Churchill y Thatcher, política y palabras

¿Qué coño tendrán que ver un político, persona que trabaja con la realidad, con una fanática, persona que experimenta con la realidad? ¿La libertad?, se dice. Sostener que Churchill amaba la libertad, así, en abstracto, como entelequia, es conocer poco a una persona cuya obra se refiere siempre a hechos concretos en lugares concretos y para personas concretas. Churchill amaba la libertad de los británicos (siempre que no cuestionara el statu quo); pero no, la de los negros de Sudáfrica o la de los españoles, una postura de larga tradición inglesa. Disraeli decía que le importaban más los derechos de los ingleses que los derechos humanos. Churchill era un pragmático, lo que se pueda dentro de lo posible. Una persona que merece todo, salvo servir de ejemplo. Siempre será malinterpretado porque se le sacará de contexto.
Decir que Thatcher amaba la libertad es tener una idea un poco peculiar del concepto. Dejar sin trabajo, ni casa a una persona puede facilitar sus movimientos, pero hay que ser un poco psicópata para entenderlo. Y ahí está la clave. Thatcher no fue liberal porque no fue política. Thatcher no disminuyó el gasto público, ni bajó los impuestos. De hecho, como ha imitado Esperanza Aguirre en Madrid, se inventó otros nuevos. Su objetivo era desmontar el modelo de sociedad basado en los principios keynesianos porque estaba convencida, como otra mucha gente, de que la sociedad de bienestar, con igualdad de oportunidades, derivaría en un sistema soviético o, peor, en algo diferente y desconocido.

La libertad, como el esfuerzo, fueron conceptos que, previamente vaciados y envasados al vacío, se usaron para la batalla de las ideas. Por ejemplo, el peor enemigo de la libertad y el progreso es la deuda y la sociedad fundada por Thatcher se basada en la extensión de este concepto a todos los ámbitos de la sociedad, comenzando por el universitario y terminando en la jubilación. Una socieda basada en la deuda es una sociedad neoesclavista. No es una cuestión políticas, como las que hacía Churchill, sino de palabras, como las que inventó Thatcher. Hasta que esto no se entienda, no se podrá avanzar.

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