Archivo de la categoría "Lecturas de café"

Dialéctica generacional

jueves, 17 de septiembre de 2009

Enric González escribe hoy en El Paí­s sobre los suicidios en France Télécom:

En la empresa quedan unos 70.000 trabajadores “antiguos” (funcionarios) y el resto, los nuevos, carece de privilegios. Es muy curioso comprobar que quienes soportan mal la situación son “los antiguos”. Sin generalizar, la presión por la rentabilidad ha convertido a muchos jefes en tiranos y a muchos empleados de base en mártires vocacionales, a los que se les abre una úlcera cada vez que se habla de traslados o cambios de horario. Los “antiguos” tienden a calificar como insufrible la actual situación. Los “nuevos”, fácilmente despedibles y fácilmente trasladables, vienen a decir que France Télécom, con su poderoso comité de empresa, es, en comparación con otras empresas, un lugar bastante cómodo.

No sé ustedes, pero yo, que soy un “antiguo” en este periódico, con mis trienios, mis pagas y mi indemnización en caso de despido, soporto cada vez peor que existan dos clases de trabajadores. No tengo ganas de perder mis derechos, pero tampoco considero admisible que los de la otra clase, en general más jóvenes y mejor preparados, tengan que resignarse al contrato-basura, el sueldito y la amenaza permanente. ¿No hay que reformar el mercado de trabajo? ¿Hay que dejarlo para siempre así­?

Esta semana, leí­ en los comentarios de una noticia del mismo medio:

Tengo 34 años. Dos carreras, que he estudiado con becas y sin pedir ni un duro en casa desde los 18, edad en la que empecé a trabajar. Muchos de mis amigos están en una situación parecida, y seguimos y seguiremos cobrando poco más de 1000 euros. La generación de nuestros padres se colocó en puestos de responsabilidad SIN FORMACIí“N NI EDUCACIí“N, puestos que a sus más de 50 años no tienen ninguna intención de soltar. Y siguen pensando que nosotros, “la juventud”, no tenemos ni puta idea de nada, ni de la vida, ni del trabajo, ni de nada. En este paí­s no creer en la juventud, en su fuerza, en su ilusión, es un mal endémico de una generación educada bajo el fascismo y que cree que ha salvado el paí­s sólo por haber dejado pasar el tiempo yendo a ver las pelí­culas de Marisol y haciendo guateques con Tang y discos de Mocedades. Este sí­ es un paí­s para viejos.

Ay, la dialéctica generacional.

El maestro

lunes, 9 de marzo de 2009

Les presento al maestro Juliana

juliana

Hoy publica un nuevo libro titulado La deriva de España. Aquí­ pueden leer una entrevista de Llí tzer Moix en LV que, claro, comienza preguntando por el tí­tulo. No quiere decir lo que parece que quiere decir.

La responsabilidad, la tragedia y la culpa

martes, 27 de enero de 2009

Enric González explica en 20 lí­neas tantas cosas. Por ejemplo, toda la obra de Paul Auster.

Nos hemos acostumbrado a exigir responsabilidades. Cualquier desgracia ha de tener un responsable. Es una caracterí­stica de la posmodernidad urbana: la convicción de que si todo el mundo hiciera exactamente lo que tiene que hacer, si en cualquier circunstancia se movilizaran todos los medios disponibles (y el Estado, según nuestra concepción, cuenta con medios ilimitados), no existirí­a la tragedia.

Pero la tragedia existe, y seguirá existiendo. El viento derribó el sábado un edificio en Sant Boi, cerca de Barcelona, y unos niños que jugaban a béisbol quedaron sepultados bajo los cascotes. Eso es lo que llamamos tragedia. Y dentro del mecanismo trágico, que (no lo olvidemos) sirve para marcar los lí­mites de la vida y las personas, las fronteras que nos separan de la divinidad o de la nada, funciona otro tipo de responsabilidad que ni es posmoderna ni se extiende al ámbito público. Es lo que, en términos judeo-cristianos, conocemos como culpa. Los padres se culparán por haber permitido que sus hijos salieran de casa. Los entrenadores se culparán por haber llevado a los chicos al interior del edificio. Los supervivientes se culparán por seguir con vida. Esa culpa no es real. Nadie es culpable

Esa culpa, sin embargo, es uno de los atributos de la humanidad. Esa culpa es el poso sólido y amargo del amor.

Me lo quedo para bunburizarlo.

Koala

domingo, 28 de septiembre de 2008

Este es un blog pingí¼ino y servidor pensaba que lo contrario al sentimiento pingí¼ino era el pájaro bobo. Enric González, cada dí­a más brillante, señala al koala.

El ejemplo del Koala

El koala parece feliz. Quizá lo es. Mí­renlo: una monada. Y, sin embargo, podemos catalogarlo como el mamí­fero más lamentable del planeta. En ciertos aspectos, muestra rasgos que sugieren un alto nivel evolutivo: sus huellas digitales (un elemento raro en la naturaleza) son casi indistinguibles de las humanas. Pero, y eso también es raro, está en regresión. Evoluciona al revés. Cada generación es un poquito más imbécil que la anterior.

Hace unos veinte millones de años, el koala, marsupial arbóreo y herbí­voro, viví­a en las selvas australianas, alimentándose de hojas muy diversas. Cuando el clima empezó a enfriarse, las selvas fueron reemplazadas por bosques de eucaliptos. ¿Han probado una hoja de eucalipto? No lo hagan. Es correosa, tóxica y apenas proporciona alimento. Muchí­simas especies se extinguieron con la llegada del eucalipto. Otras buscaron nuevos lugares para establecerse. El koala, no. El koala prefirió adaptarse y conformarse con lo que habí­a. Desde entonces, su vida ha ido convirtiéndose en una auténtica porquerí­a.

 

Para arreglárselas con la nueva dieta y digerir las hojas de eucalipto, el koala desarrolló una especie de microbio estomacal. Pero eso lo hizo entonces, cuando poseí­a la inteligencia que puede esperarse de un mamí­fero. Ahora, el microbio se transmite por la ví­a más fácil: a partir de los seis meses, y hasta que cumple un año, el koala pasa gran parte de su tiempo amorrado al ano de su madre, sorbiendo un tipo de excremento rico en microbios. En este caso, como en otros, la infancia define la vida.

 

Una vez adulto, el koala puede dedicarse ya a masticar hojas de eucalipto. Dedica a ello unas cinco horas diarias. Luego necesita una siesta de unas 18 horas, para que actúe el microbio intestinal. El animalito es altamente irritable mientras come: ni se le ocurra tocarlo. También es irritable mientras digiere. En eso se le va prácticamente toda la jornada: come, digiere y se cabrea. No hay tiempo para más.

 

La dieta de eucalipto, muy pobre en proteí­na y en cualquier otro elemento nutritivo, ha provocado un progresivo empequeñecimiento del cerebro. Los fósiles demuestran que, antes, en la época selvática, el cráneo del koala estaba lleno de masa cerebral. Ahora, el cerebro es como una nuez pequeña, con dos lóbulos desconectados entre sí­, flotando en fluido. El koala viene a pesar entre 5 y 12 kilos. Su cerebro supone el 0,2% de esa masa corpórea. Si el humano hubiera seguido la tendencia regresiva del koala, ahora, en lugar de poseer un cerebro de 1,4 kilos, tendrí­a uno de 100 gramos. Aún hay tiempo para conseguirlo. Sólo es cuestión de perseverar.

 

No creo que haga falta comer todos los dí­as medio kilo de hojas, como el koala, para convertirse en un imbécil. Quizá sea posible conseguir el mismo efecto con unas cuantas ideas, masticadas durante años y años. Se podrí­a empezar con un par de conceptos básicos, patria y nación, tan correosos, tóxicos y carentes de proteí­na como el eucalipto. Al cabo de un cierto tiempo, más o menos largo, según los casos, el aspirante a koala nota los efectos iniciales: una sensación de pertenencia intensa a un grupo, y de diferencia respecto a otros grupos. El siguiente paso será una inefable sensación de superioridad respecto a otros grupos. Lo principal ya está hecho.

 

Pero no hay que conformarse con eso. Es necesario encontrar un equivalente al microbio que el koala chupa del ano materno. Ahí­ nos valdrí­a, quizá, algo más tenue que un concepto. Como, por ejemplo, lo que algunos llaman “fidelidad ideológica”. Recuerden, sobre todo, que no hablamos de principios y ética, o moral: si se tiene de eso, resulta casi imposible convertirse en koala. No, aquí­ nos referimos a esos prejuicios sectarios que nos llevan a votar a un partido, o a comprar un periódico, o a ver una cadena de televisión, con un único fin: que refuercen nuestros prejuicios; es decir, que nos mantengan firmes en el punto de partida y no intenten inocularnos la funesta maní­a de pensar.

 

Cuando, para nosotros, los buenos sean siempre los mismos y lo hagan siempre bien, y los malos sean siempre los mismos y lo hagan siempre mal; cuando nos moleste la duda; cuando seamos incapaces de percibir nuestra propia ignorancia; cuando nuestro mecanismo mental se limite a conjugar el “yo”, el “nosotros” y el “ellos”, lo habremos conseguido. Basta ponerse a ello. Vocación no nos falta.

No me resisto: en el siglo pasado, cuando todaví­a existí­a un paí­s llamado Yugoslavia, se realizó una encuesta a la población en la que se le preguntaba de dónde se sentí­a ciudadano. La mayorí­a decí­a sentirse ciudadano de la región en la que viví­a y sólo una minorí­a se sentí­an yugoslavos. A estos últimos se les adjudicó el mote de pingí¼inos. (La España de los pingí¼inos, Enric Juliana)

Esa astilla del palo de la cruz

viernes, 22 de agosto de 2008

Rafael Reig explica hoy una de las bases de nuestra sociedad: el sentimiento de culpa. Algo que Pedro Vallí­n sostiene que está en el mal rollo que sustenta la actual cultura europea, desde el cine a la ideologí­a. Dice Reig: ”comparto la inquina de Nietzsche contra el cristianismo, que siempre razona así­: yo sufro; por lo tanto, alguien tiene que tener la culpa. El desenlace ya lo conocemos: el sentimiento de la propia culpa, esa astilla del palo de la cruz que nos clavan en el corazón”.

Inocentes   

La mierda de la especulación, de a ver cómo cojones me levanto unos kilos de más, ha hecho estallar por los aires a lo único sagrado que hay en este mundo: la vida de los inocentes. Seguiremos llevándonos medallas, nos levantaremos las más gozosas fortunas y a ellos… ¡Qué cojones importa que el motor esté mal! ¡Yo lo valido por mis cojones! ¡No entiendes que en ese avión sólo habí­a chusma! ¡Aquí­ sólo estamos para lo que estamos! Hoy, te lo puedes creer o no, el sistema ha asesinado a 153 inocentes. A 153 de los mejores de los nuestros. A 153 personas que se querí­an y que habí­an pagado unas vacaciones (posiblemente empeñándose en un crédito usurero) para probar, aunque sólo fuera por una vez en la vida, lo que puede ser disfrutar unos dí­as con tu familia en el mejor de los mundos que te puedes pagar. ¡El motor está mal, pero yo lo valido por mis cojones! Inadmisible. (Mario L. Sellés, Madrid)

Es que acaso hay ví­ctimas culpables? Las ví­ctimas inocentes siempre me dejan pensativo y perplejo. Un tipo cuya casa se derrumba es inocente, imagino, puesto que (en principio) no ha hecho nada para causar su tragedia. Un tipo que decide subir al Himalaya y muere, ¿es ya un poco más culpable? Y si el parte meteorológico era muy malo ese dí­a, entonces ¿es por fin del todo culpable, una ví­ctima de sí­ mismo, de su amor al riesgo o de su propio error de juicio?

También me inquieta esa balanza de precisión que usted posee y le permite aquilatar lo que pesa cada vida. Si muere un tipo al que le sobra el dinero y que iba a Canarias a ponerle los cuernos a su mujer con la secretaria, ¿deja de ser inocente? ¿Ya no merece nuestra compasión? Si se acredita que un fallecido era egoí­sta, despótico y un rico avariento, ¿le está entonces bien empleado? ¿Nadie debe sentir dolor en ese caso?

Por último, ¿ví­ctimas del sistema? Sí­, claro, igual que los que pierden la vida en la carretera, en el andamio o de un infarto causado por la jornada laboral progresista que nos imponga la Unión Europea. Comparto la inquina de Nietzsche contra el cristianismo, que siempre razona así­: yo sufro; por lo tanto, alguien tiene que tener la culpa. El desenlace ya lo conocemos: el sentimiento de la propia culpa, esa astilla del palo de la cruz que nos clavan en el corazón. Yo no sé todaví­a cómo y por qué se produjo la catástrofe. Puede que haya responsables o negligencia (y se debe investigar a fondo), pero, como no soy cristiano, también podré aceptar que sea un accidente. Tampoco sé si las ví­ctimas eran buenos, pobres, malvados o ricos. ¿Y sabe una cosa? Me da lo mismo: siento la misma pena. Y si no se querí­an, tení­an dinero a espuertas y detestaban a su familia, también siento el mismo dolor.

Inmenso. 

El señor gordo II

lunes, 7 de julio de 2008

Este es el texto sobre polí­tica más interesante que he leí­do últimamente. Lo escribe Santi Giménez, ex compañero de Sport en su blog de adn. ¿Por qué perdió Aznar (Rajoy) las elecciones de 2004? ”En medio de la tempestad, él sigue actuando igual, como si en vez de estar doblando el Cabo de Hornos, estuviera en un pedalo de Sitges”. ¿Por qué Zapatero estuvo a punto de perder las de 2008? “considera que no debe de rebajarse a explicar a la gente su proyecto, porque para eso ya tiene a expertos en PowerPoint que, por cierto, viven en la misma burbuja de cristal que él”. Por cierto, Laporta perdió la moción. No por tanto como para tener que dejar de ser presidente pero, ay, es prisionero del pasado porque él también puso otra.

Laporta no ha entendido nada 

Desde que el señor gordo de Llavaneres anunció su intención de recoger firmas para promover un voto de censura contra Joan Laporta y su junta, los sucesos se han ido precipitando a favor de los que querí­an enviar a Laporta a su casa.

Primero, como ya explicamos, con dos azafatas y una fotocopiadora consiguieron alcanzar  9.724 firmas, mientras que desde la junta, con el tono tradicional de sobradillo de Esade, aseguraban que o no las conseguirí­an o que si las conseguí­an serí­an falsas. Tras forzar la convocatoria del voto de censura, Giralt y los suyos sobrevivieron al papel de mediador de David Moner, que es como sobrevivir al 11-S en las Torres Gemelas y el domingo, los socios están llamados a las urnas.

Por mi parte, lo único que he sacado en claro es que Laporta y los suyos no han entendido nada de lo que ha pasado y se plantean la cita del domingo con el mismo ánimo con el que acogieron el anuncio que hizo Giralt en su dí­a. Esto es, como una campaña de destrucción personal por parte de unos envidiosos que querrí­an ser tan altos como ellos.

Laporta no se entera de que esta moción de censura se la han puesto por chulo, no por su gestión. La hoja de servicios de Laporta al frente del Barcelona le acredita sobradamente para seguir en el cargo, pero le pierde la manera de ejercerlo. Por eso le han puesto una moción de censura. Pero en medio de la tempestad, él sigue actuando igual, como si en vez de estar doblando el Cabo de Hornos, estuviera en un pedalo de Sitges.

El presidente sigue sin darse por enterado de que es una persona que transmite una imagen arrogante e inestable. Que evita a los medios de comunicación para dar entrevistas sólo a TV3; que descalifica a sus rivales sin desgranar motivos; que un dí­a grita Visca Catalunya Lliure y que al siguiente se va a ver el partido de España y que considera que no debe de rebajarse a explicar a la gente su proyecto, porque para eso ya tiene a expertos en PowerPoint que, por cierto, viven en la misma burbuja de cristal que él.

Por todo eso, creo que esta moción no ha servido de nada, porque Laporta sigue creyéndose el mejor invento de la humanidad, con permiso de los caramelos sugus, y seguirá actuando de la misma manera y ha organizado una cosa seria como el voto de censura como quien organiza una Fiesta Mayor. Todaví­a ve con fabulaciones y conspiraciones en su contra cuando la realidad es que es un tipo que crea repelús en mucha gente por su manera de actuar.

Probablemente, la ojeriza que le están tomando muchas personas es injusta. Tan injusta como la popularidad de la que disfrutó hace dos años cuando parecí­a que no se equivocaba nunca.

Bueno, es cierto que las crónicas del maestro Juliana sobre el congreso del PSOE (Romance de lobos, El giro Ikea y Las pí­ldoras del dr. Negrí­n) son sensacionales pero soy un poco redundante. Está inmenso.

Reformas estructurales I

jueves, 5 de junio de 2008

La OCDE ha vuelto a rebajar el crecimiento de España para los próximos dos años. La pregunta es: ¿la OCDE funciona como Bet&win? Es decir, si los economistas de la OCDE meten la pata, ¿pierden su dinero?, ¿tienen un complemento por acertar en sus previsiones?, ¿se asciende sólo a los que aciertan? Todo son preguntas. La más importante es saber cómo afecta a un economí­a el pesimismo que llega procedente desde instituciones, en su mayor parte, descontroladas e irresponsables. Ni tienen ningún control de los ciudadanos o los estados (deberí­an dar lo mismo porque deberí­an ser conceptos unidos) y carecen de responsabilidad sobre fracasos de predicciones, fracasos en modelos de crecimiento y fracasos en la solución a las crisis. Una de las posibles reformas estructurales podrí­a ser cerrar la OCDE.

PD: ¿He dicho crisis? He encontrado este delicioso párrafo sobre la creación de una crisis en un paí­s asimilable al nuestro. Es largo pero merece la pena.

klein

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La autora es Naomi Klein y el libro se titula La doctrina del shock.

Ideologí­a

miércoles, 4 de junio de 2008

Crisis, crisis, crisis y reformas estructurales para hacer frente a la crisis. El Roto resume el debate actual, la caí­da del Muro y el golpismo en América Latina.

roto

Criterio moral

domingo, 1 de junio de 2008

En el mismo medio, El Paí­s, hay un sensacional artí­culo de Enric González con este arranque Auster.

Es triste llegar a mi edad sin un criterio moral más o menos claro. No me refiero a la moral grande, la que a veces se escribe con mayúscula. Ahí­ me defiendo. No dudo sobre el bien y el mal, sino sobre algo mucho más engorroso: ¿cómo hay que manejarse en la vida cotidiana? Hablo de cómo se administra uno, cómo trata a los demás, cómo jerarquiza su entorno. Ese tipo de cosas. Creo que, con el tiempo, me he habituado a un comportamiento de tipo esquizofrénico: pienso como un saltimbanqui, actúo como un contable. Me muevo dentro de lo que llaman moral pequeñoburguesa, que consiste, básicamente, en hacer lo mismo que la mayorí­a. No es para andar orgulloso.

El resto es una novela esperando.

Generación, gusto y género

martes, 27 de mayo de 2008

Pedro Vallí­n sigue entrevistando a intelectuales para desbrozar el momento que vivimos. El sábado publicó la entrevista con José Félix Tezanos en la que se habló de inmigración y conflictos territoriales. En medio, la descripción de la sociedad actual: “cuando preguntas a los jóvenes cuáles son las categorí­as que les hacen sentirse identificados con los demás, las primeras son las tres “G”. La edad (es decir, la generación), los gustos y el género. Y la tendencia histórica de estas variables es ascendente, mientras van perdiendo peso la identificación territorial, y las ideologí­as. Cuestiones que parecen importantes como la clase, la ideologí­a o la profesión, aparecen muy abajo en la lista, y la religión, prácticamente al final”. Son las redes sociales. IU deberí­a entenderlo para reelaborar su discurso.

“La edad, el gusto y el género han sustituido a la identidad local y nacional”

Autor de una veintena larga de libros sobre estratificación social y nuevas tendencias de la sociedad, José Félix Tezanos, catedrático de Sociologí­a, director del mensual Temas para el Debate y editor de la revista Sistema, mantiene una mirada ceñuda sobre la distribución de la riqueza en España aún antes de la llegada de la desaceleración, y, por tanto, se mesa las barbas atento al surgimiento de nuevas desigualdades y focos de conflicto en el interior de sociedades prósperas ahora que pintan bastos. Desde la Fundación Sistema, vinculada al PSOE, dirige, junto a Salustiano del Campo, el proyecto España Siglo XXI, cuyo primer volumen, La sociedad, acaba de ver la luz.

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