Reformas estructurales IV

El pasado sábado, El Economista publicaba la siguiente información de Antonio León sobre las ayudas de las instituciones públicas (o semi) de crédito al sector financiero comparándolas con las que solicitan otros sectores.

Bruselas aprobó el miércoles pasado los subsidios concedidos por Alemania para rescatar y reestructurar Sachsen LB, uno de los bancos regionales que el pasado verano se quedaron sin aire no por el calor, sino ví­ctimas de la crisis financiera. En diciembre, la Comisión Europea bendijo las ayudas de Londres para rescatar Northern Rock y ahora investiga las ayudas a la reestructuración de esta misma entidad. En abril, aprobó la intervención para rescatar otro banco regional alemán: West LB. Y desde febrero investiga las ayudas a otra entidad germana: IKB.

Medio millar escaso de pescadores, por su parte, convirtieron en un campo de batalla las inmediaciones de la sede de la Comisión Europea en Bruselas, no porque el Ejecutivo comunitario les niegue todo tipo de ayudas. sino porque no les concede
las que ellos quieren: bajadas en el IVA y en los impuestos especiales que gravan el gasóleo. Bruselas les ofrece la oportunidad de pedir a sus respectivos estados  ayudas de rescate y a la reestructuración. Pero no las quieren porque el precio que pagar es el desguace de más barcos. Y ésa es exactamente la contrapartida que deben ofrecer.

(…)

Bruselas reclamó en marzo que Northern Rock menguara. “No pedimos despidos”, puntualizó un portavoz comunitario para evitar una nueva oleada de impopularidad en la UE. en general. y de euroescepticismo en las lslas Británicas. en particular. Pero el mensaje lo captaron alto y claro los responsables de la entidad británica. El18 de marzo, Northern Rock anunció que recortarí­a entre 2.000 y 2.500 puestos de trabajo entre este aiio y 2011. Lo que equivale a un tercio de la que por entonces aún era su plantilla de 6.500 empleados.

Desde hace décadas, las instituciones internacionales vinculan las ayudas de dinero público, dinero de los impuestos, al cumplimiento de ciertas normas privadas. Tales normas, privatizaciones, recortes sociales, despidos, libertas de capital o eliminación de controles exteriores e interiores, quedaron resumidas en el consenso de Washington.  

Pero es arbitrario. Estas medidas no han logrado hacer funcionar ninguna economí­a. Sí­ han conseguido en casos concretos reducir le hiperinflación o detener la devaluación de la moneda, fenómenos habitualmente provocados previamente por las propias instituciones, pero nunca han conseguido crear una economí­a con sistema productivo propio con capacidad de competir y consumo interno fuerte de una sociedad cohesionada. Pero es arbitrario porque las ayudas podrí­an haberse ligado a otra serie de criterios como el de población alfabetizada o creación de empresas nacionales.

Quizá sí­ sea el momento de hacer reformas estructurales y desligar las ayudas internacionales de consenso de Washington para ajustarlas a conceptos como reducción de la pobreza extrema, el desempleo o la dependencia exterior (en lugar de aumentar estos conceptos), desarrollo de la democracia, de la sindicación y de la organización empresarial, del respeto por los derechos individuales o, si queremos unirnos a la ola en formación, el respeto al medio ambiente y la igualdad.

Lo que sea porque, si no, China acabara aplicando el consenso de Washington a los consensuadores.

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