Darth Vader de procesión

Como en la batalla del crucifijo, en la de los autobuses o en tantas otras, la concentración en la escaramuza del lazo blanco hace que la Iglesia esté perdiendo una de sus principales fuentes de legitimidad, el calendario de fiestas de guardar.

El problema no son estos titulares (tomados al azar):  

Las cofradí­as de Salamanca y Valladolid, contra el lazo blanco

El lazo blanco no aparecerá en las procesiones de Bilbao

Las cofradí­as de la comarca [de Algeciras] no lucirán lazo blanco en Semana Santa

Las cofradí­as de Palma no lucirán el lazo blanco contra la ley del aborto

Las Cofradí­as de Almerí­a rechazan exhibir el lazo blanco pero consensúan un manifiesto

Sino este, que también está en los anteriores:

Las cofradí­as malaguenas secundan la protesta contra el aborto y dan libertad a poner el lazo blanco o cualquier sí­mbolo

Cualquier sí­mbolo. ¿El No a la Guerra, el escudo del Barí§a? ¿Podemos sacar a Darth Vader de procesión? Mucha pérdida para una escaramuza tan pequeña.

Escribí­

El bloque religioso puede ganar todas esas batallas pero, como dice Kennedy, la beligerancia le producirá una distorsión interna que le llevará a perder la guerra. El mensaje de la Iglesia, sus conceptos y ritos, pertencen al terreno de la verdad revelada pero las batallas los sitúan en temas de discusión dentro del debate polí­tico, un terreno muy movedizo en el que las cosas pueden pasar de verdades absolutas a mentiras apestosas con un resultado electoral y al subsuelo histórico con un cambio generacional. Con los autobuses, una de las frases que más ha leí­do en el bloque religoso es que la controversia habí­a introducido a Dios en el debate público. No tengo claro que Dios, como ser creador y omnipotente quiera introducirse en el debate público con las reformas de Obama, los espí­as de Madrid o los nuevos programas de Telecinco. Las cosas sometidas a debate público son, claro, opinables, pero también, votables y, sobre todo, desechables.

Con los crucifijos, también decidió dar la batalla. En lugar de asumir un papel de actor institucional y decir que no es su intención molestar a nadie, sino tener siempre las puertas abiertas a todo el mundo, una actitud con la que se gana, sobre todo, legitimidad, la Iglesia optó por la beligerancia, marcar el ‘yo’ y el ’otro’. El bloque religioso sostuvo que el crucifijo situado fuera de los lugares de culto “tiene un significado civil, histórico y cultural, más allá de su simple valor religioso”. También, aunque menos, pidieron que la presencia de los crucifijos se sometiera a referéndum en los consejos escolares. Y, por último, se hizo referencia al Concordato, donde no figura esa cuestión en concreto, pero sí­ otros tratos de favor que recibe la Iglesia Católica. Los tres argumentos pueden ser una barricada para ganar esta batalla concreta pero son una trampa en la que el bloque religioso puede quedar atrapado. Los sí­mbolos civiles, históricos y culturales mutan con el tiempo y, aún peor, pueden ser usados por todos, incluso para mofarse de ellos. Aún peor es considerar el icono religioso, o la presencia pública de la religión, como algo votable porque las mayorí­as cambian, y mucho. Lo que nos lleva al tercer punto. Si la mayorí­a cambia y, en lugar de esconderlo para protegerlo, se establece el Concordato como última barricada, la nueva mayorí­a puede establecer su derogación. Mucha pérdida para una escaramuza tan pequeña.

Concentrarse en las batallas hace perder la guerra.

1 comentario sobre “Darth Vader de procesión”

  1. rafa hortaleza dijo:

    ¡me apunto a esa procesión de Darth Vader!

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