En defensa de González-Ruano

Un libro, El marqués y la esvástica, documenta el pasado infame del periodista César González-Ruano. La investigación de Garcia-Planas y Sala Rose demuestra que Ruano escribió artículos antisemitas por encargo del régimen nazi, traficó con salvoconductos y estafó a judíos que acabaron en los campos de concentración. En París, por ejemplo, ocupaba un lujoso piso del judío huido José Berheim. Una consecuencia de las revelaciones del libro es el cambio del premio que llevaba su nombre. El premio de periodismo González-Ruano, concedido desde 1975, es ahora el premio de Relato Corto Fundación Mapfre.

No es extraña la delectación que produce la memoria cuando es inofensiva y la repulsión que genera cuando toma cuerpo. El Congreso recuerda cada año el Holocausto en una celebración donde los españoles que murieron en los campos de concentración tienen un papel secundario, cuando no marginal. Es fácil llorar por el dolor ajeno.

La mejor metáfora sobre la memoria está en la película danesa Festen. Todos han hecho el esfuerzo de ir a la celebración del cumpleaños del viejo patriarca. La familia está conmocionada a causa del suicidio de una de sus hijas, que se ahorcó en uno de los baños. En los parlamentos de la comida, otro hermano revela que su padre abusaba de ellos durante el baño y que esa fue la razón del suicidio. Si se hubiera contado algo así del patriarca de otra familia, todos se habrían indignado, pero la relevación los hiere. Ese recuerdo no solo destruye el relato familiar y acusa a su base y nexo, sino que incrimina al resto en la infamia: sé que mirasteis para otro lado. El resto de asistentes lo lleva a un bosque cercano para darle una paliza, que es lo que se suele hacer en estos casos.

Es fácil hacer flotar la mierda ajena, pero las acusaciones son familiares: propaganda, expolio o apropiación. En España tuvo lugar la primera batalla de esa Segunda Guerra Mundial y provocó su mayor revolución social en cinco siglos. Pisos, lujosos o no, tierras, fábricas, tiendas, negocios, cátedras o clubes deportivos cambiaron de propietario. También, 140.000 desaparecidos y 30.000 niños robados, la apropiación de la vida y el expolio de la muerte. Para contextualizar el número, en Argentina hubo 500 niños robados y solo hay un país en el mundo con más fosas comunes por abrir: Camboya. También, hubo gente que traficó con salvoconductos y con medicinas.

España está llena de gente como González-Ruano y la Transición se basó en respetar su expolio, garantizar su impunidad y venerar su memoria a cambio de que hicieran una cesión parcial del poder. Escupir en la tumba de González-Ruano es un ejercicio frívolo si se mira como una historia ajena y solo adquiere sentido si se asume como propia, si se amplia a todos los gonzalez-ruano que hay, si se admite que España es un país hecho de esa materia prima y que el periodismo de hoy participa activamente de ella, defendiendo vivamente el olvido, la infamia y la impunidad.

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