Es mucho mejor inventárselo todo

Las masas son el opio de las masas. Las acumulaciones de gente con un objetivo común y un movimiento más o menos coordinado tienen un efecto similar a las de las erecciones: la sangre abandona el cerebro y se concentra en otros órganos. La consecuencia es una pérdida del sentido de la realidad. En los grupos de borrachos, crece individualmente la autoestima y la percepción de que uno es más guapo, o más simpático, se desborda. En las manifestaciones políticas, también. Uno cree que todo el mundo piensa igual, que todo el mundo está obligado a escuchar o que el cambio será inmediato. Y no.

Una de las principales muestras de ausencia de percepción y desbordamiento de la autoestima es el número. Ver una riada de gente de la que formamos parte nos hace creer que somos muchos y, en algunos casos psicopatológicos, todos. Toda España está hoy aquí en Madrid, se decía cada periódicamente hace unos seis o siete años para referirse a las manifestaciones que ocupaban un trozo del Paseo de la Castellana.

Esta riada es la carrera de la ciencia que se celebró el domingo en Madrid. En total, unos 7.000, pero es probable que la foto no recoja ni a la mitad. No toma a los primeros, los que van a hacer tiempo; ni a los rezagados, que llegamos justitos a la salida porque odiamos esperar sin hacer nada.
carrera

Vamos a comparar esa foto con esta otra

12O

Según la Guardia Urbana, 6.000. La Delegación del Gobierno dijo 65.000 y los organizadores, 100.000. Incluso el primer dato me parece generoso. El espacio tiene en total 30.000 metros cuadrados. La estimación habitual (según elmanifestómetro, blog de referencia) es de una o dos personas por m2 y vemos que hay muchos huecos. Solo hay una multitud en el centro.

Pero, ¿por qué coño estamos haciendo estimaciones en el siglo XXI?, ¿no somos capaces de otra cosa? Sí, claro, pero es mejor inventárselo todo.

La empresa Lynce se fundó con la idea de aplicar la tecnología de conteo de personas a las manifestaciones y, en 2009, recibió su espaldarazo al firmar un contrato con la agencia EFE. La primera manifestación en la que se empleó su sistema de medición fue la convocada contra la ley del aborto en octubre de 2009. Gracias a cientos de fotografías, estimó la asistencia en 55.316 personas, cifra no muy alejada de la horquilla de 48.000 y 73.000, manejada por elmanifestómetro, pero sí del resto: 250.000, para la policía y 1,2 millones, para la Comunidad de Madrid. El siete de marzo se convocó otra, con idénticas diferencias. Lynce, a través de 450 fotografías, contó 9.726 asistentes. Los organizadores, medio millón.

La segunda fue la que tuvo lugar el 21 de noviembre de 2009 en Madrid, convocada por las organizaciones agrarias Asaja, COAG y UPA, para reivindicar soluciones al problema del campo. Ese día, según el cómputo de Lynce, se manifestaron entre 15.000 y 17.000 personas. El 12 de diciembre de 2009 contabilizó 32.921 personas en la manifestación convocada por UGT y CCOO bajo el lema “Que no se aprovechen de la crisis”. CCOO calculó 200.000. En 2010, los sindicatos convocaron varias manifestaciones más, con las mismas divergencias.

Ese junio, Lynce realizó 600 fotografías de la Marcha del Orgullo Gay para contabilizar 51.500 asistentes. Para los organizadores, más de un millón. Como suele ocurrir, la prensa de la derecha, que había despreciado las cifras de la empresa en las manifestaciones contra el aborto, sí dio credibilidad.

Lynce había tocado los huevos a demasiada gente ofreciendo realidad en un país que hace varios siglos decidió ser el defensor de la fe. Ofrecía industria a un país que prefería milagros.

La actual dirección de EFE, nombrada por el gobierno Rajoy, decidió romper el contrato con Lynce a finales de 2011. El 17 de febrero de 2012, la empresa anunció su cierre. Nadie derramó una lágrima. Ni siquiera la prensa más o menos razonable, como La Vanguardia, El País o Vocento (ABC es la excepción). Les daba igual prescindir de una herramienta que les había ayudado a ofrecer una información veraz, su derecho y deber. Mejor, ofrecer las estimaciones de las partes o, si es de los nuestros, inventárselo todo. Después no se quejen si no leemos, de comprar ni hablamos, sus periódicos.

El responsable de Lynce, Juan Manuel Gutiérrez, declaró tras el cierre: “el proyecto surgió de la rebeldía frente a las carencias en la información proporcionada por los medios de comunicación sobre las brutales discrepancias respecto a la cuantificación de manifestaciones urbanas. En muchos casos las cifras resultaban y resultan insultantes para cualquier inteligencia normalmente desarrollada y con cierto sentido crítico”.

¿Inteligencia normalmente desarrollada y con cierto sentido crítico? Se ha equivocado de país.

Deje un comentario