La interrupción del embarazo tampoco lleva a la fuga de Logan

El Mundo recogí­a el domingo unas declaraciones de Ana Peláez, una persona ciega que compatibiliza muchos cargos:

Acostumbrada a simultanear estudios desde joven, compagina su actividad en la ONCE -como directora de Relaciones Internacionales y como vicepresidenta ejecutiva para América Latina- y en el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (Cermi) -como presidenta de la Comisión de Mujer y comisionada de Género ante la UE- con su labor en ONU.

EL titular decí­a:

“Permitir el aborto indefinido por malformaciones es una clara discriminación”

Y leí­amos:

“Concretamente, en estos dí­as al tejido asociativo de la discapacidad le preocupa enormemente el proyecto de reforma de la regulación del aborto porque constituye una clara discriminación hacia las personas con discapacidad, que no puede darse en una sociedad como la nuestra”, puntualiza.

“Me refiero a los supuestos que van a posibilitar practicar un aborto indefinidamente si el feto presenta malformaciones o enfermedades graves incompatibles con la vida”, añade.

[…]

La entrevistada insiste en aclarar que ni entra ni sale a valorar el derecho al aborto y sus razones personales “Cada uno tiene derecho individual a decidir lo que quiera”, dice. “Pero, si vamos a ley de plazos, hay que meter en esos plazos a todo el mundo”, añade.

¿Qué coño tendrá que ver “persona con discapacidad” con “malformaciones o enfermedades graves incompatibles con la vida”? ¿Va a demandar la ONCE a Dios por discriminación o al ADN o a la Dama de Guadaña? ¿A quién puedo demandar por ser asmático?

Escribí­:

La proyección que une la eutanasia con el mundo de La fuga de Logan es una de las ideas centrales de todo el discurso del bloque católico. Y es mentira. Lo es porque esa cultura eugenésica no es a donde vamos, sino de donde venimos. Los niños con taras psí­quicas o fí­sicas se mataban, se abandonaban, se recluí­an en el sótano, se ingresaban en instituciones religiosas o se uní­an a ferias ambulantes. Lo mismo con los ancianos o los enfermos. Estamos en la sociedad que más cuida de sus débiles (sus débiles, los propios); es una sociedad opulenta y solidaria que asume (no sólo permite) que personas con graves deficiencias fí­sicas y/o psí­quicas no sólo tienen derecho a vivir, sino que también tienen derecho a hacerlo dignamente y dignamente, en la sociedad de consumo, es satisfaciendo sus necesidades plenas (escribir, para lo que se crean ordenadores especiales; vivir solos, para lo que se crean casas especiales o realizarse, para lo que se crean puestos de trabajo especí­ficos). Y todo subvencionado. Es algo que, de momento está fuera del debate polí­tico.  

Lo que está en juego con “la liberalización del aborto y la eutanasia” es la autonomí­a individual, un concepto que suele ser incompatible con las religiones (verdad revelada que es transmitida por un grupo cuya base es la autoridad y la tradición). La autonomí­a individual, enraizada en el Renacimiento, el Positivismo y la Ilustración y extendida, globalizada más bien, con la sociedad de consumo (el consumo es un acto individual) ha ido reduciendo la influencia y autoridad de las religiones masivas; en los sitios, claro, donde hay una raí­z (aunque sea trasplantada) de Renacimiento, el Positivismo y la Ilustración y una sociedad de consumo, que no es en todo el mundo. Si al bloque católico le interesara la vida, harí­a furibundas campañas contra la pena de muerte pero ésta no es una muestra de la autonomí­a individual, sino de la autoridad y la tradición.

Esta señora se olvida de la tremenda suerte que ha tenido de nacer, ciega, mujer y Peláez, en ese perí­odo de la historia. Hace un siglo, por ejemplo, estarí­a recluida en su casa como la niña chica de los Santos Inocentes.

PD (25 de marzo): Leemos:

Tras la reunión que mantuvo con el Comité Español de Representantes de las Personas con Discapacidad (CERMI), Aí­do anunció que “se suprimirán las referencias discriminatorias que tiene la ley actual que se recogen en el Código Penal, donde se hace referencia a las graves taras fí­sicas o psí­quicas”. “Coincidimos en que son términos inaceptables y por eso vamos a suprimirlos en la propuesta de ley”, agregó.

La de cosas que han cambiado en 25 años. Tremenda suerte.
 

Deje un comentario