Cosas que no son

La semana pasada se habló de castración quí­mica. Cuando se habla de abusos a menores, todo castigo parece poco y castración es una palabra que suena muy bien. Si uno muestra dudas, siempre se le puede soltar que está del lado del violador. Sin embargo, después de que la palabra saliera del armario, hemos descubierto que ya se aplica en algunos sitios y ¿cuál es el resultado?, pues como el que se la menea a un muerto (no tengo claro si la expresión es muy afortunada o muy desafortunada). El Paí­s del domingo, entre otros medios, publicó el siguiente reportaje:

Castrar a violadores o no

Los médicos aconsejan primar el tratamiento psicológico sobre el uso de medicamentos

donde se podí­a leer:

Aun así­, la castración quí­mica ya se aplica en algunos lugares. Como en los estados de California y Florida, en Estados Unidos. La Asociación de Asistencia a Ví­ctimas de Agresiones Sexuales ha señalado que “en Estados Unidos no ha tenido ningún éxito”. Los reclusos que han aceptado someterse a esta medida “han salido mucho más rebotados, más nerviosos y más peligrosos”, afirma la presidenta de esta asociación, Rocí­o Mielgo.

Es decir, no funciona para lo que se quiere que funcione. Pero da igual, el objetivo es sólo de comunicación, es dar la sensación de que a Sarkozy no le tiembla la mano al tratar con violadores, al contrario que la izquierda acomplejada. No se trata de proteger a la gente porque, si así­ fuera, se realizarí­a una inversión en seguridad pública y en otro tipo de tratamientos o medidas que sí­ han mostrado eficacia. La cuestión es que las campañas publicitarias sólo pueden alargarse en el tiempo si el producto es bueno (ahí­ tienen la causa de que algunos saquen un libro cada tres meses) y no tengo claro si Sarkozy es el remedio a la crisis francesa de identidad o es otro de sus sí­ntomas.

PD: Este fin de semana también hemos leí­do:

Un juez de San Diego ordena el inicio del juicio por abusos sexuales de 60 curas

Ya sé que es demagogia pero estos nuevos métodos podrí­an comenzar por este colectivo. O, al menos, que Javier Krahe escriba una canción.

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