoso sobreviva una generación. Los aclamados de hace veinte años, salvo contadas excepciones como Gila o Eugenio, basaban su comicidad en la humillación del otro y hacían chistes sobre la incultura o la discapacidad o sobre lo que hoy se considerarían estereotipos de raza, roles de género u opción sexual; por ejemplo, gangosos (Arévalo llenaba cintas con este subgénero), homosexuales, travestis, pueblerinos, mujeres frustradas obsesionadas con el sexo o primitivos africanos de generosa genitalidad. Hoy, gracias a mucha gente, Faemino y Cansado, Chiquito de la Calzada o La Hora Chanante, hace falta bastante más inteligencia para hacer reír y ese tipo de chistoso ochentero es un estereotipo audiovisual, Antonio Recio, Mauricio Colmenero o, el principal, José Luis Torrente.

En esta tradición chistosa, Arévalo, Manolo de Vega o Esteso, se enmarca el Presidente de la Comunidad de Madrid con su felicitación navideña (mujeres frustradas obsesionadas con el sexo y primitivos africanos de generosa genitalidad). Aunque él lo sea, cosa que es probable, no se trata de un chiste machista ni racista, sino casposo; es un chiste de hace veinte o treinta años. Y ese es el gran problema. Tenemos un grupo gobernante que piensa que hace treinta años todo esto se le empezó a ir de las manos y ha visto en la crisis la gran ocasión para rectificar. Este país ha evolucionado mucho, hay mucha cultura y muy dispersa. El problema no es que este señor, o alguien de su equipo publique un chiste casposo, es que este tipo de humor vuelva a ponerse de moda.

PD: Otra cuestión relevante es la confusión entre lo público y lo privado; es decir, que el twitter del Presidente de la Comunidad de Madrid publique una felicitación privada. Tampoco vamos a pedir peras al olmo. Su confusión es lógica porque en la administración pública trabajan su padre, sus hermanos, su mujer y su cuñada. Todos liberales, claro.

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