Colorín, colorado, la legislatura se ha acabado

Hace años, el sabio Manolo Portela comentó que la crisis iba a provocar, inevitablemente, la victoria del PP. Depende, dije, de la gestión. Días después le envié un gráfico en el que se superponían las crisis económicas españolas y los ciclos electorales. No coincidían. UCD aguantó lo peor de los 70 y el PSOE, lo peor de los 90. Los cambios políticos llegaron por cuestiones políticas, de gestión, relacionadas sobre todo con divisiones internas o pérdidas de base electoral.

En el caso de Zapatero, la debacle llegó cuando aceptó, por pasividad, el traslado de la crisis del centro de Europa a la periferia y perdió su base electoral. Podía haber hecho otras cosas. La historia es un laberiento y solo parece un camino recto cuando se vuelve la mirada. Y solo, a los que leen poco. Ahora, apenas diez días después de que el bloque gobernante, la CEDA, dijera que había signos de mejora porque la prima estaba bajando y se había descartado el rescate (no en este blog), la legislatura ha terminado. Las razones también son políticas, de gestión.

Pedro Vallín lleva años entrevistado periódicamente en La Vanguardia a sociólogos y, en una de las últimas entrevistas, ya con la austeridad, el entrevistado le dijo que el gobierno (PP o PSOE) tendría éxito si los recortes eran percibidos de manera equitativa. Sin decirlo, proponía la vieja puesta en escena castellana. Un gran auto de fe público antes de la cuaresma. Es evidente que no ha sido así.

A la clase dirigente le ha podido el miedo a corto y se ha obsesionado con la impunidad, económica, social y jurídica. Es decir, no verse afectado por la crisis: colocarse en algún puesto, llevarse dinero, comprar cosas, bloquear investigaciones, sobreseer casos, indultos, etc. Mientras tanto: eres, despidos baratos, obstáculos a cualquier subsidio, deshaucios, reducción de becas, subida de tasas, etc. No basta con Díaz Ferrán como torna. La clase dirigente ha fracasado en el proyecto político para el que se pedía el consenso de todos, la devaluación interna, sin pensar que, tras ese proyecto hay otros, como la democracia.

La posible solución es imposible porque pasa por esa puesta en escena, un gran auto de fe público. El cartel tiene que ser amplio: Urdangarín, Rato, Mafo, Carlos Fabra, Ignacio González, Esperanza Aguirre, Duran, algún Pujol, etc. Toda esta gente tiene que ir a la cárcel para embridar la sensación de que el gobierno no existe. Como eso no va a pasar, el campo de posibilidades se abre. Lo normal sería una alternancia, pero es complicada porque la oposición es irrelevante y el presidente tiene como virtud la resilencia. Podría haber un cambio generacional en la derecha y constituirse un gobierno de sorayos, al estilo de los penenes de Suárez. También es momento para los oportunistas y zascandiles; yo también estaba pensando en Garzón.

PD: Y hay una razón práctica para pensar en el fin de la legislatura. Parte del consejo de ministros (Rajoy, Mato o Gallardón) son gente bajo sospecha porque han tenido cargos importantes bajo el partido. Casi todo el consejo de ministros los ha tenido, luego serán beligerantes en la lucha de poder que ha comenzado. Lo urgente, la defensa legal y la lucha interna, se comerá a lo importante, gobernar. Se legislará para dentro. Todo lo que haga Gallardón como ministro de Justicia, del de que depende la Fiscalía, se encuadrará dentro de su situación personal. Como no haber hecho todavía nada. Hace más de 24 horas que se denunciaron varios delitos.

PD2: Ayer El Mundo hablaba de Fraga como iniciador de los sobres; hoy, El País, de Aznar. La diferencia de fechas es Gallardón.

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