Calentamiento

Pues yo creo que Rajoy ha explicado el cambio climático mejor que Al Gore, aunque fuera sin querer. Rajoy contó que su primo habí­a reunido a diez cientí­ficos en Sevilla y ninguno de ellos le habí­a podido garantizar, al primo, qué tiempo iba a hacer al dí­a siguiente en la capital andaluza. “¿Cómo alguien puede decir lo que va a pasar en el mundo dentro de 300 años?”, sentenció Rajoy. Ha sido el mejor resumen del problema, insisto, aunque la intención fuera minimizarlo.

Primero, no se puede saber el tiempo que va a hacer mañana ni en Sevilla ni en Sebastopol. Es noviembre y la gente sigue estando en camiseta. Están en camiseta los dependientes de las tiendas de ropa que guardan los abrigos y prologan la temporada de entretiempo y están en camiseta los propietarios de estaciones de esquí­ que dudan si cortarse las venas de un tajo o haciendo eslalon. Segundo, no se sabe qué va a pasar dentro de 300 años; ni siquiera, el próximo fin de semana. Nadie se extrañarí­a mucho si llega una gota frí­a o una ola polar o, como todos los años, se presenta el veranillo del membrillo. Se puede intuir, por ejemplo, que el deshielo de los polos está al caer, como hacen las petroleras estadounidenses y rusas, pero no se puede asegurar cómo demonios va a acabar esto. ¿Mad Max?, ¿Waterworld?, ¿Planeta de los simios? 

La explicación de Rajoy era buena y la anécdota, mejor pero falló el rumbo y todo embarrancó. Es posible que Rajoy quisiera minimizar el calentamiento global para minimizar el calentamiento particular de su partido, del que ha sido ví­ctima. Rajoy, uno de los ministros más solventes de la democracia, quizá no brillante ni efectivo, pero sí­ solvente, ha sido engullido por la ebullición apocalí­ptica de su partido y, sobre todo, del entorno, un fenómeno que no supo detectar ni detener. En polí­tica tampoco se sabe qué tiempo va a hacer mañana pero sí­ que las heladas son muy duras con los que quieren llevar siempre ropa de entretiempo.

Deje un comentario