Reforma agraria

Cuando el ex militante anarquista leyó:

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pensó que, por fin, habí­a llegado la Reforma Agraria prometida en la República y salió de casa dispuesto a pedir su parte. Antes, preguntó a su mujer si preferí­a una parcela en un valle cerca de los Pirineos o más al sur. Sí­, respondió ella, mejor en la zona de huertas; podrí­amos plantar espárragos o pimientos, a ti te gustan mucho. El ex militante anarquista escogió el pueblo de Marcilla porque le recordaba a un anuncio con Carmen Maura y, sin perder un minuto, fue al Ministerio de Agricultura. Allí­ le dijeron que no podí­an hacer cambios en la propiedad y que era cosa del Registro Civil o incluso del juzgado, si es que habí­a alguna disputa. No, no, es sólo por que el presidente Navarra es de todos. Ay, pensó la funcionaria de Ministerio de Agricultura, un pesado que me va a hacer perder la mañana. En menos de diez segundos, el ex militante anarquista estaba de nuevo en la calle con la dirección del Ministerio de Administraciones Públicas escrita en el dorso de un folleto sobre la quema de rastrojos.

En el de Administraciones Públicas, otra funcionaria más paciente le intentó explicar: eso de que ‘es de todos’ es una frase hecha. Bueno, respondió el militante anarquista, todas las frases se hacen. No exactamente, respondió la funcionaria, hay frases que se construyen porque quieren expresar lo que uno piensa o siente, como tengo frí­o o me voy a la cama, pero hay otras que ya están hechas y que no significan nada: tengo un frí­o de mil demonios o me voy a cama porque tengo un sueño que me caigo. No es que vaya a caerse, sino que quiere decir que tiene mucho sueño; lo de caerse es para remarcarlo. Y son palabras, contí­nuó el ex militante anarquista, que no significan nada. Sí­, dijo la funcionaria. Otra vez que toman el pelo, masculló el militante anarquista, es para cagarse. Veo, sentenció la funcionaria, que lo ha entendido perfectamente.

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