La prensa no se cargó a Nixon; fue la democracia

El resumen español del caso Watergate es que dos periodistas reciben información filtrada y el presidente dimite. Ese relato olvida la parte central, la decisiva, la que se produce en los poderes judicial y legislativo, quizá porque es ardua, quizá porque es incomprensible para un español.

Las revelaciones de Woodward y Bernstein hicieron que un juez llamado Sirica abriera un proceso en el que comenzó a llamar a gente a declarar y este provocó la apertura de una comisión del Senado, cuyas conclusiones hicieron que la Cámara de Representantes iniciara el proceso de destitución. No fue un periódico, sino las instituciones democráticas las que se cargaron a Nixon. Miremos las fechas (y el texto) en wikipedia.

En la madrugada del 17 de junio de 1972, Frank Wills, guardia de seguridad del Complejo Watergate de edificios, advirtió que alguien había penetrado en el edificio violando los controles de entrada. Llamó a la Policía tras detectar a los intrusos y minutos después cinco hombres fueron arrestados dentro de la oficina del Comité Nacional del Partido Demócrata. Dos días después, se publicó que uno de ellos, James McCord, era el Director de seguridad del Comité para la reelección de Nixon. No sabemos si le dijo “no sabe usted con quién está hablando”. Allí, no le sirvió de mucho.

Fue el verano de Woodward y Bernstein. Revelaron, por ejemplo, que los cinco hombres habían sido contratados y pagados de manera secreta por Howard Hunt y Gordon Liddy, dos hombres vinculados al Comité de Reelección. El 15 de septiembre de 1972 los siete sospechosos (los asaltantes más Hunt y Liddy) fueron imputados por conspiración, robo y violación de las leyes federales sobre intervención de las comunicaciones, abriéndose un proceso judicial dirigido por el juez John J. Sirica. Los acusados fueron juzgados y condenados en enero de 1973, aunque la investigación continuó al haber indicios de más culpables. Seis meses. Si el Watergate lo hubiera pillado el juez del caso Pallerols, aún estaría abierto. Si el caso hubiera dependido de una Fiscalía jerárquica y vinculada al ejecutivo, es probable que hubiera encallado.

En marzo de 1973, James McCord envió una carta al juez John Sirica en la que expresaba que era presionado desde ámbitos políticos para que se autodeclarara culpable; en la carta, implicó en el caso a varios oficiales del gobierno. Este juez dispuso que el caso de espionaje pasara a una investigación de mayor nivel, en tanto se implicaba al ex procurador general John Mitchell. Enseguida, mayo de 1973, se constituyó una comisión de investigación senatorial. Bipartita, como todas, pero eso en EEUU no quiere decir nada. La dependencia del elector es demasiado fuerte.

Fue en esa comisión donde salieron las cintas, donde Nixon trató de revolverse apelando a su inmunidad o con destituciones. No le sirvió de nada. Las instituciones eran más fuertes. El 1 de marzo de 1974 el jurado del proceso entregó al juez John Sirica la lista de acusados. Las investigaciones llevadas a cabo por el FBI y después por el Comité de Watergate en el Senado, el House Judiciary Committee y la prensa revelaron que este robo en el Watergate fue solo una de las múltiples actividades ilegales autorizadas y ejecutadas por el equipo de Nixon.

El 27 de julio de 1974, la Cámara de Representantes inició un proceso de impeachment por la acusación de obstrucción a la justicia; dos días después, por abuso de poder y el 30 de julio se agregó la acusación de desacato al Congreso. El Senado El 8 de agosto de 1974, Nixon dimitió. No por la prensa, sino por las instituciones democráticas independientes. Por eso, suceda lo que suceda en España, Rajoy seguirá si le da la gana hacerlo.

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