La industria editorial no ha aprendido nada

Benjamín Prado compara su nuevo libro con una chuleta. No es el primero en usar un símil nutricional, tomates, patatas, panes o chorizos, para referirise a su obra artística. Yo, que apenas tengo obra publicada, no experimento lo mismo cuando agarro la motoazada para horadar el huerto que cuando me siento frente al ordenador para escribir un cuento, ni tengo las mismas intenciones. En el primer caso, busco que los surcos sean rectos y con la profundidad adecuada; en el relato busco emocionar y hacer pensar.

¿Por qué ese desprecio por su obra? Ah, es que hablaba de la piratería, palabra que nubla las mentes porque es un paraíso perdido y un gran arrepentimiento. Lo que nos quitaron, lo que no pudimos llegar a ser, lo que podríamos haber sido; eso que, según Richard Ford, corroe el alma.

Hoy leo que “el mercado del libro en España retrocede una década” y pienso, bueno, le saca cinco años a los presupuestos, que han retrocedido quince años. La noticia añade que “el sector editorial factura en 2012 un 10,9% menos que el año anterior y que “acumula ya cinco años de caída de las ventas”. Bueno, lo mismo que lleva la crisis, 2008-2013.

En esos cinco años, la participación de los asalariados en la Renta Nacional Bruta ha caído un 10,2%, 55.000 millones de euros. en esos años, el paro ha pasado del 8,7% al 26,2%. La renta disponible también ha caído por la subida del gasto cautivo, sanidad, educación, agua, gas, luz e impuestos, y el descenso o desaparición de cualquier tipo de ayuda. El dato de que “el libro de bolsillo es de los más afectados” es revelador.

Pero la información no da esos datos económicos. No sitúa el libro dentro del contexto económico y social del país.

En cambio, sí ofrece este otro: “El sector del libro dejó de ganar 350 millones por la piratería”. O 400, que la fuente no se pone de acuerdo. Es lo que tiene el paraíso perdido. Uno nunca sabe. 1.000 libros descargados no son 1.000 libros que se dejan de vender, ni 1.000 libros no vendidos son 1.000 libros descargados.

La industria editorial no ha aprendido nada de lo que le pasó a la música.

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