No puede ser

No puede ser que varios medios de comunicación insinúen sin pruebas que el Gobierno o las fuerzas de seguridad facilitaron o permitieron el mayor atentado de nuestra historia. No puede ser que se insulte casi diariamente a personas que ocupan instituciones del Estado como la Familia Real o el Gobierno, incluido su Presidente. No puede ser que los cargos públicos sean abucheados en actos institucionales, como entierros u homenajes, que no tienen que ver con la actuación polí­tica. No puede ser que el principal partido de la oposición no pueda ofrecer mí­tines en ciertas zonas del Estado. No puede ser que haya representantes públicos que reciban amenazas, insultos o pintadas en su casa. No puede ser que todo lo anterior sea minimizado o maximizado a conveniencia por los partidos o los medios de comunicación.

No puede ser que el principal partido de la oposición cuestione continuamente la legitimidad del Gobierno para legislar o emprender iniciativas polí­ticas. No puede ser que el partido del Gobierno cuestione continuamente las convicciones democráticas del principal partido de la oposición. No puede ser que se juegue con aislar al principal partido de la oposición. No puede ser que los partidos polí­ticos paralicen las instituciones para evitar perder cuotas de poder. No puede ser que las formaciones nacionalistas, frí­vola e irresponsablemente, presenten iniciativas sin considerar que pueden dañar la convivencia. No puede ser que otros partidos, frí­vola e irresponsablemente, respondan a los nacionalistas con otras iniciativas que también dañan la convivencia. No puede ser que se tergiversen datos e informaciones sobre temas clave como la economí­a, la polí­tica exterior o el terrorismo para conseguir minar la credibilidad del Gobierno porque la credibilidad del Gobierno, de éste, de todos, acaba siendo la del paí­s. 

No puede ser. Da igual quién haya empezado o quién tenga la culpa. Es necesaria una rectificación. Basta. (Publicado el 14 de febrero)

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