La estación del AVE Felipe González

Una foto con Felipe González. Enric Juliana sostenía hace un par de días que ese será el objetivo de Albert Rivera en 2018. Una foto para volver a encarnar el cambio, para presentarse en las elecciones de 2020 como el nuevo Macron: ni de izquierdas ni de derechas ¡España! Hay varios problemas en ese cuento de la lechera en el que, si se mira con un mínimo de interés, pueden verse las huellas frescas de los dirigentes de Podemos. Buscaron esa foto en las elecciones del 26-J y el elegido fue Zapatero, al que elogiaron sin mesura. “Es una referencia. Le consulto los temas importantes”, llegó a decir Iglesias.

El primero es que el sistema electoral español no es el francés. No se escoge un Rey Sol en una circunscripción única a dos vueltas. No habrá un duelo Rajoy-Rivera en el que el segundo pueda encarnar la renovación frente al granítico presidente, que no tiene valentía para encarar las reformas económicas, sociales y territoriales que se necesitan. Eso no sucederá. En el anterior ciclo electoral, Rajoy ni siquiera concedió un debate.

El segundo es que las primeras elecciones que se celebrarán serán autonómicas y municipales y quedan quince meses para el inicio de la campaña electoral. En ellas, se mide más la capacidad de músculo de las organizaciones que el carisma del líder. Hay que tener gente. Es algo que ya sufrió Podemos cuando muchas de sus candidaturas municipalistas se llenaron de antiguos cuadros de la agonizante Izquierda Unida. Ese músculo prestado, que le dio varios triunfos importantes, no ha terminado de asimilarse y esas costuras ya están dejándose ver. Los quince meses serán largos para los que necesitan movimientos constante.

Es probable que al bipartidismo le baste con situar el foco en las pensiones y recordar los planes privatizadores. Los jóvenes son importantes, seguro, las clases medias urbanas de cuarentaytantos, también; pero los jubilados (y su órbita gravitacional) son la masa crítica electoral. La estrella política de Manuel Pizarro se apagó cuando Pedro Solbes sacó un papel en el que defendía “tocar” las pensiones.

El PP, que sí tiene una organización, no lo pondrá fácil en esas escaramuzas territoriales. Se recordará mucho el proyecto de Ciudadanos de eliminar las Diputaciones, decisivas en la prestación de servicios fuera de las grandes ciudades y que sólo gobierna en tres ciudades medianas: Arroyomolinos y Valdemoro, en Madrid, y Mijas, en Málaga. También, pequeñas historias poco leídas en Madrid, enfrentamientos internos, dimisiones, transfugismo, etc., cobrarán importancia. Músculo. Ciudadanos debería tener en cuenta que el PP, de momento, existe. Podemos pensó que el PSOE ya no existía porque no salía en la tele.

Esa existencia define el tercer problema: la persona elegida. Felipe González tiene 75 años y, aunque sigue siendo alguien inquieto que no tiene problema en posicionarse, esa foto (de igual a igual; sin un contexto en el que FG mande) sería algo más. Puede desearla, pero esa foto, hoy, sería una traición. Considerar que el PSOE es igual a Pedro Sánchez –y que, por tanto, no es permisible atacar al todo para hundir a la parte– es una sinécdoque televisiva que puede servir para un debate o una serie, pero es improbable que sea asumida por la persona que ha sido tan referente como significado. Nadie ha sido más PSOE que Felipe. Aznar no está en esa situación. Él es el creador y no es lo mismo ser el poeta que una metáfora.

Felipe González no sería el primero que rompe consigo mismo a los 75 años, pero, más que en campaña electoral, está en los versos que Juan Luis Panero dedicó a su padre: “y las calles de Felipe González / y el colegio Felipe González”. Sí, “y la biblioteca Felipe González / y la estación del AVE Felipe González”. A pesar de toda la importancia que los años han ido acumulando en su cabeza, alguien con formación marxista conoce la diferencia entre el papel fotográfico, si es que tal cosa aún existe, y el metal de las placas donde se da nombre a los lugares.

PD: No es difícil imaginarlo en otra foto, apadrinando el gobierno entre el PSOE y Ciudadanos que no pudo concretarse en febrero de 2016. Al destino, decía Borges, le gustan las repeticiones.

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