Ampliación del campo de batalla

Mañana, 29 de abril, se cumplirá un mes desde la detención de tres personas en Barcelona. Un mes de prisión provisional para tres estudiantes detenidos antes de que se produjeran los incidentes más graves. Esta semana, el ministro de Interior reconocía que se había forzado el ordenamiento jurídico para su ingreso en prisión. Previamente, se había forzado la estructura política y el relato periodístico. El gobierno de la Generalitat había asumido una subversión de los valores al situar la fuerza como primer argumento de su legitimidad; la prensa había renunciado a su función de buscar la cohesión social para asumir la defensa de ese cambio político, incluso, con la recuperación de conspiraciones fantasmales. Todos estos movimientos amplían el campo de discusión pública donde se produce el choque, pacífico, de discursos y legitimidades. Por ejemplo, el Frente Nacional ha vuelto a ganar las elecciones en Francia. Ambos candidatos han ampliado el campo de discusión pública convirtiendo en legítimo su discurso autoritario.

El problema es que no es fácil reducir ese campo. En artesanía, siempre se puede agrandar pero, para hacer algo más pequeño, hay que comenzar de nuevo. El problema es cómo queda el campo para quien venga después. En muchas ocasiones, los movimientos autoritarios no necesitan una modificación completa del ordenamiento jurídico porque el grupo dirigente anterior ya lo había forzado. Por ejemplo, según explica Enrique Krauze, Hugo Chávez no necesitó cambiar nada porque el turno de partidos previo ya había roto todas las hormas del ejecutivo. Necesitaban el control del legislativo, la policía o la judicatura para impedir las investigaciones sobre los casos de corrupción. Como suele suceder, como está haciendo el actual gobierno de la CEDA, trataron de compensar la devaluación de la política con el refuerzo de la autoridad visible. Chávez, simplemente, lo aprovechó.

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