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Emili Blasco toma prestada para ABC una información publicada ayer por Rafael Ramos en La Vanguardia.

La de Rafael Ramos:

La crisis financiera complica los planes del primer ministro de Escocia para independizar el paí­s

Salmond poní­a como modelos a Islandia, ahora en bancarrota, y a Irlanda, que ha entrado en recesión

La crisis financiera ha complicado los planes del primer ministro Alex Salmond para la independencia de Escocia. Primero, porque los contribuyentes ingleses han tenido que rescatar con sus impuestos al Royal Bank of Scotland, una de las grandes instituciones del paí­s. Y, segundo, porque el argumento de que los escoceses podrí­an sobrevivir en el mundo globalizadio es más difí­cil de sostener cuando han hecho falta soluciones conjuntas para evitar el hundimiento de las economí­as.

“Queremos ser el mejor paí­s pequeño de Europa”, fue el eslogan de Salmond en las elecciones que le llevaron al poder hace algo más de año y medio, mientras pedí­a que Escocia se incorporase a lo que llamaba el arco de la prosperidad,integrado por otros paí­ses de similar población del norte de Europa, con Islandia, Irlanda y Noruega como principales representantes. De ellos, el primero está en bancarrota, el segundo en recesión, y tan sólo los noruegos se salvan gracias al petróleo.

Salmond ha sido hasta ahora el Ronald Reagan escocés, un polí­tico con el que se puede estar o no de acuerdo, pero cuyo optimismo resulta contagioso y da la impresión de saber a dónde va. En vista de su raquí­tica mayorí­a en el parlamento de Holyrood (tan sólo de un escaño), ha renunciado en la práctica a todo programa legislativo, e introducido únicamente cinco proyectos de ley, de los cuales uno es para la celebración de los Juegos de la Commonwealth en Glasgow, otro para la reforma del Consejo de las Artes, y un tercero para la elaboración de un Registro de Tartanes (los tí­picos tejidos escoceses a cuadros que representan a los distintos clanes históricos). Para la aprobación de los presupuestos ha necesitado el apoyo de los tories, a cambio de un aumento de la dotación para la policí­a.

Pero a pesar de ello el gobierno del SNP ha cambiado muchas cosas en dieciséis meses, volviendo a abrir hospitales que el Labour habí­a cerrado, reduciendo el coste de las medicinas, congelando los impuestos municipales, suprimiendo peajes, recortando la población penitenciaria, o haciendo gratuito el transporte para los jubilados, medidas en muchos casos populistas que ha aplicado por decreto gubernamental, consciente de que la oposición no se atreverí­a a ponerlas en juicio. En cambio ha tenido que aparcar los proyectos más ambiciosos y caros, como la reducción de las clases de primaria.

“Los votantes saben que un gobierno no puede hacerlo todo, y menos como nosotros sin mayorí­a absoluta -dice en la Bute House de Edimburgo, residencia oficial del primer ministro escocés en Charlotte Square, mientras analiza casi un año y medio de gestión que ha hecho aumentar notablemente su popularidad-. Lo importante es que la gente te quiera, porque entonces lo entiende y lo perdona todo. Pero si no te quiere, hasta lo que haces bien se vuelve en tu contra, como le pasa a Gordon Brown”.

Cree que “es posible ganar” el referéndum del 2010 sobre la independencia, aunque la economí­a hace mucho más improbable que sus compatriotas estén dispuestos a aventuras. Según las últimas encuestas, realizadas antes del colapso de los bancos, un 31% se declaraba a favor, y un 43%, en contra.

Pero la estrategia de Salmond es a largo plazo. Por el momento, está demostrando que el gobierno del SNP es competente y defiende los intereses de los escoceses, y está seguro de que algún dí­a los astros se alinearán de manera favorable a la independencia del paí­s, tal vez con un gobierno tory en Westminster que se rebele contra el nacionalismo y siembre la semilla de la destrucción del Reino Unido. Mientras tanto, piensa culpar a Londres de las penurias de la crisis, y ha pedido mil quinientos millones de euros para Escocia, a sabiendas de que Gordon Brown le va decir que ni hablar.

La de Emili Blasco:

La crisis financiera arruina el sueño de los independentistas escoceses

La crisis económica ha helado la efervescencia independentista del Partido Nacional Escocés (SNP), que gobierna en Escocia. Sus orgullos financieros, el Royal Bank of Scotland (RBS) y el Halifax Bank of Scotland (HBOS), dos de los principales bancos británicos, han necesitado ser rescatados por el Gobierno de Westminster a un precio que no podrí­a haber sido pagado por un Estado escocés. E Islandia, el paí­s cuya prosperidad los independentistas invocaban como ejemplo, está en la bancarrota.

El temor a un futuro económico incierto está recortando las alas del independentismo y podrí­a aguar definitivamente los planes de Alex Salmond, lí­der del SNP y jefe del Ejecutivo autonómico escocés, de convocar un referéndum sobre la independencia en 2010.

«Las familias escocesas, los bancos y los negocios de Escocia están mucho más seguros formando parte de la cuarta mayor economí­a del mundo que si Escocia se separa del Reino Unido», alegan los laboristas, desbancados del Gobierno autonómico en mayo de 2007. El temor a un futuro económico incierto está recortando las alas del independentismo y podrí­a aguar definitivamente los planes de Alex Salmond

Islandia, por ejemplo

Irónicamente Salmond a menudo ha puesto a Islandia como ejemplo de pequeño paí­s que puede tener una economí­a sostenible y ha situado una Escocia independiente en el «arco de prosperidad» formado por los paí­ses escandinavos, Islandia e Irlanda.

Con este último paí­s en recesión, la invitación de Salmond serí­a para integrarse en un «arco de insolvencia», según Lindsay Roy, candidato laborista en las elecciones que habrá el próximo mes en la circunscripción electoral de Glenrothes para cubrir un escaño vacante en la Cámara de los Comunes. Esos comicios serán un buen termómetro para conocer si la expansión del SNP tiene freno.

Para Dough McWilliams, responsable del Centro para la Investigación en Economí­a y Negocios, una de las cosas que habí­an creado autoconfianza en los sectores independentistas era que Escocia era sede de dos de los principales bancos británicos. «Ahora Edimburgo ha demostrado ser un centro financiero mucho más dependiente que lo que se creí­a. El rescate público de los bancos escoceses es de una cuantí­a similar al PIB de Escocia, lo que habrí­a hecho muy difí­cil que el Gobierno escocés lo hubiera podido afrontar», declaró McWilliams a «The Daily Telegraph». Los enemigos polí­ticos de Salmond recuerdan que en el pasado éste trabajó como economista para el RBS, lo que tendrí­a que estar dándole suficiente conciencia de la gravedad de la crisis. Esta, además, ha supuesto la compra del HBOS por parte del Lloyds; lo que podrí­a llevar al desmantelamiento de los cuarteles generales del HBOS en Escocia. Más que la independencia, la preocupación ahora de Salmond es impedir que esto último suceda.

Sobre todo, ambos textos coinciden en las tramas. Ramos dice: “los contribuyentes ingleses han tenido que rescatar con sus impuestos al Royal Bank of Scotland”. Reconozco que no tengo muchos datos sobre el sistema impositivo del RU pero sospecho que los escoceses no están exentos de pagar impuestos. La afirmación de Blasco de que “han necesitado ser rescatados por el Gobierno de Westminster a un precio que no podrí­a haber sido pagado por un Estado escocés” precisarí­a algún dato más que sólo se nos da en el último párrafo, el PIB de Escocia, pero sin tener en cuenta que RBS o a Hallifax no son bancos  escoceses pese al nombre, lo mismo que el Santander no es un banco cántabro, sino británicos y, en el supuesto de que hubiera necesitado rescate, habrí­a sido multinacional, lo mismo que los de Fortis o Dexia. Ambos, entre lí­neas, dicen lo más importante, una decisión tan importante como la independencia depende de la coyuntura económica en la que se celebre el referéndum.

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