Primarias

El Cádiz tuvo un presidente que era un fenómeno, Manuel Irigoyen. Este señor fue capaz de impedir durante muchos años el descenso de su equipo con, incluso, cambios sobre la marcha del sistema de competición, como el famoso (o mí­tico) play-off que acabó con el Racing (5º por la cola tras la liga regular) en Segunda y el Cádiz (penúltimo tras la liga regular) en Primera. La clave del éxito de Irigoyen era el cambio: cada año una propuesta según fueran las circunstancias. El Mundo amaneció ayer deslumbrado por las Primarias y hoy sigue. El periodista Ramí­rez lleva semanas, desde que Rajoy resucitó tras las elecciones, pidiendo ‘mecanismos de democracia interna’ porque el sistema que hay actualmente cierra el paso a su apuesta, Esperanza Aguirre (aunque el sistema sirviera a Aguirre para triturar a Gallardón en el PP de Madrid). La solución son las Primarias; que cualquiera pueda presentarse sin necesidad de avales ni apoyo de las baroní­as. Campo abierto. Como en Estados Unidos, dicen, sin tener en cuenta que los partidos polí­ticos aquí­ y állí­ sólo se parecen en el nombre de pila y que lo que hoy puede ser fantástico porque nos beneficia, mañana puede ser una pesadilla.

En Estados Unidos, los partidos polí­ticos son plataformas electorales. No es que haya diferencias como las que puede haber entre el PSC y el PSOE de Andalucí­a o Gallardón o Aguirre, sino convivencia de cosas incomprensibles e incompatibles: el Partido Demócrata fue durante décadas el partido de los negros en las ciudades del Norte (porque era el partido más cercano a los sindicatos) y de la segregación racial en el Sur (porque habí­a sido el partido de la Confederación). Estados Unidos tiene un sistema heredado de lo que se llamó ‘espí­ritu de la frontera’: no hay grandes estructuras nacionales/estatales, sino un profundo individualismo. Cualquier persona con ganas de entrar en polí­tica busca el partido que mejor se adapte a su pensamiento/intereses y se postula para un cargo frente a otros como él. El recorrido suele ser: presentación en sociedad, recolección de dinero, elaboración de equipo, recolección de dinero, formulación del programa, recolección de dinero y, por último, gasto del dinero en la campaña electoral. Obsérvese que el dinero es una barrera para frikis y aventureros similar a la de los avales en el PP. El ganador de la campaña, crea una administración que es la suya, no la del partido. Ahora no hay un gobierno republicano, sino la administración Bush. Llegue McCain, Obama o Clinton, habrá un cambio.

En la polí­tica española, existen los partidos. Y se dividen en tres partes. Hay una difusa base de militantes o simpatizantes, una estructura intermedia consolidada con grupos de poder e influencia procedentes bien de la militancia activa, bien de grupos afines externos, y el grupo dirigente que procede del anterior y cuya pervivencia depende de lograr cuotas de poder en las elecciones. Si el lí­der o el grupo dirigente es elegido por la base sin establecer pactos con el grupo intermedio (o parte de él), la cosa se pone jodida (se lo digo yo, que soy de IU). Un ejemplo. Borrell fue elegido mediante un sistema democrático puro (primarias) sin tener apoyos ni en el grupo dirigente ni en el intermedio. Y se lo cargaron. ZP fue elegido mediante un sistema pseudodemocrático que le garantizaba tener algunos apoyos. Y sobrevivió. Cualquier lí­der tiene que ser elegido por algún sistema (las sucesiones a dedo nunca funcionan) pero el sistema tiene que ser consecuente con las caracterí­sticas propias; no importar las cosas a lo bruto. Si el PP opta por las primarias a pelo no sabe dónde se mete.  

PD: Y todo son preguntas. ¿Qué se elige por Primarias, el candidato o el presidente del partido?, ¿y el candidato podrá hacer su equipo y sus listas en todas las provincias sin contar con los grupos dirigentes del partido o se encontrará con un Grupo Parlamentario que no controla ni conoce? ¿Hasta dónde deben llegar las Primarias?, ¿presidentes autonómicos?, ¿alcaldes? Y siguen sin secretario general.

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