La mala distribución del personal

Hace años oí­ a Jorge Lanata, periodista argentino, decir que su paí­s era el que contaba con los mejores polí­ticos del mundo; el único problema, añadí­a, es que están mal distribuidos. El tipo que se encarga de la policí­a sabe cómo arreglar el problema del comercio exterior, el del comercio exterior tiene claro lo que hay que hacer con el tráfico de Buenos Aires y el del tráfico crí­tica al que lleva la policí­a porque no hace lo que hay que hacer. Añadí­a que, con los profesionales, sucedí­a lo mismo: el frutero sabe cómo deberí­a llevar su puesto el carnicero, el camarero se olvida de lo que has pedido porque, en realidad, deberí­a trabajar en un laboratorio y el del laboratorio quiere poner un restaurante. La mala distribución del personal debe de ser una herencia mediterránea.  Un buen español se distingue por sus feroces y agudas crí­ticas al trabajo ajeno mientras pasa la mañana frente a la máquina de café. Mafo es un buen español. En lugar de explicar por qué algunas entidades financieras se han endeudado por encima de sus recursos propios o por qué no se avisó de la exposición de ciertas inversiones, el presidente del Banco de España decidió opinar sobre el mercado laboral o las pensiones, sobre el trabajo ajeno que él, claro, como buen español, harí­a mejor.  

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