Agujeros

El Departamento de Justicia de EEUU ha presentado cargos contra 406 personas por su presunta responsabilidad en el colapso del sistema financiero desatado por la crisis hipotecaria. Acompañando a la información principal de Sandro Pozzi, El Paí­s ofrece otra de íñigo de Barrón que también tiene muchas cifras. Cuando dice “los bancos no se prestan dinero porque todos desconfí­an de la salud financiera de sus rivales” está hablando de la subasta interbancaria (entre otros, Mibor o Euroribor). ¿Por qué las instituciones económicas (todas irresponsables y opacas) siguen dopando el sistema financiero con inyecciones de capital en lugar?, ¿alguien controla que ese dinero no vaya a mercados especulativos como los de las materias primas? ¿por qué, siguiendo la doctrina liberal y de libre competencia, no se deja que el sistema financiero se purgue? La explicación que suele darse es que se quiere evitar el temor a un pánico generalizado pero hay otra más sencilla. Los miembros de esas instituciones salen de ese sistema financiero y volverán a él.  

Un desastre financiero que dejó un agujero de 250.000 millones

Los expertos no descartan que lo peor esté por llegar

“Lo peor de esta crisis es que después de casi un año, todaví­a no sabemos si estamos en medio, al final o en el principio”. Con esta frase resumí­a un director financiero de una de las grandes entidades españolas el despiste y la inquietud que produce la crisis. Lo cierto es que ni los más veteranos habí­an visto una sequí­a tan severa en los mercados financieros. Las noticias que llegan cada dí­a, con nuevas pérdidas en los bancos internacionales, no hacen presuponer que la tormenta se haya despejado. La gran redada realizada ayer en Estados Unidos con 406 acusados de fraude, complica aún más la situación. La crisis financiera que se inició con la fuerte morosidad de las hipotecas estadounidenses de baja calidad y alto riesgo (subprime) se ha extendido a otros activos. Ahora también se han contaminado los mercados hipotecarios de primera clase, las hipotecas de locales comerciales, el crédito al consumo y el crédito a empresas.

Esta capacidad de transformarse y expandirse provoca que esta crisis parezca una epidemia imposible de detener. A medida que estos mercados se hunden, los activos financieros que se basan en ellos se deprecian. Esos activos están en las carteras de muchos grandes bancos internacionales, que necesitan más y más provisiones. Las entidades parecen incapaces de detener la sangrí­a. Hasta el momento, los grupos bancarios más afectados han reconocido pérdidas por valor de 246.300 millones.

Los análisis de las autoridades supervisoras internacionales están fallando. Primero dijeron que cuando se auditaran las cuentas de los grandes bancos se sabrí­a el tamaño del agujero de las hipotecas basura y los productos financieros contaminados. Craso error. Pasó enero, febrero, llegaron las auditorí­as, se cerró el primer trimestre y, tras casi concluir el segundo, las pérdidas y provisiones siguen castigando a los bancos. Primero se calculó que serí­an 380.000 millones de euros. Luego el FMI reconoció un agujero de 610.000 millones.

Lo cierto es que el mercado no funciona. Los bancos no se prestan dinero porque todos desconfí­an de la salud financiera de sus rivales. Esta situación provoca que ninguna entidad esté a salvo. Ni siquiera los bancos a los que la crisis ha cogido con los depósitos de liquidez llenos están tranquilos. Son conscientes de que si empiezan a caer unos, acabarán ellos con problemas. Esta situación se ha trasladado a las empresas -es decir, a la economí­a real- al acelerar la caí­da del mercado inmobiliario. Las economí­as de los paí­ses desarrollados se han enfriado de golpe.

El Banco de Inglaterra acudió en ayuda de Northern Rock. La Reserva Federal de EE UU hizo lo mismo con Bear Stearns, un banco de inversión que, como sus competidores, no estaba ni siquiera supervisado.

Hasta ahora la crisis ha costado el puesto a los ejecutivos de Merrill Lynch, Citigroup, UBS y la aseguradora AIG, entre otros. Los nuevos responsables reconocen que tampoco saben cuánto falta para cerrar esta crisis.

Dos casos. Para ocupar la presidencia del BCE, Jean-Claude Trichet tuvo que esperar a que la justicia francesa le absolviera en el caso de Crédit Lyonnais, donde fue acusado de complicidad en la difusión de informaciones falsas al mercado y de publicación de cuentas sociales inexactas (joder, los mismo que la crisis hipotecaria). Rodrigo Rato, presidente del FMI durante la gestación de la crisis, es ahora consejero externo de Cirteria, presidente del consejo asesor de Criteria, miembros del consejo asesor internacional del Banco Santander, director general senior del banco de negocios Lazard y también cobra dietas de la patronal de seguros Unespa por presidir un grupo de trabajo para estudiar el futuro de las pensiones (entre lí­neas: por conseguir que la legislación empuje a la población al sistema privado de pensiones).

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