Carlos Sánchez Schrödinger y la materia oscura

Carlos Sánchez Mato, concejal del ayuntamiento de Madrid, se ha convertido en el sujeto del experimento cuántico de Erwin Schrödinger: existe y no existe simultáneamente. Su labor al frente de la concejalía de Economía y Hacienda será, previsiblemente, uno de los puntos fuertes de la próxima campaña electoral de la actual alcaldesa, de la que él no formará parte. No ha sido uno de los diez elegidos para repetir.

Su trabajo para reducir la deuda municipal partía de la decisión de reducir la deuda. Es algo que parece un silogismo, pero que implica salir del espectro de la gestión y situarse en la política. La deuda, como bien saben en Latinoamérica, está relacionada con uno de los principales debates que tenemos en Europa: la soberanía. Esa palabra, tantas veces malinterpretada, quiere decir “autoridad en la que reside el poder político” y tiene que ver con la capacidad de una sociedad para decidir su modelo social y económico. ¿Quién hace las leyes?, ¿cuál es el sistema de elección?, ¿cuáles son los flujos de capital? Soberanía no quiere decir frontera, sino Constitución.

Sus actuaciones concretas fueron la reducción del ritmo de amortización de deuda, la redistribución del IBI, la anulación de los contratos con agencias de calificación o el aprovechamiento de los recursos públicos. “Y no robar”, como señaló al presentar las cuentas de mitad de la legislatura. Pero, como es lógico, la gestión chocó con la política en una de los puntos fuertes del programa electoral: la auditoría de la deuda. Volvió a haber un nuevo choque con las imposiciones del gobierno del PP, pura política, y Sánchez Mato fue relevado de la concejalía de Economía y Hacienda. Pero su trabajo sigue siendo reivindicado por el actual equipo de gobierno en un uso cuestionable de la primera personal del plural.

Sánchez Mato pasó a situarse dentro de un espectro que podríamos llamar la matería oscura del ayuntamiento, un grupo diverso en el que puede haber alguien a quien le haya quedado grande un barrio, pero donde, sobre todo, se sitúan los que no han aceptado el modelo basado en la gestión. Hace unas semanas, la matería oscura votó en contra de la Operación Chamartín, proyecto que también cuenta con la oposición de vecinos, ecologistas y otras organizaciones molestas. No deja de ser irónico que el gran legado del 15M vaya ser una operación urbanística.

En los próximos meses, el equipo de gobierno del ayuntamiento de Madrid completará su proyecto político siguiendo el nuevo modelo de personalidad fuerte que, en España, entronca con nuestra larga tradición caudillista. Es probable que haya presiones sobre toda la gente que ha quedado fuera para que no presente una candidatura alternativa bajo la idea de que divide el voto, una idea que parte de la idea de que los votantes se parecen a los aficionados a los clubes deportivos o que son seres poco dotados para la actividad intelectual.

Sin embargo, es probable que las opciones de repetir del actual equipo de gobierno pasen por una aglutinación de la matería oscura en una candidatura que logre movilizar un voto que, de otra forma, tiene un serio riesgo de ir a la abstención. Hay un tejido asociativo e ideológico que suele ser difícil de convencer y lo será más después de haber descartado la mayoría de propuestas o promesas, desde las estéticas a las prácticas, desde las primarias a las remunicipalizaciones. La idea de que nos votarán porque no tienen otro remedio se ha demostrado falsa en todos estos años. Será interesante ver a Carlos Sánchez Schrödinger en esa campaña electoral existir y no existir simultáneamente.

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