Del català  emprenyat al català  ressentit

El maestro Juliana publica hoy una pieza pequeña en La Vanguardia que sirve para entender lo que pasará en breve; nada de metafí­sica, polí­tica; dinero, presupuesto, cargos, Boletí­n Oficial del Estado. La amargura que destila el texto es la ser el único que ha visto que el emperador estaba desnudo; el emperador, o la emperatriz, se llama Catalunya. La legislatura pasada fue catalana y la frivolidad echó a peder la oportunidad de volver al subirse a un tren perdido por el propio ensimismamiento y, también, aunque menos, por la segunda legislatura del PP. En estos cuatro años se trató de ventilar la localización de la energí­a, las infraestructuras y el sistema financiero, los mismos temas que ahora están encima de la mesa del Sabin Etxea (en la lista de Juliana echo a faltar Iberdrola), y la prisa, el exceso verbal, la inoportunidad, el amateurismo, la simbologí­a, el ensimismamiento, en definitiva, echaron a perder la oportunidad. Quizá Juliana está describiendo el paso del catalí  emprenyat al catalí  ressentit. Lástima. Habrá que estar atentos.

… Y antes de que cante el gallo, el PNV venderá a los catalanes

El Partido Nacionalista Vasco quiere pactar con el PSOE, porque las alianzas con Madrid les han ido bien a los vascos, al menos desde el final de la tercera guerra carlista. Franco fue la excepción – Franco les humilló después de haber pactado los gudaris su rendición a las tropas italianas en el puerto de Santoña-, y por ello existe ETA. Al PNV incluso le fue bien con Aznar, con el Aznar templado del año 2000, cuando Arzalluz e Ibarretxe le despedí­an en el aeropuerto de Sondika con un cariñoso “vuelve cuando quieras, presidente”.

Y José Luis Rodrí­guez Zapatero arde en deseos de pactar con los vascos, lo cual es mucho decir tratándose de un hombre gélido; polí­ticamente gélido, se entiende. Por tres motivos: por el expectante deseo de mantener abierta la rendición pactada de ETA; por la imperativa necesidad de asegurarse una legislatura tranquila, y por el morboso afán de quitarse a los catalanes de encima. Los catalanes sólo sirven para votar contra el PP, todo lo demás que viene de Barcelona son molestias, piensan algunos en el complejo de la Moncloa; en la intimidad, por supuesto.

El PNV, que, al estilo británico, no tiene amigos, sólo tiene intereses, va en camino de vender al catalanismo. Pero no por un plato de lentejas. El banquete será bastante más copioso.

Lo hará sin abandonar el discurso soberanista, que irá moldeando y adaptando a las circunstancias, con esa astucia tan propia de los vascos. Con la astucia del juego del mus, auténtica matriz psicológica del alma vasco-española.

Si el lector quiere seguir tan apasionante proceso sin devaneos metafí­sicos, preste atención en los próximos meses a los siguientes puntos.

1) La fusión de las cajas de ahorro vascas. PNV y PSOE ya han pactado la presidencia de Caja Vital (Álava), pieza clave de la operación.

2) El blindaje del cupo – el privilegio fiscal vasco (y navarro)-, mientras las demás autonomí­as comienzan a despellejarse entre sí­ por la revisión del sistema de financiación.

3) La aceleración de las obras del AVE (la Y griega vasca), que establecerá la primera conexión por alta velocidad ferroviaria entre España y Francia: el corredor Algeciras-Sevilla-Madrid-San Sebastián-Hendaya-Burdeos-Parí­s.

El plato no es de lentejas y será servido antes de que en Navidad cante el gallo.

PD: Madrid-Burdeos en AVE. Ay, qué cerca la Dordogne.

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