Tiririrí­

Hace años, en un viaje por Galicia en el que oficiaba como consorte, compré y leí­, recomendado por Iñaki, Diarios, de Arcadi Espada. Me encantó la seriedad con la que se defendí­an las correctas rutinas del periodismo en un tiempo el que, asumido el periodismo de canapé y el ‘algo habrá’ (que servidor también ha practicado), ya se perfilaba el periodismo trinchera y la conspiranoia. Poco tiempo después de este libro, el Espada sufrió un proceso inexplicable y pasó de buscar la verdad a tenerla. Producto de tal revelación, ha sido su carrera desde entonces, en la que su blog pasó de ser una referencia a un tabernáculo, donde un grupo de conocidos discutí­an entre ellos, las más veces alabándose.

Más incomprensible fue su fichaje por el Mundo. El escudriñador de supuestas investigaciones periodí­sticas, el tipo que habí­a puesto Barcelona patas arriba con el libro que cuestionaba las informaciones del caso de Raval y con los artí­culos en los que se detallaban las delaciones de notables catalanes en los procesos represivos de la posguerra, ocultadas en los documentales de TV3, fichaba por el diario de los supuestos y las medias verdades, el periódico del Nayo, el Chayo, Manolón y la Orquesta Mondragón. En fin. Hace unos meses, Espada abrió un blog dentro del Mundo llamado ‘el mundo por dentro’, donde quiere explicar las interioridades del diario y cuestionar sus rutinas. Noble y necesaria labor, sino fuera porque el director o los conspiranoicos habituales suelen quedar fuera de campo de batalla.

El dí­a uno de marzo, en ese blog, se leí­a una extensa carta anónima en la que se cuestionaba duramente el currí­culum que el ministro y candidato al Congreso por Alicante Bernat Soria ofrece en su web. Los puntos cuestionados, con bastante saña casi personal, eran:

1.- Así­, me convertí­ en un joven médico de la Seguridad Social en el municipio de Cullera (Valencia). Allí­ ejercí­ la profesión de 1976 a 1979 (es probablemente falso. No trabajó como médico mas que un par de meses) año en el que decidí­ irme a Alemania para iniciar mi carrera investigadora.

2.- En Alemania comencé mi formación investigadora (1979-1980) junto a los profesores Erwin Neher y Bert Sakmann (Premio Nobel de Medicina en 1991). Luego me marché al Reino Unido (1981-1982). (Es mentira. Estos cientí­ficos estaban en el mismo instituto, pero nunca trabajó con ellos. Preguntados sobre esto, ambos han confesado que ni siquiera le conocí­an en aquel entonces.)

3.- Cuando volví­ a España, me incorporé a la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia (de la que fui vicedecano) y en 1984 a la Universidad de Alicante, en la que me convirtí­ en catedrático de Fisiologí­a y en el decano más joven de España, al frente de la Facultad de Medicina.(¡Es mentira! Nunca ha sido Decano de la Facultad de Medicina. Se presentó a unas elecciones que perdió.)

4.- Además de vicedecano y decano de la Facultad de Medicina, fui el primer decano de la Facultad de Ciencias Experimentales y posteriormente director del Instituto de Bioingenierí­a de la Universidad Miguel Hernández de Alicante (no, de Elche y montada por una Comisión Gestora, nombrada a dedo por Zaplana, Presidente de la Generalita Valenciana, a la cual se incorporó sin aspavientos pese a que 50 diputados socialistas firmaron un recurso de inconstitucionalidad contra la creación de dicha Universidad.)

5.- El inicio de mis investigaciones con células madre provocó una reacción negativa del entonces Gobierno del PP, que llegó a abrirme un expediente. Esto hizo que tuviera que autoexiliarme a Singapur para continuar con mis trabajos de investigación. (Es mentira. Nunca ocupó ningun puesto en Singapur ni estuvo alli como cientí­fico contratado, incorporado oficialmente a algún laboratorio. Colaboró con un grupo de investigadores en Singapur por periodos de tiempo de no mas de un par de semanas y durante unas vacaciones con su familia. No ha publicado nada desde entonces como resultado de ese supuesto trabajo.)

6.- Soy catedrático Extraordinario de Medicina Regenerativa (¿de que universidad?)

7.- Además, he tenido la fortuna de recibir numerosos premios en reconocimiento a mi labor cientí­fica, entre ellos la Medalla de Oro y Premio de la Real Academia Nacional de Medicina (Es mentira, no ha recibido tal medalla sino uno de los premios de bajo nivel que la Real Academia de Medicina concede a trabajos en la etapa juvenil), el Premio Alberto Sols (Sax, 1997) a la mejor labor investigadora en Ciencias de la Salud y el Premio Galien (2005). (¡de la Revista Jano de Medicina y Humanidades!)

8.- Hasta mi nombramiento como ministro de Sanidad y Consumo desempeñaba el cargo de director del Centro Andaluz de Biologí­a Molecular y Medicina Regenerativa (Cabimer). (Parece que su sueldo allí­ era de mas de 12000€ mensuales, otorgado directamente por la Presidencia de la Junta. Seguramente, mucho mas alto que el de un ministro, como dice él que le ocurre a algunos cientí­ficos. La Junta de Andalucia se ha negado a revelar el sueldo que pagaba a Bernat Soria cuando fue requerida a ello en la Comisión de Gobierno del CABIMER por el CSIC y la Universidad de Sevilla, las otras dos instituciones que lo forman.)

El cuatro de marzo, aún sin que se desvele la fuente, se aportan pruebas tras la respuesta de Soria. Los ocho puntos se reducen a cuatro.

1.-  El ministro no ha sido decano de la Facultad de Medicina de Alicante: Entre 1979 y 1994 (la franja de tiempo que interesa al asunto) los decanos fueron Alfonso Puchades Orts, Carlos Belmonte, Emilio Balaguer y Alfonso Panchón. No lo fue Bernat Soria, aunque lo intentó dos veces. En 1986, la primera, cuando perdió las elecciones frente a Emilio Balaguer. En las semanas anteriores a esas elecciones Bernat fue acting dean de la facultad, debido a la marcha del decano Carlos Belmonte a Estados Unidos (en la primavera de 1986), y a la circunstancia de que el primer acting dean, el vicedecano con Belmonte, Jaime Merchán, fuese nombrado vicerrector. Lo de acting dean (es decir, decano en funciones) no es capricho o cursilerí­a mí­a: es la formulación que consta en la edición de 1998 del Who is Who donde Bernat (o quizá fueran los puntillosos redactores de la publicación) escogió la precisión y la modestia para describirse. En 1990 Bernat perdió frente a Alfonso Panchón. Después de la victoria de éste, Bernat presentó un recurso contencioso administrativo, que cuatro años después se falló a su favor declarando que las elecciones habí­an sido irregulares. Cuando esto ocurrió, acababa de terminar el mandato de Panchón. A fin de no perjudicar a los afectados por los actos legales de éste, el Rectorado decidió dar por válidos esos cuatro años y se celebraron las elecciones a Decano, ya convocadas de modo ordinario, con un solo candidato de consenso: Alfonso Puchades.

2.- El ministro no se autoexilió en Singapur, ni él ni su pleonasmo. En efecto. Fue profesor visitante de la National University of Singapore y colaboró durante cortos perí­odos de tiempo, como ya se decí­a en la carta, con algunos investigadores, entre ellos, Sir Roy Calne de la Universidad de Cambridge. Lamentablemente no se conoce ninguna producción original (ambos nombres sólo coinciden en una revisión ) que fuese fruto de esa colaboración. Es cierto que hay dos papers firmados por Bernat Soria con la diabetes como asunto, y donde él utiliza su credencial de profesor de Singapur, pero todos sus colaboradores son españoles. En ningún momento, Bernat Soria dejó su puesto en la Universidad Miguel Hernández, lo único que justificarí­a el uso de su apasionada expresión “autoexilio”.

3.- No hay rastros de su trabajo con Erwin Neher y Bert Sakmann. La aparición de esos dos nombres de alto prestigio en el currí­culum de Soria no se tradujo en ninguna colaboración conocida. Ni una sola publicación asocia sus nombres.

4. No ha recibido la medalla de oro de la Real Academia de Medicina. No existe la medalla de oro de la Real Academia de Medicina. Existe, sí­, una medalla de honor de la Real Academia, que la han recibido ocho personas. No está Bernat Soria entre ellos. Existen también los académicos de honor. No está Bernat Soria entre ellos. Existen los académicos numerarios. No está Bernat Soria entre ellos. En 1988 sí­ fue nombrado académico (correspondiente) de la Real Academia.

Bueno, bueno. Comienzan las matizaciones. No fue decano fetén pero fue decano accidental (e incluso la edición impresa de hoy indica que, en una ocasión, las elecciones fueron impugnadas y los tribunales le dieron la razón, aunque no llego a tomar posesión del cargo); o sea, que sí­. Es una trampilla comprensible de todos los currí­culos. Por ejemplo, en las biografí­as de tapa del señor Espada, éste aparece como colaborador habitual de El Paí­s y, en concreto, lo era de El Paí­s (Edición Catalunya), que no es lo mismo.

Sigamos. El “nunca ocupó ningún puesto en Singapur” del primer libelo se ha transformado en “profesor visitante de la National University of Singapore”; ay, que sí­ hubo un puesto. El verbo autoexiliar, claro, es una hipérbole para hablar de los problemas que tuvo con la administración del PP y que serí­a inaceptable si fuera un currí­culum cientí­fico pero, como ministro y candidato, ya no es un actor institucional, sino polí­tico (es un blog de candidato) y el relato de enfrentamiento con el partido rival quiere tener un tono de contienda polí­tica.  

Sigamos. Sobre Erwin Neher y Bert Sakmann. El “es mentira. Estos cientí­ficos estaban en el mismo instituto, pero nunca trabajó con ellos. Preguntados sobre esto, ambos han confesado que ni siquiera le conocí­an en aquel entonces” se corroborra en “no hay rastros de su trabajo con Erwin Neher y Bert Sakmann”. Bien, ¿por qué deberí­a haberlos. Soria dice que “en Alemania comencé mi formación investigadora (1979-1980) junto a los profesores Erwin Neher y Bert Sakmann (Premio Nobel de Medicina en 1991)”. La trampilla de Soria, tí­pica de los currí­culos, está en la locución. Según la RAE, ‘junto a‘ quiere decir ‘cerca de’ y no se dice ‘junto con’, que quiere decir ‘en compañí­a de, en colaboración con’. Soria no dice que trabajara con ellos, sino que estaba allí­ en formación, es decir, que era alumno donde ellos daban clase. En mi currí­culum, por ejemplo, digo que recibí­ clase de literatura de Fernando Valls porque es un tipo conocido y respetado; evidentemente, no he escrito nada con él y es absurdo que alguien le pregunte por mí­. Sobre todo, porque me he cortado el pelo.

Y la medalla. Del inquisidor “es mentira, no ha recibido tal medalla sino uno de los premios de bajo nivel que la Real Academia de Medicina concede a trabajos en la etapa juvenil”  pasamos al aún más contundente ”no existe la medalla de oro de la Real Academia de Medicina”. Y punto pelota. En la edición impresa de hoy, H. Fernández y J. Núñez descubren el secreto: “El secretario de la Real Academia de Medicina, Juan Jiménez Collado, admite que cuando se designa a alguien como ‘académico correspondiente’ [que es el caso de Soria] se le concede tal medalla. Soria fue designado [academico] en 1988 pero no tiene la medalla como mérito de una investigación”. Vaya, resulta que sí­ existe la medalla (se usa el verbo admitir como si fuera un talego de costo) y que Soria, en tanto que académico, la tiene, aunque no sea con la banda púrpura.

La clave de todo la escriben H. Fernández y J. Núñez en la edición impresa de hoy: “en su defensa, el ministro no presenta pruebas de que las acusaciones son falsas, sino que se escuda ‘en la presunción de inocencia'”. Ahí­ esta. El que acusa no tiene que probar, sino el acusado; ¡qué cosa tan idiota la presunción de inocencia!

Por supuesto, el titular de portada de El Mundo de hoy (el que se lee en las tertulias) es

El ministro de Sanidad falseó su currí­culum atribuyéndose honores y un cargo que no tuvo

Soria no recibió la inexistente medalla de oro de la Real Academia de Medicina ni fue decano de Alicante

Ojo, recordemos lo que en el texto se dice de la “inexistente medalla” del subtí­tulo: ”El secretario de la Real Academia de Medicina, Juan Jiménez Collado, admite que cuando se designa a alguien como ‘académico correspondiente’ [que es el caso de Soria] se le concede tal medalla”. Existe o no existe. A ver si estaba dentro de la mochila de Vallecas o del Skoda Fabia. Espada ya puede escribir un libro a cuatro manos con Luis del Pino. La verdad está ahí­ fuera. Tiririrí­.

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