Permisividad

¿Por qué aguanta la gente de Catalunya que todo funcione mal? Por la Ley de Windows: la permisividad sobre el mal funcionamiento de algo es inversamente proporcional a su popularidad y al tamaño de la empresa fabricante/distribuidora. Si la lavadora se colgara tantas veces como Windows, la gente lavarí­a en el rí­o pero, bueno, como todo el mundo tiene Windows y, en fin, como Microsoft es tan grande y, además, como los ordenadores son tan complicados… 

Lo primero: el daño es colectivo. No es cierto que mal de muchos consuelo de tontos y sí­ que mal de muchos, consuelo de todos. Lo peor de un problema que afecte a un grupo reducido es soportar con cara de tonto la cara de listo del resto. Yo no tengo, luz, pero el vecino, tampoco; el mal es menos porque no tengo que explicar a toda la escalera porqué soy el tonto que no tiene luz. Segundo: porque el suministrador es muy grande: Renfe, Endesa, Aena. Empresas que fueron públicas (fueron Estado) y que, en la mente colectiva, es posible que no hayan dejado de serlo. Si, en lugar de Endesa dejar sin luz a cientos de miles de personas, un solo tipo se hubiera quedado sin luz por unas obras del vecino de al lado, con el que, incluso, jugaba la partida, hubiera habido bronca o algo más. Por menos se mata la gente a azadones donde yo nací­. Bueno, ya menos, pero la frase queda bien.

Otros ejemplos; por supuesto, capciosos:

No entrarí­amos en Confecciones Mari Juli si Mari Juli tuviera toda la ropa tirada porque pensarí­amos que Mari Juli es una guarra y a ver cómo tendrá la ropa pero sí­ lo hacemos en Zara. Tampoco entrarí­amos en Confecciones Mari Juli si Mari Juli no nos diera conversación ni siquiera a la hora de pagar, no nos dijera si tal cosa nos queda bien o mal o nos mirara con cara de Desafí­o total al preguntar por una talla más pero sí­ lo hacemos en Zara.

Situémonos en el Mercado. El tipo de la pollerí­a nos pregunta que qué nos parece el género. Bien, contestamos, gracias. El tipo sale del mostrador y nos mete en el carrito: dos kilos de pechugas deshuesadas, uno de alitas, otro de muslitos y doce filetes carne picada. Después, nos abre el monedero y nos coge el dinero correspondiente. Oiga, que yo no le he pedido nada. Demuéstrelo, dice. Cambien al pollero por Movistar.

Hace varias décadas, varios millones de personas fueron conducidas a la muerte ordenadamente sin excesivos problemas de orden público. ¿El secreto? Que todo estaba en manos del Estado, del Estado alemán, concretamente, y del estado uno siempre se fí­a, sobre todo, si es centroeuropeo. Con este ejemplo, entramos en la Ley de Godwin que afirma que tan pronto como se haga una comparación con los nazis el hilo se cierra y quien quiera que los haya mencionado pierde automáticamente la discusión. En fin.

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