Derecho o caridad

El objetivo del debate sobre la educación no es acabar con los colegios públicos, sino con la universidad pública. Hoy tenemos debate en El País:

Universidad subvencionada

Colegio, instituto, universidad. Este es el camino natural para algunos alumnos. Pero no para la mayoría. Solo alrededor de un 40% llega a los estudios superiores en España, según la OCDE. La obligatoriedad aquí queda muy lejos. La gratuidad, no tanto. Porque aunque hay que pagar unas tasas, la mayor parte de la matrícula está financiada por los contribuyentes. Según Juan José Dolado, catedrático de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid, el Estado paga alrededor del 85%, en función de la titulación. “Una matrícula media cuesta entre 8.000 y 9.000 euros y el estudiante paga entre 800 y 900”, asegura. Y aquí es donde realmente hay un debate que trasciende la ideología. Julio Carabaña, catedrático de Sociología de la Educación de la Universidad Complutense, explica que la controversia se genera porque toda la sociedad le está pagando los estudios a las clases medias, que son las que más aprovechan esta financiación. “El estudio universitario va a proporcionar un beneficio fundamentalmente privado para quien lo recibe, aunque también revierta de alguna forma en el resto de la sociedad”, explica. Él, sin embargo, no se muestra partidario de cambiar la situación tal y como está en España. “Hay quien apoya el encarecimiento de la matrícula acompañado por un aumento de becas para quien realmente las necesite, pero eso complica la cosa y no merece la pena. Comprobar la situación económica de cada cual es difícil y el argumento de que paguen más los ricos se quiebra jurídicamente si los hijos de los más adinerados se declaran independientes cuando cumplen los 18 años, de forma que pasan a ser automáticamente pobres. Creo que las tasas son necesarias para evitar el despilfarro y el abuso, pero soy partidario de una educación barata”, añade.

El sistema español es parecido al de los países de su entorno, aunque distinto de los anglosajones, que hacen pagar a los estudiantes una carga muy superior. Esto se acentuó en el Reino Unido cuando los conservadores llegaron al poder y el primer ministro, David Cameron, decidió triplicar las tasas universitarias, que pasaron de unas 3.000 libras (3.444 euros) a 9.000. La respuesta fue una gran contestación estudiantil.

De vuelta a España, las propuestas de cambio van en varios sentidos. Enguita es favorable a unas matrículas más caras con préstamos generosos para quienes lo necesiten y demuestren talento (o al menos aprueben buena parte de las asignaturas). “En la educación superior, que es minoritaria y tras la que casi todos los estudiantes se colocan y ganan un salario que suele estar entre un 20% y un 30% por encima de quien no es titulado, tiene mucho sentido plantearse si debería estar tan subvencionada para todos. La solución para no perder talento son los prestamos a quien demuestre que los necesita”, dice.

En esta línea, Juan José Dolado se queja del desperdicio de dinero que supone la subvención de algunos estudios universitarios. “Hay un 30% de estudiantes que abandona antes del periodo preestablecido. Si le hemos pagado 14.000 euros y abandona, a la sociedad ese dinero le ha servido para muy poco o para nada. El desperdicio depende del efecto diploma, de los que consiguen el título. Puede estar entre 1.000 y 3.000 millones de euros anuales, más de lo que quiere conseguir el Gobierno con el restituido impuesto del patrimonio”, subraya. Como solución propone castigar a los repetidores. “Como contrapartida, ahora gastamos muy poco en becas. Los países de nuestro entorno destinan entre un 0,25% y un 0,30% del producto interior bruto y nosotros no llegamos a un 0,1%. No sería regresivo subir tasas porque se aumentarían becas, y los que lo hagan bien y tengan pocos medios recibirán más dinero. Lo que no se puede tolerar es que una persona tarde 12 años en acabar una carrera de cuatro”, añade.

Ya está aceptada la trampa. Estudiantes vagos que están todo el día fumando porros en el césped mientras viven de matrículas y becas subvencionadas. Hay que controlar más, hay que valorar el esfuerzo, hay que hacer una criba. Es el sutil paso mental que va del derecho (lo que uno merece) a la caridad (lo que a uno le dan). Si este paso se da, ya está todo hecho. La caridad es discrecional y crea obediencia y agradecimiento.

PD: De acuerdo, hay que controlar más pero comencemos por lo que cuesta al Estado dinero y credibilidad. Por ejemplo, los consejos de administración de las cajas de ahorros. El mismo diario que abre el debate sobre si pagar 14.000 euros a un estudiante asume como la floración primaveral cosas como esta, que encaja más en la definición de “despilfarro y abuso”:

El FROB destina 5.300 millones a sanear la CAM

Son muchos estudiantes vagos que están todo el día fumando porros en el césped; casi, 380.000.

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