El problema no es que alguien haga algo un día

Hace tiempo, le comenté a un amigo que la cuestión de las preferentes tenía dos soluciones. La primera, la premoderna, era el incendio de varias sucursales bancarias. La segunda, la moderna, era la derrota del PP en las elecciones gallegas. Como ninguna de esas cosas ha sucedido, añadí, ya pueden ir haciendo aviones con los papelitos, como así ha sido. ¡Qué burro!, me dijo. Tuve que explicar, como siempre, que yo no propongo nada, solo lo explico. La modernidad elabora nuevos cauces, habitualmente abiertos y no violentos, para los conflictos de siempre. Si esos cauces se cierran, pueden volver los antiguos. No lo digo yo, basta con leer.

Ayer leímos:

Pero al terminar el debate la tensión explotó. «¡No os vamos a dejar!», «¡hasta la muerte, sinvergüenzas!», gritaba una mujer de O Rosal […] «Va a correr la sangre», «un director ya fue apuñalado», advertía entre lágrimas el mismo afectado compostelano […] Igual de desesperada se muestra también Ana Belén Álvarez. «Que busquen donde sea, pero no vamos a perder un duro». «Si tiene que haber sangre, habrá sangre», como si «tiene que bajar el río Miño lleno de sangre».

Y el problema no es que alguien haga algo un día, sino que muchos lo entiendan

PD: La suerte de las preferentes quedó echada con las elecciones gallegas. No, hombre, escuché, algo se hará. ¿Por qué?, pregunté, ¿por justicia?, la justicia es un equilibrio y los equilibrios deben concretarse con contrapesos que aquí no hay porque una de las partes, la sociedad, ha renunciado a ello.

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