Archivo de la categoría "Cuaderno Portugués"

Periodismo 3.0, 4.0, 5.0, etc…

viernes, 4 de diciembre de 2009

Leo está información de Patrick Winn en lainformacion.com:

Sangre animada, la nueva era de la prensa en Hong Kong

En Hong Kong y Taiwán triunfan las noticias contadas en animaciones digitales online o en formato para los teléfonos móviles. Y si son escabrosas y contienen violencia, mejor.

(…)

Los ví­deos, con un atractivo similar al de videojuegos como Grand Theft Auto, se producen en cuestión de horas. Hace poco, sólo un dí­a después del asesinato de un policí­a, los tabloides de Apple Daily publicaban la recreación del crimen, en la que incluí­an el corte de pelo del sospechoso, el tamaño de la navaja y el rí­o de sangre que emanaba del cuello de la ví­ctima.

Este verano escribí­ una historia de ciencia-ficción titulada Yo maté al último periodista. En ella, Alex, un reportero de RSV (realidad sensovirtual), narra en su LiveBlog su trabajo en la guerra civil estadounidense, sus sesiones de sensaciones y el descubrimiento azaroso de los sucios manejos de Harry Wattgenstein, estrella de la infoficción.

Todo era una excusa para divagar cómo puede evolucionar el periodismo. En mi historia, la actual crisis se prologará hasta que los medios sean

colonizados por creadores de contenidos; no comprados, no hizo falta. En algunas ocasiones, eran grandes empresas que ya se dedicaban a los medios como agencias de información, productoras de ficción o transmisión de señal pero, en otras, fueron operadoras de telecomunicaciones, grupos inversores o grandes empresas que nada tení­an que ver con la comunicación como constructoras o energéticas”.

La estructura pasó a ser atomizada, como en el resto de empresas. La marca subcontrataba servicios y contenidos diariamente y la continuidad dependí­a de la rentabilidad. Ese sistema duró poco precisamente por la disgregación. La convergencia de las tecnologí­as de radio, tv, Internet y dispositivos móviles permitieron que proliferarán los emisores de contenidos, término que sustituyó a medios de comunicación en la segunda mitad de los 10. La mejora de los programas de traducción e inserción los multiplicó exponencialmente. Casi cualquier persona desde su casa podí­a ser un emisor y, bien crearse una marca, bien integrarse en alguna conocida.

(…)

El periodismo parecí­a que estaba muerto pero resucitó a lo grande con el hiperperiodismo, el periodismo 3.0. Las empresas que habí­an comprado las marcas de los antiguos medios se dieron cuenta de que atomización tení­a más desventajas que beneficios. El desarrollo, simplificación y abaratamiento, de las tecnologí­as de producción y la flexibilización de los derechos de autor habí­a hecho que cada contenido original, por el que se pagaban grandes cantidades, pudiera quedar oscurecido por sus secuelas, homenajes o caricaturas. Tras los dos o tres primeros capí­tulos, la audiencia de las series se dividí­a entre multitud de emisores de contenidos que ofrecí­an a cada uno justo lo que querí­a ver. Más acción, más sexo, que este sea más protagonista, que aquel desaparezca.

Para responder a la competencia producida por el exceso de contenido, las corporaciones que poseí­an las marcas decidieron ir al peso. Las informaciones pasaron a ser nubes de información, infoclouds. Un reportaje sobre un conflicto en China podí­a tener entrevistas a protagonistas de la información, expertos y gente afectada, pelí­culas, música tradicional, documentales, recreaciones y, claro, la hiperpublicidad, posibilidad de sacar billetes para ir al conflicto o de pedir la comida tradicional en una hora. Y, si se te cansaba la vista, imprimirte un infolibro con los contenidos que eligieras.

(…)

La holografí­a entró en el hiperperiodismo como una posibilidad más que ofertar al peso y nadie le dio importancia. El elemento que la convirtió en el caballo de Troya fue la tecnologí­a sensitiva desarrollada por Blusens a mediados de los años 20, cuando el hiper estaba en su mayor auge. Mediante un sistema de impulsos sensoriales, simplificados en un aparato similar a un casco de motocicleta, lograban que te situaras dentro del hecho como un espectador: ver, oí­r y callar y no tratar de tocar nada porque eran hologramas, aunque fueran en 3D.

El clima o los olores llegaron después y ni se podí­a pensar entonces en la transmisión de las sensaciones neuronales, como el miedo, el deseo o la violencia, que logra la RSV pero estaba muy bien. Hay mucha gente que, teniendo acceso a la RSV, prefiere oí­r, ver y callar. Creo que yo serí­a uno de ellos, si pudiera elegir.

Y en otro capí­tulo:

Las recreaciones, holografí­a interactiva, habí­a comenzado en las páginas de sexo, se habí­a extendido a los contenidos recreativos, de ficción y no ficción, y entró en los informativos por la sección de deportes, como la mayorí­a de innovaciones. Las operadoras ofrecí­an el servicio de vivir el partido justo cuando acabara o estar dentro de las mejores jugadas en los resúmenes posteriores. Ahora, con la RSV, puedes estar dentro del partido y, en algunos casos, jugarlo pero es un contenido que ni nos planteamos porque los derechos valen demasiado. Nos conformamos con entrenamientos. De los deportes, las recreaciones pasaron a los espectáculos y a la cultura y, después, a los sucesos. El terreno de Watto.

Al principio, las holografí­as eran explicativas pero Watto descubrió que los huecos se podí­an llenar de la misma manera que lo habí­a hecho el periodismo sensacionalista de finales del XX y el periodismo en general en el XXI: con suposiciones hasta tener un relato coherente más consigo mismo que con la realidad. Cuando habí­a un hecho violento mediático, crí­menes escabrosos o matanzas colectivas, su equipo confeccionaba una recreación que permitiera a los espectadores estar dentro de la noticia: ver cómo se preparaban los que iban a matar, cómo viví­an los que iban a morir, cómo se habí­a producido la matanza y, dependiendo de las circunstancias, cómo iban las investigaciones policiales o cómo habí­a sido el cerco y, habitualmente, la muerte de los asesinos.

Watto lo hací­a como nadie porque, al contrario que la mayorí­a de tipos de su generación, vio una oportunidad en lugar de un problema. Contrató un equipo de holografí­a de la ILM de George Lucas y a guionistas de contenidos de ficción. Sus recreaciones eran cojonudas y consiguieron que un producto informativo volviera a tener audiencias mayoritarias como en el siglo XX. Cuando Dennis decí­a que, si hay que escoger entre historias, siempre ganarán las mejor contadas, con los protagonistas más atractivos, escenas más truculentas y finales más sorprendentes, pensaba en él. Lo de infoficción lo inventaron para él.

Voy a colgar el texto porque la realidad me va a acabar pillando cualquier dí­a de estos.

“La derecha es optimista y la izquierda, pesimista”

miércoles, 24 de junio de 2009

El sabio Manolo Portela recupera un artí­culo impescindible de Daniel Innerarity sobre “la izquierda melancólica y reparadora”. Se publicó el siete de septiembre de 2007 pero podrí­a haber sido hoy porque todo sigue no igual, peor.

Salir del pesimismo

A un personaje del Torquato Tasso de Goethe le debemos una formulación que probablemente sea el paradigma de todas las disculpas: “De lo que uno es / son los otros quienes tienen la culpa”. Esta convicción no explica nada pero alivia mucho; sirve para confirmar a los nuestros frente a ellos, esquematiza las tensiones entre lo global y lo local o proporciona un código elemental para las relaciones entre la izquierda y la derecha. Podemos estar seguros de que algo de este planteamiento sostiene la confrontación polí­tica cuando el discurso encaminado a mostrar que los otros son peores ocupa todo el escenario. Pero revela muy propia confianza en el propio proyecto, ideas y convicciones.

Así­ funciona, con escasas excepciones, el actual antagonismo entre la izquierda y la derecha. Por eso los análisis que en estas mismas páginas han hecho Sami Naí¯r de la polí­tica de Sarkozy o José Marí­a Ridao acerca del entorno ideológico de Bush son magní­ficas descripciones de lo equivocada que está la nueva derecha, pero dicen muy poco acerca de lo débil que es la izquierda. ¿Y si invirtiéramos la máxima de aquel personaje de Goethe y pensáramos qué culpa tiene la izquierda en el triunfo de la derecha? Este tipo de análisis suelen ser más provechosos porque no se enturbian con el prejuicio de pensar que si nuestros competidores son muy malos, entonces nosotros tenemos necesariamente razón. Creo que buena parte de lo que le pasa a la izquierda en muchos paí­ses del mundo es que se limita a ser la anti-derecha, algo que no tiene nada que ver, aunque lo parezca, con una verdadera alternativa. Se ha dicho que la izquierda tiene dificultades en movilizar a su electorado y hay quien piensa que esa operación vendrí­a a ser, no tanto despertar la esperanza colectiva como inquietar al electorado para ganarse la preferencia que resignadamente nos hace decidirnos por lo menos malo.

Por decirlo sintéticamente: hoy la derecha es optimista y la izquierda pesimista. Tal vez el antagonismo polí­tico se articule actualmente más como disposición emocional que como proposición ideológica. Lo que ocurre es que las emociones y las ideas se relacionan más estrechamente de lo que solemos suponer. Si examinamos las cosas de este modo, percibiremos el desplazamiento ideológico que está teniendo lugar. Tradicionalmente la diferencia entre progresivo y conservador se correspondí­a con el pesimismo y el optimismo, en el orden antropológico y social. Mientras que el progresismo se inscribí­a en un desarrollo histórico hacia lo mejor, el conservadurismo, por decirlo con expresión de Ernst Bloch, ha estado siempre dispuesto a aceptar una cierta cantidad de injusticia o sufrimiento como un destino inevitable. Pero esto ya no es así­, en buena medida. El estado de ánimo general de la derecha, que tiene su mejor exponente en Sarkozy, es todo lo contrario de la resignación: decidida y activa, sin complejos, confiada en el futuro y con una firme resolución de no dejar a nadie el mando de la vanguardia. Esta disposición es lo que está poniendo en dificultades a una izquierda que, aun teniendo buenas razones para oponerse, no las tiene a la hora de proponer algo mejor. Si recoge las causas de los excluidos o se convierte en abogada del pluralismo, no lo hace para construir a partir de todo ello una concepción alternativa del poder, y eso se nota en la mala conciencia de quien sabe que no está haciendo otra cosa que reclutar aliados.

La izquierda es, fundamentalmente, melancólica y reparadora. Ve el mundo actual como una máquina que hubiera que frenar y no como una fuente de oportunidades e instrumentos susceptibles de ser puestos al servicio de sus propios valores, los de la justicia y la igualdad. El socialismo se entiende hoy como reparación de las desigualdades de la sociedad liberal. Pretende conservar lo que amenaza ser destruido, pero no remite a ninguna construcción alternativa. La mentalidad reparadora se configura a costa del pensamiento innovador y anticipador. De este modo no se ofrece al ciudadano una interpretación coherente del mundo que nos espera, que es visto sólo como algo amenazante. Esta actitud recelosa frente al porvenir procede básicamente de percibir al mercado y la globalización como los agentes principales del desorden económico y las desigualdades sociales, dejando de advertir las posibilidades que encierran y que pueden ser aprovechadas. Movilizar los buenos sentimientos e invocar continuamente la ética no basta; hace falta entender el cambio social y saber de qué modo pueden conquistarse en las nuevas circunstancias los valores que a uno le identifican.

La primera dificultad de la izquierda para configurarse como alternativa esperanzadora procede de esa especia de “heroí­smo frente al mercado” (Zaki Laí¯di) que le impide entender su verdadera naturaleza y le hace pensar que el mercado no es más que un promotor de la desigualdad, una realidad antisocial. Para una buena parte de la izquierda razonar económicamente es conspirar socialmente. Piensa que lo social no puede ser preservado más que contra lo económico. La denuncia ritual de la mercantilización del mundo y del neoliberalismo procede de una tradición intelectual que opone lo social a lo económico, que tiende a privilegiar los determinismos y las construcciones frente a las oportunidades ofrecidas por el cambio social. Desde este punto de partida es difí­cil comprender que la competencia es un auténtico valor de izquierda frente a las lógicas de monopolio, público o privado, sobre todo cuando el monopolio público ha dejado de garantizar la provisión de un bien público en condiciones económicamente eficaces y socialmente ventajosas.

Y es que también hay monopolios públicos que falsifican las reglas del juego. A estas alturas sabemos bien que existen desigualdades producidas por el mercado, pero también por el Estado, frente a las que algunos se muestran extraordinariamente indulgentes. En ocasiones, garantizar a toda costa el empleo es un valor que debe ser contrapesado con los costes que esta protección representa respecto de aquellos a los que esa protección impide entrar en el mercado de trabajo, creando así­ una nueva desigualdad. Enmascarada tras la defensa de las conquistas sociales, la crí­tica social puede ser conservadora y desigualitaria, lo que explica que la izquierda está actualmente muy identificada con la conservación de un estatus.

Esta actitud conservadora podrí­a redefinirse en términos de innovación polí­tica modificando los procedimientos en orden a conseguir los mismos objetivos: se trata de poner al mercado al servicio del bien público y la lucha contra las desigualdades. La nostalgia paraliza y no sirve para entender los nuevos términos en los que se plantea un viejo combate. No es que una era de solidaridad haya sido sustituida por una explosión de individualismo, sino que la solidaridad ha de articularse sobre una base más contractual, sustituyendo aquella respuesta mecánica a los problemas sociales consistente en intensificar las intervenciones del Estado por formulaciones más flexibles de colaboración entre Estado y mercado, con formas de gobierno indirecto o promoviendo una cultura de evaluación de las polí­ticas públicas.

Y la otra causa de que la izquierda presente actualmente un aspecto pesimista es su concepción únicamente negativa de la globalización, que le impide entender sus aspectos positivos en orden a la redistribución de la riqueza, la aparición de nuevos actores o el cambio de reglas de juego en las relaciones de poder. Al insistir en las desregulaciones vinculadas a la globalización, la izquierda corre el riesgo de aparecer como una fuerza que protege a unos privilegiados y rechaza el desarrollo de los otros. Es cierto que la dinámica general del mundo nunca habí­a sido tan poderosa, pero también tan prometedora para muchos.

Por eso la izquierda del siglo XXI debe poner cuidado en distinguirse del altermundialismo, lo que no significa que no haya problemas graves a los que hay que buscar una solución, sin ceder a la letaní­a de deplorar la pérdida de influencia sobre el curso general del mundo. En lugar de proclamar que “otro mundo es posible”, más le vale imaginar otras maneras de concebir y actuar sobre este mundo. La idea de que no se puede hacer nada frente a la globalización es una disculpa de la pereza polí­tica. Lo que no se puede es actuar como antes. La izquierda no se librará de ese pesimismo que la atenaza mientras no se esfuerce en aprovechar las posibilidades que genera la mundialización y orientar el cambio social en un sentido más justo e igualitario.

Un proyecto polí­tico tiene que encarnar una esperanza, razonable e inteligente, o no pasará de ser más que la inercia necesaria para seguir tirando.

Ir tirando.

Generación I

martes, 16 de junio de 2009

“Jamás te perdonaré que me hayas jubilado doce años antes”. La frase se la dijo Manuel Fraga Iribarne a Aldolfo Suárez en los baños del Congreso de los Diputados. Suárez es, de momento, el polí­tico más odiado e insultado de la democracia española; Zapatero lo está alcanzando pero aún tiene trecho que recorrer. La clave de ese odio, una de ellas (nada lo explica todo), es esa jubilación prematura de una generación que se consideraba preparada y destinada a hacer lo que hizo la generación de Suárez. Lo mismo sucede con Zapatero. En el libro recomendable de Javier Cercas sobre el 23-F se habla mucho del odio que concentró Suárez pero apenas hay nada sobre la dialéctica generacional como causa. También se ha hablado mucho sobre la crisis de la socialdemocracia europea, de la que sólo se salva España, y nada se ha dicho del relevo generacional que sí­ ha hecho España y se posterga en Italia, Francia o Alemania. Las crí­ticas al actual grupo dirigente del PSOE vienen de los postergados generacionalmente y, más ampliamente, la tensión generada por la llegada de Zapatero hay mucho de factor generacional, lo mismo que en la aparición de UPD. Y quizá el generacional también es un factor a tener en cuenta en los resultados electorales de Galicia, lo mismo que en la solidez del PP en Valencia y Madrid o del PSOE en Andalucí­a.

Todo comienza con Hegel. Un tipo que (simplificándolo) dijo que todo nace de la lucha de los contrarios anteriores o, más concretamente, de las contradicciones de lo anterior; la dialéctica, vamos. Si está pensando en tesis, antí­tesis y sí­ntesis, va bien, pero esos términos son de Fitche, un pelí­n anterior. La influencia de Hegel es tan amplia que no se distingue, como el paisaje, y son más reconocibles los discí­pulos que se centraron en campos concretos. Hubo quien se fijó en la lucha de clases como motor de la historia o quienes se centraron en la raza, la nación, la religión o su continuací¬ón laica, la ideologí­a o quien pensó que era (es) la voluntad de poder de determinados hombres la que hací­a (hace) moverse la historia. También hubo otros que se fijaron en el factor generacional; es decir, cómo una generación, independientemente de factores como la clase o la religión, se enfrenta a otra para sustituirla. Se trata de un elemento de análisis que ha tenido una amplia implantación en el arte donde ha llegado a colonizar su cronologí­a; la historia del arte es la de sus movimientos generacionales (muy tramposos, claro, nada cambia de todo ni permanece siempre. Si no la han leí­do, vayan a comprar Manual de literatura para caní­bales de Rafael Reig donde pelean desaforadamente naturalistas contra románticos o noventayochistas contra modernistas) y te dan por el saco si decides quedarte fuera como los personajes de la saga de Reig. Sin embargo, la dialéctica generacional ha tenido muy poca extensión a otros campos, como la polí­tica. Vamos a jugar.

Generación es un concepto extensivo en sus datos. No es un chispazo. Podrí­a decirse que es el colectivo en el que uno se integra (o lo integran) en un periodo histórico concreto para desarrollar una acción extensiva con consecuencias en uno o más ámbitos de la sociedad. Una generación tiene que reconocerse o ser reconocida y hacer algo importante; no vale con creérselo y hacerse una foto. Pero vamos a Suárez y a Zapatero.

En polí­tica española, a los que Ganaron la Guerra (o la Perdieron) les sucedieron los que Modernizan el Franquismo (momento inmortalizado en La escopeta nacional) y a éstos los que Hacen la Transición. Cuando el Rey logra la dimisión de Arias Navarro, los que Modernizan el Franquismo (MF) esperan su turno. Areilza, Fraga, Osorio, López de Letona o Silva Muñoz, entre otros, están pendientes del teléfono pero el que suena es el de Suárez, un tipo sin credenciales, sin carrera, sin viajes, sin ná de ná, coño. Un tipo cuyo nombramiento significa un relevo generacional y los MF se suben por las paredes. Ninguno de ellos quiso participar en el primer Gobierno Suárez que acabó llamándose de PNN (profesor no numerario), precisamente por la juventud de sus miembros. Con su gesto de desprecio, los MF contribuyeron a formar otra generación, la de los que Hacen la Transición (HT) o, mejor dicho, HTI, Hacen la Transición Inmaculada.

El relevo se extiende al resto de los partidos. El PSOE fue el que mejor lo entiende y una nueva generación se carga al partido de la Guerra y el Exilio; los que ahora protestan porque no se tiene en cuenta el valor de la experiencia se cepillaron sin contemplaciones a sus ‘mayores’ polí­ticos como Luis Gómez Llorente, Alonso Puerta o Paco Bustelo. El PCE fue de los que menos porque los de la Guerra y el Exilio eran más (de hecho, eran todos porque se trataba de un legado psicológico) y su legitimidad, mayor. A la derecha, el relevo generacional le costó pero llegó con Aznar que, tal y como dijo, hizo la transición. Este relevo polí­tico se simultaneó con un relevo generacional en la intelectualidad, en la cultura y en los medios. Tipos de 20-30 años eran alcaldes, ministros o directores de periódicos y, como explica Cercas, jugaban con todo como lo hacen los niños en la mañana de Reyes Magos. Lo mismo especulaban con golpes blandos y gobiernos de concentración que montaban (o continuaban) grupos de guerra sucia o reconversiones industriales o polí­ticas económicas. Todo está perdonado porque todo salió bien y todo salió bien porque estamos aquí­ y somos nosotros (aunque este último razonamiento es muy complejo).

Esa generación, la de los que Hacen la Transición Inmaculada sigue (los 80), sigue (los 90) y sigue (siglo XXI) creando un tapón considerable y sólo es cuestionada, un poquito, por el naciente poder territorial (al que, claro, esa generación odia y es una de las razones del nacimiento de UPD, el partido del benecol). El primer gran signo de relevo llega en el Congreso del PSOE que elige a Zapatero. Podrí­a haber sido Bono, de la HTI, pero fue Zapatero, que es de otra generación aún sin nombre (puede ser Lí­quida, Ikea, Bajo Coste o Hundimiento Total). Enseguida, los odios. Este tí­o es un frí­volo, no sabe lo que hace, está jugando con cosas que costaron mucho tiempo hacer, quiere cuestionar todo lo anterior. Claro, como todas las generaciones anteriores, esta llega al poder y lo toca todo, lo prueba todo y juega con todo para ver qué pasa. Y, sobre todo, busca su proyecto desde lo que hicieron los demás pero sin darlo por hecho (es la diferencia entre la primavera, que sucede cada año, y Windows, que no tiene por qué ser el sistema operativo de tu ordenador). El PP no ha tenido ese relevo. Rajoy no pertenece estrictamente a la HTI pero es un pancho (concepto que explicaremos más adelante) de la HTI y, por eso, es casi seguro que volverá a perder con Zapatero. No le ocurrirí­a lo mismo a Ruiz-Gallardón, un orlando (concepto que también explicaremos más adelante)  de la HTI.

La intelectualidad, la cultura y los medios han ido cada uno a su ritmo. La cultura, que se mueve por el mercado y tiene que cambiar, ha sufrido relevos aunque el debate sobre el intercambio de archivos tiene mucho de generacional y no sólo por la edad de los defensores de la tecnologí­a y la del grupo dirigente de la SGAE. No tengo datos para hablar sobre la intelectualidad (y no es un chiste) pero sí­ sobre los medios de comunicación porque, de todos los campos, es al que más se aferra la HTI gracias a un sistema de mutua ayuda generacional, tú me invitas a tu tertulia de la radio y yo te pido un artí­culo para mi periódico online. Tan sólo (hablo de Madrid, claro) la constelación que rodea a Jiménez Losantos y la naciente alrededor de Público han sacado la cabeza. En el resto de medios opinan los mismos que opinaban hace 30 años. Zapatero, (ojo, no Rajoy ni Rosa Dí­ez), como fue Suárez, es el sí­mbolo de que hay gente esperando a la puerta para sentarse en su silla.        

Laboa

lunes, 1 de diciembre de 2008

Ez nau izutzen negu hurbilak
uda betezko beroan
dakidalako irauten duela
orainak ere geroan
nolabaitezko kate geldian
unez uneko lerroan
guztia present bihurtu arte
nor izanaren erroan.

Ez nau beldurtzen egunsentian
arnas zuridun izotzak
nun dirudien bizirik gabe
natura zabal hilotzak
eguzki eder joan guztian
argia baitu bihotzak
eta begien milla ernegai
iraganaren oroitzak.

Ez nau larritzen azken orduan
arnasa galdu beharrak
bide xumea hesituarren
amildegiaren laarak,
ardo berriak onduko ditu
mahastietan aihen zarrak
gure oraina arrazoiturik
beste batzuren biarrak.

Ez nau iluntzen baratzatikan
azken loreak biltzeak
muga guztien arrazoi billa
arnas gabe ibiltzeak
arratsaldeko argi betera
zentzu denak umiltzeak
amets betezko loa baitakar
behin betirako hiltzeak.

Mikel Laboa

No me asusta el cercano invierno
en el calor del pleno verano
porque sé que el ahora permanece en el después
como en una quieta cadena,
en la lí­nea que forman los instantes,
hasta qué todo se vuelve presente
en el fondo del ser.

No me asusta al amanecer,
el hielo de aliento blanco,
donde parece sin vida
la vasta naturaleza muerta,
ya que el corazón tiene la luz
de todos los hermosos soles pasados
y el recuerdo del pasado,
un millar de ánimos para los ojos.

No me preocupa tener que perder el aliento
en el último momento,
aunque el acantilado
corte el humilde camino.
El nuevo vino endulzará
los viejos lamentos en las viñas.
Razonando nuestro presente,
(se hará) el mañana de otros.

No me entristece recoger
las últimas flores del huerto,
andar sin aliento
buscando una razón para todos los lí­mites,
humillar todos los sentidos
ante la plena luz del atardecer,
pues conlleva el sueño más profundo
morirse para siempre.

La memoria de las conchas

lunes, 8 de septiembre de 2008

Pepe Carvalho vuelve a Galicia para investigar un caso rutinario, un constructor que ha desaparecido dejando un considerable pufo. Allí­, va a la casa familiar en ruinas, que su tí­a-abuela se resiste a vender a pesar de haber tenido multitud de ofertas en los años del ladrillazo, y, como siempre que pasa por Galicia, va a comer al restaurante de Toñi Vicente. Dos dí­as después, salta el caso de las vieiras contaminadas que hacen perder la memoria y Carvalho es ingresado en el hospital, donde coincide con su tí­a-abuela. í‰sta, que sabe que va a morir y que Carvalho está perdiendo la memoria, le explica algún secreto relacionado con la guerra civil y la casa. Cuando le dan el alta, Carvalho no recuerda el caso que le ha llevado a Galicia y comienza a investigar la historia de su familia.

Es que sigo echándolo de menos. Ya hace casi cinco años.

Tres actitudes que predisponen a la estupidez

jueves, 29 de mayo de 2008

El sabio Manuel Portela nos regala este párrafo. 

Hace tiempo le psicólogo Robert. J Sternberg ya decí­a que la respuesta a esta contradicción entre inteligencia y estupidez se debí­a a que “las personas con mucho poder adoptan a menudo 3 actitudes que las predisponen a la estupidez:

  • La sensación de omnisciencia, que es el resultado de tener a su disposición esencialmente cualquier información que se desee y que, de hecho, es susceptible de ser conocida. El poderoso puede llegar a creer que realmente lo sabe todo.
  • La sensación de omnipotencia es el resultado del enorme poder que uno ejerce. En determinados ámbitos, uno puede hacer prácticamente lo que quiera.
  • La sensación de invulnerabilidad proviene de la ilusión de estar completamente protegido, como por un enorme equipo de gente.

(Sternberg, Robert J.- “Las personas inteligentes no son estúpidas, pero sin duda pueden ser tontas. La teorí­a del desequilibrio de la tonterí­a”
pp 283-295 Por qué las personas inteligentes pueden ser tan estúpidas (ed. Ares y Mares 2003)

Ven acá, hijo mí­o (Blues)

domingo, 4 de mayo de 2008

Como Caratriste ha sentenciado que “contar, narrar, relatar es imposible, sobre todo si se trata de hechos ciertos, de cosas en verdad acaecidas” he decidido hacer un Blues.

Ven acá, hijo mí­o (Blues)

Estrofa 1
José Murillo, conocido como Comandante Rí­os, era uno de los guerrilleros andaluces más buscados. Su hermana fue secuestrada con doce niñas más por unas monjas. Se las llevaron a un convento de clausura de Barcelona. Todaví­a hoy vive en el convento.

Estribillo
Un dí­a fueron a detener a una y ella gritó: Lenin, ven acá, hijo mí­o. El policí­a se volvió y le preguntó: ¿cómo le ha llamado al niño? Lo agarraron de las piernas y le estrellaron la cabeza contra la pared.

Estrofa 2
Emilia Girón, hermana del guerrillero Manuel Girón, “el León del Bierzo”. Fue llevada al calabozo media hora después de haber parido. Le dieron una paliza y fue desterrada a Salamanca. “Ya no lo volví­ a ver más. Yo preguntaba por el niño y me decí­an que estaba malo.

Estribillo
Un dí­a fueron a detener a una y ella gritó: Lenin, ven acá, hijo mí­o. El policí­a se volvió y le preguntó: ¿cómo le ha llamado al niño? Lo agarraron de las piernas y le estrellaron la cabeza contra la pared.

Estrofa 3
“Tuve un buen parto, pero después sufrí­ una infección que me mantuvo en cama seis meses. Con la excusa de que yo no estaba bien las monjas quisieron quitarme a la niña. Yo me negué, y por eso no me daban racionamiento para mi hija. Una vez insistieron tanto, que les contesté de mala manera: ‘Nunca os la daré. Antes la ahogo”.

Estribillo
Un dí­a fueron a detener a una y ella gritó: Lenin, ven acá, hijo mí­o. El policí­a se volvió y le preguntó: ¿cómo le ha llamado al niño? Lo agarraron de las piernas y le estrellaron la cabeza contra la pared.

Estrofa 4
El historiador Julián Casanova, que ha sacado a la luz los escalofriantes diarios del fraile capuchino Fray Gumersindo de Estella, agrega que dos monjas se llevaron a las hijas de las fusiladas a la casa de la maternidad.

Estribillo
Un dí­a fueron a detener a una y ella gritó: Lenin, ven acá, hijo mí­o. El policí­a se volvió y le preguntó: ¿cómo le ha llamado al niño? Lo agarraron de las piernas y le estrellaron la cabeza contra la pared.

Estrofa 5
“Cuando la ejecutaron, en el cementerio del Este, consiguió que, como última voluntad, el oficial que estaba al mando del pelotón, el que le dio el tiro de gracia, se comprometiera a llevar a la niña con su abuela. Cuando el militar volvió a la cárcel, la niña ya no estaba”.

Estribillo
Un dí­a fueron a detener a una y ella gritó: Lenin, ven acá, hijo mí­o. El policí­a se volvió y le preguntó: ¿cómo le ha llamado al niño? Lo agarraron de las piernas y le estrellaron la cabeza contra la pared.

Estrofa 6
El Patronato de Nuestra Señora de la Merced se encargaba de los hijos de reclusos. En 1942 tutelaba unos 9.000 niños y al año siguiente, 12.000, en centros de Auxilio social y colegios religiosos.

Estribillo
Un dí­a fueron a detener a una y ella gritó: Lenin, ven acá, hijo mí­o. El policí­a se volvió y le preguntó: ¿cómo le ha llamado al niño? Lo agarraron de las piernas y le estrellaron la cabeza contra la pared.

Oh, yeah.

Asesinato en Maitines

miércoles, 26 de marzo de 2008

Después del inasible éxito de la primera parte de Asesinato en Maitines, la compañera Eva Orúe ha tenido a bien volver a encontar un hueco en Divertinajes para la segunda (que no continuación; el sistema es similar al de Viernes 13 o Loca academia de policí­a).

Ya están disponibles las dos primeras escenas del primer capí­tulo Tránsito intestinal y La mujer que fue lunes.

Relato agostí­

viernes, 14 de septiembre de 2007

Los dí­as ya son más cortos, las noches ya son más luengas pero seguimos con la farsa.

Pueden descargarse el capí­tulo 3 de Asesinato en Maitines aquí­.

Relato agostí­

viernes, 31 de agosto de 2007

Ya pueden descargar aquí­ el segundo capí­tulo de Asesinato en Maitines e imprimirlo.

Se agradecerá cualquier comentario; sobre todo, los que descubran erratas, faltas de ortografí­a e incoherencias argumentales.