Crear pueblo

“Crear pueblo” es una expresión caída en desgracia que estuvo de moda hace cuatro años, cuando la palabra populismo era buena. La idea, planteada de forma simple, es politizar a colectivos no movilizados a través de un número limitado de ejes transversales y evitando la mayoría de los debates. Es decir, hay que echar a la élite que nos ha vendido a los tratados internacionales y recuperar la economía local para reducir la desigualdad. Y ya.

No se entra en nada más, ni en el aborto ni en el modelo educativo ni siquiera en el reparto de la riqueza, porque todo divide y desmoviliza; como se decía hace cuatro años: es viejo. El objetivo es crear una fuerte polarización nosotros-ellos que permita el acceso rápido al poder. Como el movimiento es solo movimiento y está vacío ideológicamente, cabe la izquierda, la derecha y, como Trump ha dejado claro, la ultraderecha.

“El PP está enfadado porque Esperanza Aguirre no podrá ir en coche donde quiera”, sostenía un tuit hace días acerca de la campaña popular contra los planes de movilidad del ayuntamiento de Madrid. Falso. Aguirre podrá hacer lo que dé la gana porque tiene capital, el concepto que otorga derechos en el siglo XXI y que el ayuntamiento no cuestiona por el vacío ideológico. Aguirre podrá comprarse exactamente el tipo de vehículo que le exija la normativa y modificarlo para adaptarse a cualquier escenario. Si el ayuntamiento pide viajar en una cuádriga, Aguirre podrá pagarla. Además, es residente en el centro de la ciudad, la zona restrigida.

La insistencia del PP de Madrid en atacar los planes de movilidad del ayuntamiento busca “crear pueblo”.

Es una cuestión en la que es importante no dejarse llevar por la primera impresión. Las personas afectadas por esta normativa no serán las esperanzasaguirre, sino otro tipo de usuario: el pauer, es decir, la persona de unos cuarenta años que ocupó las zonas que se urbanizaron en la burbuja (Programa de Actuación Urbanística) con la que comenzamos el siglo.

La mayoría de estos nuevos barrios están en el norte de Madrid, pero también las hay en el resto de puntos cardinales, como el de Vallecas. Y, sobre todo, en las localidades que rodean la ciudad: de Tres Cantos a Móstoles, de Majadahonda a Coslada. Su hábitat suele ser la urbanización, ese edificio que no mira hacia la calle, sino al interior. Un pequeño búnker emocional.

El pauer que trabaja en Madrid y que después de trabajar de nueve a siete tiene que regresar velozmente a su hábitat para recoger a sus niños de las actividades extraescolares o de la casa de los abuelos antes de hacer la cena. Cualquier complicacion en la movilidad complica mucho su vida personal y las restricciones pueden hacerlo. Y, a diferencia de los esperanzaaguirre no tiene dinero para comprarse el coche que el pidan.

La insistencia del PP de Madrid en la defensa del coche busca aglutinar ese cabreo, una estrategia habitual en los republicanos estadounidenses que también suelen usar mucho la palabra libertad para defender el solipsismo. Un ayuntamiento del PP también cerrará el centro. De hecho, el consistorio de Ana Botella ya creó un Área de Prioridad Residencial en el centro que ampliaba un plan de Ruiz Gallardón. Solo están “creando pueblo”.

La defensa del coche no tiene nada que ver con el coche porque la industria del automóvil apenas ha abierto la boca. Uno de los principales sectores en inversión publicitaria en prensa seguro que podría hacer que los medios abrieran sus páginas a las posiciones contarias a los planes de movilidad. Por ejemplo, según los datos de la Aema (Agencia Europea del Medio Ambiente), el 13% de las partículas contaminantes en los 28 países de la Unión Europea son ocasionados por el transporte por carretera, mientras que la climatización de viviendas particulares, tiendas, centros comerciales y edificios institucionales llega al 56%. Es decir, quitar la calefacción de esos grandes almaneces puede ser tan importante como un plan de movilidad.

La industria del automóvil no lo hace porque están totalmente de acuerdo con las restricciones que, obsérvese, son transversales. Lo único que piden es controlar el ritmo. Esos planes, tras el cabreo incial, provocarán que esos pauers, como el resto de ciudadanos, tengan que renovar sus coches. Es decir, entre todos pagaremos la reconversión del sector automovilistico que, cabe recordarlo, ha salido indemne de la manipulación de emisiones. Siempre, antes de guiarse por la intuición, hay que ver el camino que sigue el dinero.

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