Tant se m’en fot

Si yo fuera el asesor de Artur Mas, le dirí­a que tratara de cerrar un acuerdo con Pepe Blanco y José Antonio Alonso para apoyar a Zapatero, al menos, en la primera parte de la legislatura. Serí­a un acuerdo con de tres a cinco puntos accesibles y poco costosos pero bien definidos basados en la inversión del Estado en Catalunya y la proyección de las empresas catalanas en el Estado y para cuya escenificación elegirí­a un escenario simbólico como el Monasterio de los Capuchinos de Sarrií . El mensaje a trasladar (lo que hay que decir para que salga en la tele) es: a nosotros no nos interesa el Govern, sino Catalunya, donde lo más importante es que se recupere el pulso económico y social. La construcción nacional necesita hechos y palabras (el lema de Montilla fue ‘Fets i no paraules’) porque, cuando se juntan los hechos y las palabras surgen los proyectos. Catalunya lleva años sin proyecto navegando entre aventuras, farsas y miedos. Catalunya necesita un proyecto. (coda interna) Y, para conseguirlo, es necesario un partido que no tenga hipotecas en Madrid, sobre todo hipotecas subprime, como el PSC del señor Montilla.  

El grupo dirigente liderado por Mas logra protagonismo y, quizá, salvarse del seguro relevo porque:

  • recupera un protagonismo para Catalunya que, a dí­a de hoy, se da por perdido en beneficio del Paí­s Vasco.
  • recupera un protagonismo interno ante una sociedad civil catalana convencida de la inevitabilidad del PSC
  • recupera la iniciativa polí­tica porque lo peor que le puede pasar a CiU es que Catalunya caiga en la indiferencia. Del catalí  emprenyat al catalí  tant se m’en fot.  

Hace años, un polí­tico fue preguntado por la cantidad de gente que salí­a a manifestarse contra el gobierno. ¿Está usted preocupado?, dijo el periodista; no, respondió el polí­tico, siempre son más los que se quedan en casa. Semanas después, el partido del polí­tico perdió un proceso electoral pero lo hizo por muy poco, mucho menos de lo esperado después de la profusión de actos en contra de su gestión. Esa derrota dulce provocó que el grupo dirigente de su partido, cada vez más reducido, se confiara despreciando todos los actos en contra de su gestión. El polí­tico era Aznar.

He recordado la frase leyendo medios catalanes tras las elecciones. ¿Dónde está el ‘catalí  emprenyat’ de la multitudinaria manifestación?, se dijo. Cuando alguien va a una concentración o a un acto deportivo o a un concierto o a una aglomeración (desconozco el funcionamiento de las orgí­as) el calor de la multitud provoca la sensación de invencibilidad metoní­mica, aquí­ estamos todos, y un fuerte subidón; también, de imbecilidad e impunidad, por eso pueden darse comportamientos violentos, aunque mucho menos de lo que parece. La sensación de que ‘aquí­ no falta nadie’ provoca olvidarse de toda la gente que ha elegido ir al campo, al cine o quedarse en su casa y, cómo no, sorpresas posteriores, como las de esos medios catalanes. 

Miremos los resultados electorales:

resultados

¿Qué esperaban que hiciera el catalí  emprenyat?, ¿apoyar opciones nacionalistas o soberanistas o, simplemente, no apoyar al PSC? El problema es de polí­tica básica. CiU (el Carod-Rovira Flying Circus es caso aparte) está en un callejón sin salida. No tiene posibilidades de pactos para alcanzar cuotas de gobierno y, como los partidos son instituciones para el acceso al poder de los grupos sociales, éstos buscan otras opciones o desisten (ojo a la abstención). El ‘catalí  emprenyat’, definido por el maestro Juliana, es un modelo a la contra que sirve para una movilización hasta cierto punto y que, hasta cierto punto, puede volverse en contra, como en la movilización contra el PP. Hace falta relato. Ojo, es el problema del PSC: su motor fue el antipujolismo y es el antiPP; fuera de eso, nada. CiU puede elegir entre seguir jugando a la contra buscando captar otros espacios en negativo pero necesita ofrecer un proyecto, un relato, ¿qué hay en la Casa Gran del Catalanisme?. La peor lectura es que Catalunya está cayendo en la indiferencia, en el tant se m’en fot. 

PD: Tal cosa no sucederá porque, cuando un polí­tico español está a punto de pegarse un tiro en un pie, siempre viene otro que le avisa de que la pistola no tiene balas y, para demostrarlo, se dispara en la sien.

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