El capitalismo no tiene la culpa (y lo dice un comunista)

Uno de los errores más frecuentes de análisis es echar la culpa al capitalismo o al liberalismo, cuando ambos son inocentes. Al menos, de esto que está pasando. El sistema de capitalismo liberal se caracteriza por la ausencia del estado en la economía. La iniciativa privada lucha por la superviviencia (Darwin es una metáfora amada por los liberales) y la competencia no tiene más reglas que las del código penal, si es que existe. Todo vale con tal de imponerse al otro. Hay explotación (se pactan las condiciones que el trabajador acepte, sin otro marco legal), pero también (este comunista lo reconoce) innovación, desarrollo y progreso. Sobreviven  (y acumulan recursos) las empresas mejor gestionadas (sí, a veces, las que explotan más, pero solo a veces), las que ofrecen productos más innovadores o con un valor añadido, las que se han quedado con la mejor mano de obra (o formarla), las que han ofrecido mejores precios, las que han planteado la oferta más imaginativa, etc.

No hace falta leer mucho los diarios para saber que esto no se ajusta al sistema que hoy tenemos. El estado, directa o indirectamente, no para de intervenir en la economía, aunque, como no es para proteger a los ciudadanos que lo sostienen, no nos damos cuenta. No hay semana, casi ni día, en la que algún organismo con intervención administrativa no diga o haga algo, un plan, una directriz o cualquier otra ocurrencia.

Las empresas, posiblemente por su tamaño, dependen totalmente de las administraciones y todas piden lo mismo: un marco regulatorio estable. Es decir, un plan quinquenal. Más claro, que la administración asegure sus beneficios y, si hay pérdidas, que estas sean mutualizadas, asumidas por el estado. Las más descaradas piden, además, la extensión de la colaboración público-privada. Es decir, que el estado se haga cargo de la construcción de sus oficinas y lo pague todo, hasta al personal de limpieza.

Esto último es la parte más evidente de que ya no estamos ante un sistema de capitalismo liberal. La iniciativa privada ya no lucha entre sí por su supervivencia porque ésta está asegurada por la administración con rescates en los que el estado, ojo, no se queda con la gestión; solo pone el dinero. Las empresas ya no tienen que estar bien gestionadas para sobrevivir, ni ofrecer productos innovadores o con un valor añadido, ni quedarse con la mejor mano de obra (ni formarla), ni ofrecer mejores precios, ni plantear una oferta imaginativa.

Es un sistema corporativo, más parecido al socialismo real que al capitalismo real y, de ahí, deberían partir todos los análisis.

PD: La única amenaza que tienen las empresas es la industria financiera, que pide movimientos a corto plazo, beneficios, pérdidas, compras, ventas, da igual, mientras sea a corto Esa presión también abunda en lo anterior y se dificulta cualquier tipo de inversión productiva.

Deje un comentario