Calma, calma, que nada de esto es verdad

El patio se alborota. Ya hay calendario para la secesión. Garibaldi va a desembarcar en la playa de la Barceloneta (antigua playa del Somorrostro, cuyo nombre mutó tras una trágica riada, precedente de la estación valenciana de Jesús).

Hay que leer entre líneas: salvo que el contexto económico requiere una prórroga. ¿Qué quiere decir contexto económico?, ¿hasta dónde se tiene que hundir todo?, ¿el previsible rescate? Para tranquilizar al palco, CiU ya lo ha pedido hoy.

Pero hay que leer más entre líneas.

Enric Juliana, el maestro, publicó el domingo el preludio y la coda del acuerdo de la secesión. Un mensaje en la botella con destino a todos los despachos donde el tranquimazin ha sustituido a la viagra.

“Si queremos que todo siga igual, todo deberá cambiar”. Esa idea, astuta, dialéctica y siciliana, con ecos del eterno retorno de Nietzsche, se saborea mejor en V.O.: “Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi”. Es el destello más famosos de la novela El Gatopardo. El joven Tancredi Falconeri (Alain Delon en la película de Luchino Visconti) exhibe ese argumento ante su tío, el príncipe Don Fabrizio Salina (Burt Lancaster), para justificar su pronta adhesión a las tropas garibaldinas que acaban de desembarcar en Sicilia para consumar la unidad de Italia. Hay que sumarse al cambio para poder controlarlo mejor. Don Fabrizio recela -intuye, correctamente, que con los hombres de Garibaldi, marionetas del conde de Cavour y de los industriales de Turín, viene el derrumbe de su mundo-, pero acabará entregando un fajo de billetes a Tancredi para que financie a los insurrectos.

Hay que sumarse al cambio para poder controlarlo mejor. Calma, calma, que nada de esto es verdad.

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