Horizonte de sucesos

Catalunya será independiente. No este año, ni el que viene. La generación que ha puesto en marcha la cohesión nacional para desactivar la bomba social no será la que dirija la transición. Puede tensar la cuerda, subir la apuesta, aún más y ofrecer alguna imagen simbólica (el presidente de la Generalitat, en prisión, por ejemplo), pero no cree en ella.

Decía La Vanguardia hace un año: “El soberanismo catalán no romperá España y puede que este canalizando pasiones reactivas que, en su ausencia, habrían tomado otras formas y contenidos. […] La situación política en Catalunya enerva los ánimos, tensa los nervios, excita las tertulias, anima las sobremesas, permite soñar en voz alta y evita que se hable de otros asuntos con equivalente pasión e intensidad”.

Catalunya será independiente y todo el mundo lo ha asumido. Todo el mundo habla del cómo y nadie, de por qué. Se discute si la mayoría en las elecciones deberían ser los votos o los escaños, o de los problemas legislativos o diplomáticos. En último termino, amenazas o insultos. La discusión intelectual está ausente. En Gran Bretaña, se acordó el cómo y la discusión se centró en por qué; por qué sí o por qué no.

Las zonas de incomunicación son cada vez más enormes y las de encuentro, limitadas. Estamos ya en un horizonte de sucesos, una hipersuperficie frontera del espacio-tiempo, donde los eventos a un lado de ella no pueden afectar a un observador situado al otro lado; qué poética es la física. Se escriba lo que se escriba, nadie escucha al otro lado. Nadie.

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