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Gran Hermano GOD

lunes, 18 de marzo de 2019

Escena novena del segundo acto. Pan irrumpe en el flirteo del pastor Endimión con la diosa Diana, de la que el semidios cabrío está enamorado. Manda capturarlo a su séquito de sátiros y silvanos, mientras él trata de abusar de la diosa. Pero ella no es ella, sino él, Júpiter, que se ha disfrazado de su hija para seducir a la ninfa Calisto y, de paso, al resto del séquito de Diana. Endimión le ha interrumpido en medio de una orgía en la que también participaba Mercurio y, tras el abuso de Pan, no puede sentarse y mira al público. La broma es vieja, pero funciona. El acto ha comenzado con el lamento bucólico de Endimión por Diana y la respuesta amorosa de la diosa, que despierta al pastor haciéndole una paja, sorpresivamente breve. Diana se limpia en el vestido mientras mira al público. La broma es vieja, pero también funciona.

El contexto de la obra es importante. En el XVII, el Mediterráneo ya no era el centro del mundo. La ruta de la seda había muerto con el descubrimiento de América y, sobre todo, la apertura de las rutas transoceánicas a África y Asia. Españoles, portugueses, ingleses y holandeses se disputaban el comercio mundial. Las repúblicas itálicas, Aragón o Bizancio fueron los perdedores de esta globalización.

La aristocracia veneciana trataba de mantenerse en el poder y no ceder sus privilegios, participar en el gobierno de la república y en el reparto de la recaudación de los impuestos. La solución fue convertir a Venecia en un parque temático, un lugar con celebraciones durante todo el año al que toda Europa iba a divertirse, la ciudad que se había rendido a Monteverdi, la futura patria de Vivaldi, Goldoni o Casanova. Ese es el escenario en el que Cavalli estrena La Calisto en 1651, veinte años después de la peste que acabó con el 30% de la población de Venecia, cuarenta después de la excomunión general decretada por el papa Pablo V y en medio de la guerra de los Treinta Años que arrasó Europa Central.

A mediados del siglo XVI, casi 12.000 prostitutas oficiales ejercían en la ciudad de Venecia. A finales del siglo XVIII, había registrados casi 200 casinos legales en la capital de la Serenísima. Francesco Cavalli vive entre estos dos siglos, estas estas dos cifras, en un momento en el que el poder económico y militar de las repúblicas itálicas comenzaba su decadencia y era sustituido por una explosión de oferta de entretenimiento. Además de casinos y prostitución, la ciudad desarrolló una gran oferta cultural: teatros, música, pintura y ópera. Allí, la comedia del arte desarrolló una tradición propia. Allí, en el carnaval de 1637, Benedetto Ferrari y Francesco Manelli decidieron alquilar el teatro San Cassiano para representar su Andromeda, la primera ópera pública, es decir, que se podía ver pagando una entrada.

Commedia

En apariencia, La Calisto es una historia divertida: seducciones, engaños, equívocos y sexo abundante y variado. El amor, como cualquier compromiso, recibe traiciones y burlas y hay infinidad de eufemismos y sobreentendidos. Se lanzan mensajes de invitación a la lujuria (el quiero ser gozada de la nifa Linfea), incluso sin importar la voluntad de los participantes, pero también mensajes que hoy resultan revolucionarios: “La tiranía de los maridos es demasiado severa y su yugo demasiado amargo. ¡Vivir en libertad es mi más dulce y querido deseo!”, canta Calisto después de yacer con Júpiter disfrazado de Diana y antes de hacer un elogio metafórico del sexo sin varones: “El prado es mi blando lecho bordado de flores. Mi grato alimento es la miel y mi bebida, el río”.

La puesta en escena de David Alden refuerza esa apariencia divertida y frívola, cercana tanto al universo de la Commedia dell’Arte veneciana del XVI como a la escena costumbrista-picante de los 70 que, en España, se concretó en el cine de Ozores o el universo de Matías Colsada. En el gran trabajo de clown de Monica Bacelli en el personaje de Diana costaba no ver el espíritu de Lina Morgan. Mercurio (Nicolay Borchev) y el Satirino (Dominique Visse) beben de Brighella y Arlequín, pero también, de Alvaro Vitalli. En la ruptura de la cuarta pared para buscar la complicidad del público con las bromas sexuales más obvias está el poso de la commedia, el cabaret y Benny Hill. Alden no quiere sólo llenar el escenario de elementos que apabullen o proponer una revisión sorprendente, sino que entiende la base teatral de la ópera haciendo que la interpretación complete o reescriba la trama y el texto. Quizá, al buen trabajo interpretativo y vocal de Louise Alder como Calisto o Tim Mead como Endimión, le falta un poco de pantomima. Más commedia, que diría Ignatius.

La puesta en escena se beneficia del excelente trabajo del figurnista Buki Shiff inspirada en el universo del cómic, según el programa de mano. Sin embargo, es compicado no pensar ya desde el prólogo, el diálogo entre la Naturaleza, el Destino y la Eternidad, en otros universos con más presencia de las vanguardias, como Jan ¦vankmajer o Miquel Obiols. Y, en el caso de las ninfas o los pavos reales de Juno, también cuesta no pensar en el Gaultier de El quinto elemento o el público del Capitolio de Los juegos del hambre. Se echa de menos que el decorado, una discoteca de los setenta, participe de esta apuesta más comiquera. El surrealismo encaja bien con el barroco. (En general, todo exceso encaja bien en el barroco. Estamos viendo y veremos mucho barroco).

Desplacer

Quizá, el decorado encaja bien para desdramatizar e incluso burlarse de los momentos sentimentales. Calisto lamentándose en un karaoke, por ejemplo, o subiendo al cielo en una escalera tipo Hello Dolly. La eternidad prometida no está en el firmamento, sino en una película porque lo contrario a la muerte ya no es la vida, sino la fama. Los dioses de Alden son participantes en un reality show, un Gran Hermano del Olimpo, que necesitan mostrarse y quieren convertir en ley sus deseos, cuestiones que los convierten en actuales. Todo está permitido a quien puede permitírselo, es decir, pagarlo.

El plató de reality, con el parque temático y el centro comercial, la Venecia del XVII y del XXI, son los escenarios de la posmodernidad, los sitios en los que todo está al alcance, donde el ser humano se olvida de la pesadilla de la responsabilidad y puede volver a ser un niño. Pascal Bruckner sostiene que son lugares similares a los espacios religiosos: nos protegen del miedo o de la hostilidad, no tienen ningún espacio desconocido y nos proporcionan el sentimiento de estar en casa, acogidos por algo más poderoso que nosotros. Las ciudades europeas se están convirtiendo en esa mezcla de plató de reality, parque temático y centro comercial. Quizá, todo el continente ha asumido su papel de perdedor de la actual globalización: entretenimiento, compras y diversión. Todo es Eurovegas.

Esa ironía es la que pone en duda la diversión. “Desplacer” es el concepto que usa Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real, en el programa de mano. No displacer, la represión freudiana. “Es lo contrario a un elogio del placer y la concupiscencia […] No hay ninguna desaprobación moral, nada que se considere en sí mismo inmoral, pero la conclusión es que ese imperio de los sentidos que favorece la libidinosidad lleva a la infelicidad”. Quizá, es que no hay un imperio de los sentidos ni tampoco libidinosidad porque no hay placer, sino competición por la conquista y, de los triunfos, sólo se disfruta a través de la nostalgia. El placer necesita que desaparezcan los conceptos casi sinónimos de posesión y tiempo, mientras que la competición no puede desprenderse de ellos. El placer sacia; la competición, no.

No hay fascismo. No somos tan importantes

martes, 9 de octubre de 2018

En los últimos años, se ha llamado fascista al PP, a Ciudadanos, a Podemos (desde PP y Ciudadanos), al Gobierno de España, al Govern de la Generalitat, al Procés, a los contrarios al Procés, a la campaña pro Brexit, a Trump, a Salvini y, sin ánimo de ser exhaustivo, a una larga lista de políticos, periodistas y humoristas. Se ha asimilado fascista (o nazi) a muchas cosas (intolerante, autoritario, nacionalista, racista, machista, xenófobo, homófobo, etc.) hasta llegar al punto en que el concepto no significa nada. El fascismo es algo muy concreto, lo mismo que el nacional-socialismo. Es una propuesta política que ninguna de esas personas o partidos defiende.

“Es fascista porque es totalitario”, se ha escrito. China también es un modelo totalitario, lo mismo que lo fue el caudillismo hispanoamericano o las monarquías absolutistas. “Es fascista porque persigue ideas”. Bien, como sucedía en los Estados Unidos durante los años 50 o en ciertos países donde es ilegal pertencer a una religión distinta de la oficial. Por cierto, en los años 50, Estados Unidos también mantenía leyes racistas, con lo que el fascismo no tiene el monopolio de “sembrar el odio contra el diferente”. Eso es algo muy extendido. Sucede lo mismo con “crear un enemigo exterior o interior”. Volvamos al macartismo o a toda la legislación antisemita promulgada en la Europa del XIX o a Ruanda. La homofobia y el machismo son conceptos transversales, lo mismo que el nacionalismo.

El fascismo es algo muy concreto. Es una propuesta política con unas característas (partido único, estado corporativo, economía dirigida, organización paramilitar, persecución política, expansión territorial, etc.) que recogen muy pocos partidos. El populismo de derechas que busca aglutinar al electorado con un discurso xenófobo basado en la seguridad, la soberanía y la impugnación de la posmodernidad no es fascismo. “Trump es un nazi”, se dijo. Este otoño, habrá elecciones en Estados Unidos y todo hace pensar que habrá unas nuevas presidenciales dentro de dos años en las que puede ser derrotado. Los nazis no perdían elecciones.

Quizá, se insiste tanto en el concepto “fascismo” porque lo simplifica todo. Si son nazis, no hay que ofrecer una propuesta política alternativa y solo hay que situarse enfrente, lo que nos otorga el prestigio de “luchador antifascista”. No lo tenemos. No es fascismo. No hace falta. El fascismo es producto de un momento histórico en el que había varios modelos sociales y económicos defendidos por organizaciones de masas. En este momento, tal cosa no se produce. Hay un modelo económico y varias propuestas de gestión política que van desde la democracia sueca a la teocracia saudí. Trump o Salvini no son fascistas. Ni tienen esa propuesta política ni, sobre todo, la capacidad de llevarla a cabo. No hay fascismo porque no es necesario. No somos tan importantes.

Crear pueblo

domingo, 7 de octubre de 2018

“Crear pueblo” es una expresión caída en desgracia que estuvo de moda hace cuatro años, cuando la palabra populismo era buena. La idea, planteada de forma simple, es politizar a colectivos no movilizados a través de un número limitado de ejes transversales y evitando la mayoría de los debates. Es decir, hay que echar a la élite que nos ha vendido a los tratados internacionales y recuperar la economía local para reducir la desigualdad. Y ya.

No se entra en nada más, ni en el aborto ni en el modelo educativo ni siquiera en el reparto de la riqueza, porque todo divide y desmoviliza; como se decía hace cuatro años: es viejo. El objetivo es crear una fuerte polarización nosotros-ellos que permita el acceso rápido al poder. Como el movimiento es solo movimiento y está vacío ideológicamente, cabe la izquierda, la derecha y, como Trump ha dejado claro, la ultraderecha.

“El PP está enfadado porque Esperanza Aguirre no podrá ir en coche donde quiera”, sostenía un tuit hace días acerca de la campaña popular contra los planes de movilidad del ayuntamiento de Madrid. Falso. Aguirre podrá hacer lo que dé la gana porque tiene capital, el concepto que otorga derechos en el siglo XXI y que el ayuntamiento no cuestiona por el vacío ideológico. Aguirre podrá comprarse exactamente el tipo de vehículo que le exija la normativa y modificarlo para adaptarse a cualquier escenario. Si el ayuntamiento pide viajar en una cuádriga, Aguirre podrá pagarla. Además, es residente en el centro de la ciudad, la zona restrigida.

La insistencia del PP de Madrid en atacar los planes de movilidad del ayuntamiento busca “crear pueblo”.

Es una cuestión en la que es importante no dejarse llevar por la primera impresión. Las personas afectadas por esta normativa no serán las esperanzasaguirre, sino otro tipo de usuario: el pauer, es decir, la persona de unos cuarenta años que ocupó las zonas que se urbanizaron en la burbuja (Programa de Actuación Urbanística) con la que comenzamos el siglo.

La mayoría de estos nuevos barrios están en el norte de Madrid, pero también las hay en el resto de puntos cardinales, como el de Vallecas. Y, sobre todo, en las localidades que rodean la ciudad: de Tres Cantos a Móstoles, de Majadahonda a Coslada. Su hábitat suele ser la urbanización, ese edificio que no mira hacia la calle, sino al interior. Un pequeño búnker emocional.

El pauer que trabaja en Madrid y que después de trabajar de nueve a siete tiene que regresar velozmente a su hábitat para recoger a sus niños de las actividades extraescolares o de la casa de los abuelos antes de hacer la cena. Cualquier complicacion en la movilidad complica mucho su vida personal y las restricciones pueden hacerlo. Y, a diferencia de los esperanzaaguirre no tiene dinero para comprarse el coche que el pidan.

La insistencia del PP de Madrid en la defensa del coche busca aglutinar ese cabreo, una estrategia habitual en los republicanos estadounidenses que también suelen usar mucho la palabra libertad para defender el solipsismo. Un ayuntamiento del PP también cerrará el centro. De hecho, el consistorio de Ana Botella ya creó un Área de Prioridad Residencial en el centro que ampliaba un plan de Ruiz Gallardón. Solo están “creando pueblo”.

La defensa del coche no tiene nada que ver con el coche porque la industria del automóvil apenas ha abierto la boca. Uno de los principales sectores en inversión publicitaria en prensa seguro que podría hacer que los medios abrieran sus páginas a las posiciones contarias a los planes de movilidad. Por ejemplo, según los datos de la Aema (Agencia Europea del Medio Ambiente), el 13% de las partículas contaminantes en los 28 países de la Unión Europea son ocasionados por el transporte por carretera, mientras que la climatización de viviendas particulares, tiendas, centros comerciales y edificios institucionales llega al 56%. Es decir, quitar la calefacción de esos grandes almaneces puede ser tan importante como un plan de movilidad.

La industria del automóvil no lo hace porque están totalmente de acuerdo con las restricciones que, obsérvese, son transversales. Lo único que piden es controlar el ritmo. Esos planes, tras el cabreo incial, provocarán que esos pauers, como el resto de ciudadanos, tengan que renovar sus coches. Es decir, entre todos pagaremos la reconversión del sector automovilistico que, cabe recordarlo, ha salido indemne de la manipulación de emisiones. Siempre, antes de guiarse por la intuición, hay que ver el camino que sigue el dinero.

El yo ya no es lo que era

martes, 22 de enero de 2013

Hace años, leí un libro donde un escritor explicaba la relación con su padre. Me llamó la atención la ausencia de pudor, que rozaba el exhibicionismo al hablar de sus relaciones sexuales. Esa obra me recordó a otras muchas, sobre todo, cómics: American Splendor, de Harvey Pekar; Píldoras azules, de Frederik Peeters; Persépolis, de Satrapi; María y yo, de Gallardo; La ascensión del gran mal, de David B o Blankets, de Craig Thompson. Todas ellas explican desde un yo a pelo enfermedades o traumas. En una de ellas, Blankets, el autor explica los abusos sexuales que sufieron su hermano y él en la infancia. He recordado esas obras al leer esto en El País:

Leigh Ledare empezó a hacer ruido allá por 2010, cuando el PS1 de Nueva York –sucursal del MoMA para el último arte contemporáneo— le seleccionó para la gran exposición que organiza cada cinco años para destacar lo más prometedor de la escena local. El verano anterior, ya había llamado la atención en los prestigiosos Encuentros Fotográficos de Arles. La comisaria invitada, un mito de la fotografía contemporánea como Nan Goldin, le escogió como uno de los nombres a tener controlados en el radar. Sus imágenes retrataban a una pelirroja de mediana edad practicando sexo con amantes más jóvenes a lo largo de ocho años. Otra serie sobre ese oscuro objeto del deseo, pensaron algunos. Hasta que, al leer la letra pequeña, descubrieron que Tina Peterson, antiguo prodigio de la danza clásica reconvertida en madura bailarina de striptease, era también su madre.

De la banalidad pornográfica, sus imágenes pasaron a la categoría de provocación limítrofe con el incesto. “Es una lectura inicial posible, pero no hay que confundirse”, alega un flemático Ledare, de 35 años, aspecto de hipster jubilado con residencia en Brooklyn y respuestas más sesudas que sensacionalistas. “No estoy documentando la actividad sexual de mi madre, sino estudiando la condición de la mujer frente a las convenciones de nuestra cultura, al ideal que debe encarnar toda madre y esposa. Cuando una mujer se aleja del arquetipo, se la considera una desviada y una pervertida”, explica. “En el fondo, no estoy hablando de algo tan extraordinario: solo es una mujer que practica sexo”.

El fotógrafo estadounidense protagoniza su primera retrospectiva europea, que acaba de hacer escala en el Kunsthal Charlottenborg de Copenhague, donde será expuesta hasta el 12 de mayo. La comisaria de la muestra, Elena Filipovic, analiza el supuesto escándalo en los mismos términos: “A pesar de la omnipresencia del porno en nuestra sociedad, la madre como sujeto sexualizado sigue siendo un tabú inquebrantable”. Y si es su hijo quien participa en su erotización, todavía más. Ledare sostiene que todos sus proyectos giran en torno a la voluntad de “observar lo que permanece oculto, lo que produce vergüenza y preocupación moral”. Por eso admira a Larry Clark, de quien fue asistente durante los noventa. “Pero también a Fassbinder, Mike Kelley o Judith Butler, quienes se especializaron en hacer el mismo tipo de preguntas embarazosas”, añade.

Para el fotógrafo, su trabajo consiste en ponerse a sí mismo en situaciones incómodas. En una de sus primeras series fotográficas, escogió al azar anuncios de contactos en el periódico y pidió a las solicitantes que le fotografiaran en su posición preferida. En una de las últimas, volvió a apostar por otro experimento tan pernicioso como revelador. Se marchó de fin de semana con su exmujer y documentó el reencuentro con su cámara. Dos meses después, le pidió que repitiera la experiencia. Pero esta vez no con él, sino con su nuevo marido. La musa de ambos fotógrafos era la misma, pero la mirada fría y resentida de unas imágenes se volvía tierna y seductora en las otras. “Mi obra quiere ser como un diagrama de las relaciones de poder que subyacen bajo las situaciones corrientes”, concluye Ledare. En sus imágenes, lo anodino esconde lo malsano y lo intolerable conduce hacia lo esclarecedor. Limitarse a llamar al escándalo supone quedarse corto.

Hasta que descubrieron era también su madre. […] Se marchó de fin de semana con su exmujer y documentó el reencuentro con su cámara. Dos meses después, le pidió que repitiera la experiencia. Pero esta vez no con él, sino con su nuevo marido.

Todos los escritores escriben siempre sobre ellos mismos, pero utilizando técnicas narrativas. La principal, la narración, la ficción o la distancia, como queramos llamarla, aunque después se narren hechos reales en primera persona. Sin embargo, en todas las obras del primer párrafo, había un nuevo narrador que nacía de una confusión entre lo personal, lo social, lo laboral y lo íntimo (lo que se puede mostrar y lo que no). En todas esas obras, al valor artístico se le añadía otro factor: la verdad. Las influencias son múltiples (periodismo humano, uso político de la intimidad, la telerealidad o las redes sociales, etc.). Reducirlo al morbo es muy simple. Quizá esas palabras, yo y verdad, están dejando de ser lo que eran. Habrá que preparar la cabeza para una dolorosa y dulce esquizofrenia, de la que nos advirtieron Deleuze y Guattari.

Manifiesto: En defensa de los derechos fundamentales en Internet

jueves, 3 de diciembre de 2009

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economí­a sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artí­culo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurí­dica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economí­a, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberí­an buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creí­bles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias polí­ticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economí­a sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

Fotos y calles

viernes, 25 de septiembre de 2009

Leo:

Rodolfo Ares: “¿Alguien se imagina Berlí­n repleta de fotografí­as de asesinos nazis?”

No pero no estábamos hablando de Alemania, sino de España.

madrid

calles

callejero

Pepevergencia

miércoles, 5 de agosto de 2009

Si yo fuera el Bruno Gianelli del PSC (personaje ya ocupado y superado por Pepe Zaragoza, admirado y respetado en este blog) , aprovecharí­a este titular:

Rajoy asegura que el PP está ya en el centro y que puede pactar con PNV, CiU o el BNG 

para presentar en sociedad un nuevo concepto:

pepevergencia

primo de esa señora respetable llamada sociovergencia, tan querida en Madrid como desdeñada en Catalunya. Ay, las provincias.

Como todas las nuevas palabras, lo primero es parirla en un sesudo artí­culo (preferiblemente en La Vanguardia), dejar que se amamante con referencias en otros artí­culos menos sesudos (en varios medios) y que zascandilee en su adolescencia por ruedas de prensa, tertulias, programas de humor y barras de bar hasta que alcance su madurez a inicios del nuevo año en, quizá, un librico de 120 páginas de esos que dan gratis con un vino si te enteras de dónde es la presentación.

Así­, el concepto pepevergencia llegarí­a hecho y derecho a las próximas elecciones autonómicas, donde Pepe Zaragoza lo podrí­a usar en una de esas campañas (tan bien diseñadas) que tanto le gustan, ¿qué tal un Artur Mas quitándose una careta al estilo Misión Imposible para dejar salir, sucesivamente, a Alicia Sánchez-Camacho, Duran, Rajoy, claro, Aznar?, ¿qué tal aprovechar el parecido de Artur Mas con el prí­ncipe de Shrek para hacer una escena con la princesa Sánchez Camacho?, ¿algún juego entre Pepe Vergencia y Pepe Montilla? Todo está por hacer.

Por si algún veraneante liberal le habla de la flexiseguridad danesa

martes, 28 de julio de 2009

Cuando le hablen de la legislación laboral danesa y le digan que su paro es del 4%, puede responder con esta información de agencias publicada por el diario cincodí­as el pasado 14 de octubre, un dí­a después de que mi amigo Gonzalo cumpliera 34 años:

El salario medio anual en España es un 34% más bajo que en el resto de la Unión Europea, según el estudio publicado ayer por Adecco y el IESE, que hace referencia a datos de 2006. Este informe señala que el salario medio anual bruto en la UE alcanzó los 32.414 euros, mientras que en España se situó en 21.402 euros. Además, apunta que en paí­ses como Dinamarca, Reino Unido o Alemania la remuneración promedio supera los 40.000 euros, cuando en los paí­ses del Este no llega a 10.000.

Lo peor del estudio es que las cifras subrayan que la diferencia entre España y el resto de la Unión ha ido en aumento. Entre 2002 y 2006 la remuneración promedio en la UE tuvo un incremento real del 3,9%, mientras que en España fue de sólo un 1,3%. De hecho, se convirtió en el único paí­s de la muestra que, estando por debajo de la media, no se aproximó a ella. En lo que sí­ ha mejorado España respecto al resto de Europa es en la brecha salarial entre hombres y mujeres. La media europea sitúa el salario de los hombres un 15% superior a los de las mujeres, mientras en España, la diferencia es del 13%. El estudio advierte que España ha pasado de crear el 90% del empleo generado en la UE, a sólo un 3% ahora.

Despedir en España es fácil y barato, muy barato. Resulta más barato pagar 33 dí­as por año trabajado a alguien que cobra 21.402 que 22 dí­as por año a otro que cobre más de 40.000. Estamos hablando del doble de pasta. ¿Cómo se acorta esta diferencia de salario para que vaya donde uno vaya este (fuese donde uno fuese estaba) lleno de españoles? El crédito.

Si quiere seguir la conversación, observe un dato de la información:

España ha pasado de crear el 90% del empleo generado en la UE

Es decir, que además de la burbuja de la construcción, ha habido una burbuja laboral que se está desinflando.

Y una cosa más que nos da esta información del economista de hace unos meses:

La economí­a sumergida en España supone un 23% del PIB: son 208.000 millones de euros

PD: La pasada Semana Santa, fui con mi hijo a una peluquerí­a del Puerto de Santamarí­a, donde mi abuelo pasa el invierno con mi tí­a. Un tipo se levantó y dijo: esto del paro está haciendo mucho daño. Ahora, entregas un presupuesto y te salen dos o tres parados que hacen por la mitad.

Sobre todos

viernes, 19 de junio de 2009

La nieve cae lentamente sobre todos los vivos y todos los muertos.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=WhgMDxBn4fw[/youtube]

I am in blood, stepp’d in so far, that, should I wade no more, returning were as tedious as go o’er.

He ido tan lejos en el lago de la sangre que, si no avanzara más, retroceder serí­a tan difí­cil como ganar la otra orilla.

Macbeth, escena IV. William Shakespeare.

Eup!

miércoles, 13 de mayo de 2009

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=nuBaQUOIHMc[/youtube]