Álgebra primitiva de ábaco

La cuestión es decidir entre la lí­nea recta o la esfera. La lí­nea recta o la curva, que tanto da, porque la geometrí­a razonable nos ha mostrado que la recta se compone de infinitas curvas y la curva, de infinitas rectas. Lo importantes es dejar claro que las cosas van siempre unas detrás de otras: acción y reacción, causa y efecto, pecado y penitencia, expansión y contracción, es decir, Hibris y Némesis. La fí­sica cuántica nos ha demostrado que ni rectas ni curvas porque las tres dimensiones no bastan; mejor, la esfera y entre paréntesis. Las cosas pueden estar unas en lugar de otras y tocarse desde cualquier punto sin que podamos prever nada más que la superposición de la tendencia al caos (entropí­a) y la tendencia al orden (negentropí­a).

Pero la fí­sica cuántica es para objetos muy pequeños o muy grandes. La fí­sica cuántica sirve para la poesí­a pero no para el fútbol. La fí­sica cuántica sirve para entender la vida pero no para vivirla. Vivimos en lí­neas rectas que, cuando nos hacemos viejos, descubrimos que son curvas o vivimos, joder, en curva tras curva que, cuando nos hacemos viejos, descubrimos que eran un camino recto, limpio y claro. El camino del Barí§a hasta las once de la noche de ayer, hasta el momento en el que metió su nombre en la Historia que te cagas, parece una larga autopista de Kentucky o el Garraf pero tiene más que ver con las esferas, con la fí­sica cuántica, que con las cosas situadas unas detrás de otras.

Hace nueve meses, el Barí§a era como el gato de Schrodinger o como un melón tempranero de Trévelez, nadie sabí­a si estaba vivo o muerto ni si iba a salir dulzón o pepinero. Hoy, todos los partidos, incluso el mal inicio con un punto de seis y una victoria rara en Montjuí¯c, incluso el bajón febrerino que entrempó al madridismo, incluso la agoní­a de Stamford Bridge, parecen señales; siempre estuvieron ahí­. Todo pasó como camino hacia ayer. Todo es más fácil de entender si se pone en una recta: Guardiola, heredero de Cruyff, que apuesta por un fútbol de circulación rápida que saca la genialidad en potencia de unos jugadores imparables.

Es más complejo superponer aspectos como las escasas expectativas con las que el Barcelona comenzó esta temporada tras el final de la anterior, la mano del azar en la llegada de Guardiola o en la continuidad de varios jugadores (Etoo, el más claro) y la combinación de explosión (Iniesta y Messi) y madurez (Xavi y Puyol), esta última forjada en la pasada Eurocopa. Aquéllo tiene que ver con ésto pero es más sencillo ver cada cosa en lí­nea recta que mezclar esferas. Es más recto quedarse con el regate de Messi, la técnica de Iniesta o la visión de Xavi que con la presión, la capacidad para robar el balón y no perderlo, el aprovechamiento de las bandas con ayudas, las variaciones en ataque y la preferencia de la rápidez frente a la contundencia en la defensa. Son cosas más esféricas, menos lí­neales.

Lo mismo sucede con el partido de ayer. Es más fácil de entender con rectas, con las cosas una detrás de otra. La soberbia de Ferguson pensando que el centro del campo blaugrana era batible porque faltaban los musculosos africanos fue castigada con una pésima circulación que hizo que apenas llegaran balones claros a la delantera y que la medular inglesa apenas robara ni cuestionara los avances culés. La preocupación por el desborde en la delantera impidió ver que el problema era la creación de espacio desde más atrás. El ManU pensó que el partido era como la semifinal con el Arsenal. Valí­a con confiar en la defensa y acercarse porque ya caerí­a algún gol de contragolpe, de tiro lejano, de balón parado o de segunda jugada. La primera ocasión (minuto 3) los confirmó en su fe. El chut inicial de Cristiano lo rebotó Valdés y ay. Mala señal. No recuerdo qué portero (creo que Cedrún) decí­a que el primer tiro tiene que se una parada con autoridad para no estar todo el partido mirando si los guantes están bien. Insistieron en el siete y en el nueve, siempre con el mismo protagonista y el mismo recurso. El problema del ManU fue que las dudas le duraron poco al Barcelona. Jugada de Iniesta, desmarque de Etoo y, entre él y Vidic vieron puerta. Salto de órbita. Cambio de guión.

Pero no para los ingleses. Cumplieron la primera ley de Newton, la de la inercia, y siguieron confiando en la segunda jugada tras el tiro largo o el balón parado, en la enorme calidad de sus delanteros (Cristiano y Rooney) que defraudaron. El segundo, en la banda pero no en la banda, participó poco y el primero, muy activo, demostró que pertenece a ese tipo de jugadores a los que no les gusta el fútbol. El Barcelona confió en el control de la pelota; al principio, sin posesión, cosa que no es contradictoria. Se puede controlar e incluso tener sin poseer; por ejemplo, Botí­n y el Santander. El ManU tení­a pero no controlaba; por ejemplo, Rajoy y el PP.

Como en la final de Copa, Guardiola superpuso a la tendencia al orden de su equipo con la tendencia al caos de una carta inesperada. En Valencia fueron los saques de puerta en corto para desmontar el engranaje bilbaí­no; ayer, las subidas de los laterales. Con los dos titulares (Abidal y Alves) sancionados, los recambios (Puyol y Silvinho) parecí­an la pieza más débil (cualquier equipo italiano habrí­a concentrado el juego por ahí­ para sacar todas las dudas y descentrar al equipo; al final del partido, Guardiola dedicó el triunfo, sin ironí­as, al fútbol italiano). Sin embargo, se conviertieron, sobre todo el capitán, en el efecto sorpresa. El brasileño, prudente, se cortó más, pero Puyol subió con alegrí­a, llegó a la lí­nea de fondo varias veces e incluso tuvo un mano a mano con Van der Saar.

En el descanso, Ferguson apostó por romper su equipo. Tévez entró por Anderson dejando todo el centro del campo para Carrick. Al largo centrocampista, que habí­a cumplido en el control de Xavi-Iniesta, se le hizo enorme el tapete verde y el Barí§a se regocijó en ese arranque de la segunda parte; Henry, Messi y Xavi pudieron marcar. También Rooney, aunque Piqué y Touré consiguieron atarlo bien (central rápido frente al central tocho; ojo al cambio de modelo). En uno de los pocos contragolpes, Xavi recibió en segunda jugada, vió a Messi en el área e hizo lo que nadie esperaba con un tipo de menos de 1,70 frente a dos centrales y un portero de 1,90. Se la puso. El argentino remató poniendo la cabeza como el badajo de la campana. Tolón. Y fin del partido. En los últimos 20 minutos, el ManU fue un equipo plastita de liga de empresa, mucho subir de brazos y encoger de hombros; joder, es que sólo bajo yo y estoy solo contra todos, es que no miras, coño, no miras cuando pasas. El equipo se contagió de la intolerancia a la frustración de Cristiano y pasó del enfurruñamiento a la mano larga, como los niños en el parque.

Se augura una larga dinastia, muchos años de gran fútbol y cosecha de tí­tulos pero el fútbol se rige por la fí­sica de Newton. El periodo expansivo produce una serie de desequilibrios internos que llevan a la caí­da. Aumenta el número de pelotas, se multiplica el de soplapollas, este quiere cobrar más porque tiene una oferta del City, aquel quiere jugar más minutos, todos los equipos quieren ganarte porque es algo histórico y todo el mundo comienza a pensar que qué noche la de aquel año. Es mejor disfrutar; no de la tercera copa de Europa, sino del triplete. Y lo que quiere decir. Por primera vez, el Barí§a ha conseguido algo que no tiene el Madrid, algo con lo que acabar las discusiones. Nada de fí­sica cuántica, ni siquiera de Newton o de Aristóteles. Álgebra primitiva de ábaco. Copa, Liga y Champios, tres, tres, tres. Y punto.

2 comentarios sobre “Álgebra primitiva de ábaco”

  1. Gorgonzalo dijo:

    Como siempre, magistral artí­culo. Enhorabuena al Barí§a, que juega muy bien y se lo ha merecido pero maldito minuto 93 contra el Chelsea…………..maldito minuto 89 contra el Kaiserslautern……..yo cada vez le rezo más a la suerte, por si acaso.

    Gorgonzalo

  2. jorgedioni dijo:

    ¿Magistral? Tú, que me quieres mucho. Releyéndolo, creo que si el lector es capaz de superar los dos primeros párrafos, ya va cuesta abajo. ¿Chelsea, Kaiserslautern? Ay, el azar.

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