Periodismo I (descrédito)

La Asociación de la Prensa de Madrid pensó que esto era normal:

suárez

Y esto:

apm

y esto, también:

Laura Vega no pudo impedir que un medio de comunicación se «colara» en su habitación en la Unidad de Daños Cerebrales de una clí­nica de Madrid para tomar fotografí­as de su estado fí­sico. No lo pudo impedir porque está en estado vegetativo, en coma, desde el 11-M. Laura no pudo, por tanto, pedir a los representantes de «El Mundo» que abandonaran su habitación, que respetaran su intimidad y su voluntad de no querer salir en ningún papel. Desde aquella fecha, Laura depende de dos enfermeras y de su familia las veinticuatro horas del dí­a.

Ayer, en el Tribunal, su hermano denunció los hechos. El pasado 11 de marzo, con motivo del tercer aniversario de la matanza, «El Mundo» sacó, sin su consentimiento y en un amplio reportaje, dos fotos de Laura «en su situación actual» y «aportaba datos y valoraciones sobre ella y mi familia que no se correspondí­an con la realidad», según el testimonio de su hermano. El dí­a del reportaje dos periodistas se habí­an colado en el hospital asegurando al director del centro que querí­an hacer un trabajo sobre las Unidades de Daños Cerebrales de España. Cuando la información, que evidentemente no respondí­a a lo que «El Mundo» habí­a dicho, se publicó, el hermano de Laura se puso en contacto con la periodista que la firmaba y la explicación que ésta le dio, según el entorno del joven, es que Laura «era un personaje público». (Publicado en ABC).

Pero que un humorista haga humor

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=m3aXO2pNH14[/youtube]

es una cosa muy grave para la Asociación de la Prensa de Madrid. El problema para la Asoación de la Prensa son los humoristas. Entre bueyes no hay cornadas; ni, entre cabestros, enculadas, añadí­a el castizo.

El presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, Fernando González Urbaneja, dice algo insólito en su comunicado:

Wyoming será un ‘show-man’ pero la gente percibe que toda la televisión está hecha por periodistas

¿Escenas de matrimonio?, ¿Muchachada nuí­?, ¿El dí­a del Señor?, ¿qué televisión ve Urbaneja?

Wyoming también dice algo insólito:

No soy periodista en ningún caso. Periodista es un oficio, es una profesión.

No, mentira, profesión es una categorí­a sociológica que define una ocupación en la que hay unos estudios reglados, una puerta de entrada, un cuerpo de buenas prácticas y una institución capaz de decretar la expulsión en el caso de que éstas se incumplan. Abogado, ingeniero o médico son profesiones. Un oficio es otra categorí­a sociológica que define una ocupación en la que, aunque no haya unos estudios reglados, también hay un código de buenas prácticas que puede ser denunciado ante instituciones internas o externas. Electricista, cerrajero o teleoperador son oficios. Es decir, los familiares de Laura Vega, en coma cerebral por el atentado del 11-M, pueden denunciar al médico o a las enfermeras que atienden a su familiar ante los respectivos colegios y, si un tipo les arregla mal la lavadora o el director de su sucursal les carga una comisión de más, pueden ir a Consumidores. Sin embargo, no hay ningún sitio donde denunciar al periodista de El Mundo que se cuela en la habitación de su familar para hacer fotos.

El periodismo se desprestigia solo y se suicida solo. Si no se trata de explicar las cosas, sino de derribar al gobierno o apoyarlo, difundir ví­deos o informes filtrados o colarse en las habitaciones de los enfermos, es algo que puede hacer cualquiera. Y cualquiera lo está haciendo.

PD: Escribe hoy Enric González:

Los gobiernos, las instituciones, los medios de comunicación convencionales, sufren una tremenda hemorragia de credibilidad. No hablamos solamente del poder polí­tico y de la prensa, o las grandes empresas industriales y financieras: hablamos también de algo tan básico como la escuela. Incluso el prestigio del conocimiento como instrumento de progreso muestra signos de deterioro. Cosas como la falsa bronca a una becaria de La Sexta y su desafortunada utilización en Intereconomí­a son una simple anécdota, significativa, pero anécdota, en un contexto inquietante: conceptos como verdad y mentira se relativizan.

Mientras la comunicación pública y los canales formativos e informativos tradicionales, que han funcionado como pilares de la sociedad moderna, pierden prestigio y, por tanto, utilidad, surge una nueva fe en la comunicación privada. Ahí­ está el éxito de Facebook y similares. O el nuevo servicio de Google que informa al usuario, al momento y de forma bastante precisa, sobre la localización de sus amigos. En cierta forma, estamos llevando lo privado hacia el terreno que solí­a ocupar lo público, y lo público tiende a desplazarse hacia la irrelevancia. Empieza a concretarse algo parecido a un tribalismo posmoderno.

Lo privado hacia el terreno que solí­a ocupar lo público. ¿Queda alguien que no haya salido en la tele?

Deje un comentario