El abrazo del oso

La ley orgánica sobre la Corona se va aprobar siguiendo la doctrina del shock. Conmocionados por la abdicación, se anuncia un texto breve que se aprobará mañana y se convalidará enseguida para que el Príncipe de Asturias pueda ser coronado cuanto antes.

Nadie, ningún partido ni institución, pondrá problemas porque asumirán la necesidad de tener sentido de estado. O exigirán un programa de máximos, la República. Es probable que nadie se fije en el abrazo del oso que la monarquía está dando a todas las instituciones.

Los textos son bastante claros. Una ley orgánica sobre la Corona tiene dos opciones; mejor dicho, tres.

La primera es desarrollar el Título II de la Constitución, con lo que tendría el camino habitual de otras leyes orgánicas similares. El problema es que esa ley tendría que recoger todo el texto, incluida la preferencia del varón sobre la mujer en la sucesión. Un inciso que se incluyó para un caso concreto y que no se sostiene para la generalidad, pero que la ley tendrá que asumir.

La otra opción es eliminarlo, con lo que la ley orgánica contradeciría la Constitución y habría que reformarla. El camino es complicado porque se trata de uno de los capítulos recogidos en el artículos 168: aprobación por las Cortes, aprobación por unas nuevas Cortes y referéndum. Con ese proceso complicado, se pretendía proteger la forma de gobierno de cambios producto de una coyuntura. Si alguien quiere una República, la tiene que votar tres veces y expresamente; no vale con unas municipales.

Pero hay una tercera forma, que es la que se va a usar: el sobreseimiento. Ni desarrollarlo, ni eliminarlo, sino todo lo contrario. La monarquía pedirá a todas las instituciones que fuercen la legalidad, por dentro o por fuera, y que la sucesión se desarrolle sin trabas y cuanto antes. Es un mal inicio para ese nuevo tiempo.

Antoni Puigverd sostiene en La Vanguardia que las élites necesitan sobriedad, transparencia, limpieza y cesión del paso. No vale con esto último. No vale con el cambio por el cambio. Las instituciones o procedimientos necesitan recuperar legitimidad y eso no se puede hacer forzándose a sí mismas en beneficio de una puesta en escena.

Deje un comentario