La banda de los ex presidentes

La banda de los expresidentes de Le llaman Bodhi (1991)

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La banda de los ex presidentes, hoy

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Y un párrafo del artí­culo de Ramoneda publicado el pasado domingo:

Nadie es culpable. Pasan los meses, la crisis económica va cubriendo etapas. Y nadie se siente responsable de lo que ha ocurrido. Y menos que nadie los banqueros, financieros y empresarios que la provocaron. Hasta hoy, sólo uno de los protagonistas, el estafador Madoff, está bajo arresto domiciliario. Y sólo uno de los presuntos reguladores, el ex presidente de la reserva federal Alan Greenspan, ha insinuado una cierta autocrí­tica. Los demás, todos miran a otra parte. En el colmo del cinismo ha llegado a decirse que la culpa era de los ciudadanos que se habí­an hipotecado por encima de sus posibilidades. Que también tienen su responsabilidad, sin duda, pero en cualquier caso serí­an el último eslabón, el menos exigible, de la larga cadena.

“Moriremos ahogados en un diluvio de inocencia”, decí­a Gí¼nther Anders, después de Hiroshima. Cuando los responsables ni conocen ni reconocen los efectos de sus actos todo es posible: si no saben lo que hacen pueden hacer las peores cosas. í‰sta es la triste lección que un sector de las élites del primer mundo ha dado en estos años delirantes. Y si nadie reconoce los errores es por una razón muy simple: banqueros y polí­ticos, especialmente en Estados Unidos, han aunado esfuerzos en la construcción de este sistema sin responsables. Del mismo modo que se atacaba a Irak sin querer ni siquiera pensar los efectos del ataque, cantando victoria mucho antes de tiempo, se montaban delirantes pirámides y productos financieros sin querer pensar que llegarí­a el dí­a en que no podrí­an responder de todo ello. Ha sido la era de la inocencia.

Todos son inocentes. Son la clase exenta.

El artí­culo, sin embargo, deriva hacia una confianza en Obama que, en el último párrafo, se convierte en ultimátum a la Tierra: 

En este contexto, Obama representa la última oportunidad de una polí­tica que garantice la supervivencia de las sociedades democráticas. Si esta oportunidad fracasa, los Estados serán cada vez más Estados corporativos, marcados por el oscurantismo y la desinformación; la democracia evolucionará hacia el totalitarismo de la indiferencia, en que nadie es responsable de nada y el miedo reduce cualquier idea de espacio público; y, de vez en cuando, la polí­tica generará brotes de populismo como expresión de su impotencia.

Klaatu, barada, nikto, vamos.

Obama, más bien, es el triunfo del marketing polí­tico, del oscurantismo y la desinformación; ¿qué coño sabemos de él -se preguntaba Millás en octubre- qué coño sabemos sobre lo que va a hacer? Poca cosa, como de casi todos. Esa desinformación, como se vio en las elecciones de noviembre, no lleva necesariamente al totalitarismo de la indiferencia, ni es algo necesariamente malo, ni es la última oportunidad, ni el fin del mundo. Obama es lo que el propio Ramoneda explica un poco antes.

Con la inteligencia y el cinismo que le caracterizan, Kissinger lo ha explicado de forma ní­tida: “Todo sistema económico -y esto es especialmente cierto en la economí­a de mercado- engendra ganadores y perdedores. Si las distancias entre estas dos categorí­as se hacen demasiado profundas, los perdedores se organizan polí­ticamente e intentan refundar el sistema existente -dentro de cada paí­s y entre ellos-. í‰ste constituirá el tema principal del año próximo”. Y el primer obstáculo vendrá de una realidad nueva: el sistema económico es mundial pero el sistema polí­tico sigue fundado en las naciones y los Estados.

Obama no es la refundación del sistema, sino su reconstrucción, y no por parte de los perdedores en general, sino por parte de los que eran ganadores y la crisis (dentro de las élites occidentales, no hay ganadores en esta crisis) ha convertido en perdedores. Todo lo anterior tampoco es necesariamente malo. Aunque nunca hayamos estado entre los ganadores y estemos en contra del sistema, vivimos dentro de él; si no existe, no puede cambiarse.

PD: Otra banda de ex presidentes:

Roban banco con caretas de Kirchner, Menem y Alfonsí­n

Los tres ladrones sorprendieron a los repositores del cajero automático y se alzaron con un botí­n de 150 mil pesos. La sucursal ya habí­a sido asaltada por otra banda, pero de ex policí­as.

La historia completa, aquí­.

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