Lo indefendible

Leo en El País la noticia de que el piloto Jorge Lorenzo ha mostrado su segunda residencia en un vídeo. El chalet de 1.200 metros cuadrados es un ejercicio de ostentación, desde los vehículos del garaje a las cuatro chicas que se reparten por la piscina o el jacuzzi. La noticia dice que el personal ha protestado, el vídeo se ha retirado y el portavoz del piloto ha señalado: “No podemos pedir disculpas, es indefendible”.

Pues no es indefendible, sino que es muy defendible. Todo se lo paga él, gracias a los 14 millones de euros que ingresa de varios contratos. Discutir si una persona merece ese dinero o si el que ganase esa cantidad debería ser un científico en lugar de un deportista o dónde paga impuestos o si es oportuno mostrar esa casa son otros debates. Es su casa y la ha pagado él (y lo dice un comunista). Que sea un hortera y no tenga muchas luces es su problema.

Lo que no es defendible es otra noticia de El País.

Hacienda echa cuentas y desgrana que, por otra parte, Iñaki Urdangarin pagó personalmente cerca de 1,9 millones de euros de las obras, de los que 1,3 millones fueron para la constructora, otros 102.000 euros para cristales, 189.000 para las instalaciones y más de 240.000 para una firma de diseño.

La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin gastaron de su bolsillo, en parte con cargo a Aizoon y con distintas tarjetas, 58.000 euros en billetes de avión y de tren, entre 2006 y 2011. En restaurantes se dejaron 13.816 euros, entre 2004 y 2010. En hoteles abonaron 10.271 euros en cuatro años, mientras que los gastos en joyas, libros y música computaron un total de 8.312 euros entre 2004 y 2011.

Eso no es defendible porque no lo han pagado ellos, sino entre todos. Pero se defiende mucho. Lo hace la fiscalía, la mayoría del sistema judicial, un padre de la Constitución y la mayoría de la prensa (lo defenderá mucho La Vanguardia de Màrius Carol, excronista de la Casa Real).

En este Martes de Carnaval en el que vivimos, es indefendible que un trabajador se gaste el dinero que gana y muy defendible que una élite viva de lo robado.

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