Cuando la bola ya era imparable

Leo las memorias de Xabier Zumalde, el cabra, fundador del frente militar de ETA. Es interesante ver que, como siempre, todo depende de la confluencia de decisiones personales con un caldo de cultivo. No hay nada preparado; no hay plan, ni conspiración.

Zumalde, hijo de represaliados, comenzó a trabajar con doce años y, a los quince, entró en IZAR. Se presentó voluntario al servicio militar de donde salió con conocimientos sobre armas y supervivencia. En una detención, producto de su militancia obrera, le hablan de ETA y, a través de un párroco, toma contacto con la banda. Tras un año dedicado a hacer pintadas, poco para un tipo inquieto, acude a la IV Asamblea (1965). Todos son intelectuales, gente bien, gente de libros y zapatos. Poco después de que Zumalde tome la palabra para pedir más acción y quejarse por las escasas medidas de seguridad, la Asamblea tiene que disolverse repentinamente. En la reanudación, se decide la creación del frente militar, del que es elegido jefe. Con seis voluntarios, realiza el primer entrenamiento en el Valle de Atxarte con el objetivo a medio plazo de crear una guerrilla rural de tipo guevarista. Con la cara pintada, tomaron el pueblo de Garay en 1966.

Zumalde es el tipo que recibe los primeros grandes contingentes de armas, el que se encarga de preparar las acciones, el que construye el primer hueco para esconder armas en un lugar cerca de Atxarte llamado Txakurzulo, el agujero del perro (de ahí viene zulo, dice él), el que diseña cursos, instrumentos y armas, el que confecciona todas las rutinas que después se repetirán durante años.

Zumalde dejó ETA en 1976, cuando la bola de nieve ya había echado a andar y ya no le pertenecía, cuando ya era imparable.

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