Resaca

Siempre hay un día después, en el que hay dos trampas: no ha cambiado nada y ha cambiado todo.

La primera es una opción infantil y parece la elegida por el Gobierno, asumiendo el posicionamiento de su prensa (ayer, ABC y La Razón relegaban la noticia de la Diada en sus páginas). “Defendemos a la mayoría silenciosa”, ha dicho la vicepresidenta. Es un concepto parecido a “mucha gente” o “se sabe” y que sirve tanto para ningunear algo que da miedo, como para defender una opinión personal, la que sea o la contraria, o cualquier leyenda urbana, como que los móviles explotan si se juega durante la carga. Es algo que no sirve. En seis meses, el silencio de Rajoy ha convertido a Mas en alguien que se cree Luther King.

La segunda es una opción adolescente. Nada es tan extraordinario y, si lo es, lo sabrán dentro de cuarenta años. Pensar que uno está haciendo la historia es pensamiento Jersey Shore: esto es muy grande, tío. La historia es un análisis, no una vivencia. Los marxistas sabemos que las movilizaciones de masas dan trempera. La cuestión es qué se hace con ella. Puede acabar en algo productivo, en diletante onanismo o, si no se le da salida, en un doloroso priapismo. Ojo con esto último. Es algo sabido que, durante la erección, el pene le resta sangre al cerebro. El Govern intentará poner la nave camino de Ítaca, pero será complicado; hay mucha energía en el ambiente.

Y quedamos los pingüinos, que es como se llamaba en Yugoslavia a los que no ponían su nacionalidad en el documento de identidad y se definían como yugoslavos. No llegaban al 10% y así fue todo. Gente que no nos inquieta la pluralidad, que no pensamos en el cambio como una amenaza porque todo evoluciona, gente que buscamos puentes.
Ayer, hubo un puente, con sello liberal (José María Lassalle es el único liberal en la villa de Madrid): el anuncio del nombramiento de Matabosch, director artístico del Liceu, como nuevo director del Teatro Real de Madrid. Otro puente sería llamarlo Joan, que es como se llama. Por alguna razón, a muchos hispanohablantes no les cuesta pronunciar Schwarzenberg o Schweinsteiger, pero Josep-LLuís o Jordi son una cuesta arriba.

Los puentes unen dos orillas y atraviesan algo que, en este caso, son muchos años de incomprensiones, de ridiculización del castellano en TV3 y de “polaco el que no bote” en Madrid. Si Catalunya dice “antes sola que española” es porque hubo alguien que dijo “antes alemana que catalana”. Conviene pensarlo, hacer autocrítica y tender puentes. Si es que estamos a tiempo, que no lo sé.

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