La puta cultura del sacrificio

Quizá en homenaje a Ballard, se publica en Expansión un texto de humor negro titulado:

Una reflexión abierta: crisis, ética, moral y valores

donde, entre otras vaguedades como hay que reformar la educación y la justicia (sin decir cómo), se lee:

3.- Los beneficios del Estado del Bienestar han sido erróneamente interpretados, transformando nuestra sociedad y deteriorando sus valores, comprometiendo gravemente el principio de responsabilidad de nuestros propios actos. Hemos transitado desde la cultura del sacrificio a la del menor esfuerzo posible; de la del ahorro a la del consumo; de la del ser a la del tener; del respeto y protección de la dignidad individual de la persona a la egoí­sta satisfacción de intereses particulares; de la previsión a la improvisación.

Es decir, que hubo una vez una sociedad donde existí­a la cultura del sacrificio, la del ahorro, la del ser, del respeto y protección de la dignidad individual de la persona y la de previsión. El autor, con acierto, no nos dice cuándo existió esa sociedad. ¿Fue la sociedad de la Guerra Civil, la de la II Guerra Mundial, la del hambre de la posguerra? ¿Por qué este tipo confunde el proyecto individual de vida con egoí­smo, por qué este tipo confunde decidir sobre la vida de uno con improvisación, por qué este tipo no se va a Corea del Norte donde no hay consumo ni la la egoí­sta satisfacción de intereses particulares y se valora el esfuerzo y el sacrificio con medallas y fotos en el periódico?

Y me callo porque creo que mi abuelo Dionisio, que tuvo que trabajar desde los 14 años entre 12 y 14 horas al dí­a para que sus hijos y nietos ya no tuviéramos que soportar la puta cultura del sacrificio y el ahorro, lo insultarí­a con mucha más gracia que yo.  

PD: Sobre “el principio de responsabilidad de nuestros propios actos” se responde él mismo un poco más adelante:

En cuanto a las medidas coyunturales, consideramos necesario mejorar la aplicación del gasto público; adaptar excepcional y urgentemente nuestro ordenamiento jurí­dico al actual entorno de crisis; permitir que de forma extraordinaria las empresas aplacen sus pagos al Tesoro Público; reducir los costes fiscales y sociales de empresas y trabajadores; e imponer controles para que el crédito de las entidades financieras que se benefician de ayudas públicas, fluya de inmediato a empresas y particulares.

Ayudas, aplazamientos, reducciones, perdones, amnistí­as. Es decir, liberalismo español.

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