Fenz

Nueva York. Un dí­a de junio de 1950 sobre las once y media de la noche. Un coche acaba de atropellar a un hombre despistado que parecí­a haber salido de la nada. Cuando los curiosos se acercan, les llama la atención las ropas pasadas de moda. A la policí­a, tras registrarlas, le llama la atención el dinero fuera de circulación y otros elementos del siglo anterior como cartas o tarjetas de visita a nombre de Rudolf Fenz. La investigación, dirigida por Hubert Rihn, del Departamento de personas desaparecidas desemboca en un tipo con el mismo nombre que resulta ser el hijo de una persona desaparecida en 1876. Todos los datos, fotos incluidas, coinciden. Es un viajero en el tiempo; suele decirse que es el caso más documentado de toda la historia de los Expedientes X. Pero es mentira.

Chris Aubeck, investigador inglés, se preguntó porqué este caso, tan extendido en Europa e internet, apenas se conocí­a en Estados Unidos y fue tirando de un hilo que le llevó desde el libro Los enigmas pendientes de Joaquí­n Gómez Burón (1979), primera vez que aparece esta historia en España, a I’m Scared, relato de Jack Finney publicado en una revista americana, donde se explica la historia de Fenz y que constituye el origen de la leyenda urbana. ¿Problema resuelto? Para nada. La capacidad de resonancia del relato es mucho mayor que la de la investigación que tira del hilo porque ésta sólo se publica una vez, mientras que la historia del crononauta es una lluvia fina que caerá cada vez que haya otro caso extraño. Bueno, se añade, la cosa no está clara porque, se recuerda, hay muchos datos colaterales como, por ejemplo, el nombre de Hubert Rihn, del Departamento de personas desaparecidas o la viuda del hijo. Y, ay, la posibilidad de que algo tan emocionante pueda ser verdad y, claro, la verdad está ahí­ fuera.

La semana pasada se publicó la sentencia del 11-M que, como todas, dice que hay unos hechos probados y otros, no, porque hay pruebas sólidas y otras, no, así­ que hay unos acusados condenados y otros, no. Como siempre. Los medios no sensacionalistas destacaron que la sentencia acababa con la teorí­a de la conspiración porque desmontaba todos sus puntos de apoyo. ¿Fin de la historia? Para nada. La teorí­a de la conspiración puede finalizar porque sus promotores, el periodista Ramí­rez y el radiofonista Jiménez, piensen que ya no les sirve pero nunca por la realidad. Como en el caso de Fenz, el relato basado en materiales imaginados tiene mucha más capacidad de resonancia que la sentencia que describe los hechos probados porque ésta sólo se publica una vez, mientras que la historia supuesta surge cada dí­a conviertiéndose poco a poco en una leyenda urbana que no habrá quien pare porque no se pueden publicar sentencias todas las semanas. La verdad está ahí­ fuera y hay gente que ha ganado mucha pasta asustándola.

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