¿Qué problema hay con la memoria? Tres viviendas en Barcelona y la casa de Badalona

Publica El Paí­s un reportaje de Tereixa Constela que arranca así­:

Margarita Xirgu era un icono del teatro, un meteorito que horadó el casticismo de las tablas con su apuesta por la vanguardia europea. Para media España, un sí­mbolo del compromiso de una generación de artistas de entreguerras. Para la otra media, una roja con un pasado que expiar. El expediente de la actriz es uno de los 36.018 resueltos hasta noviembre de 1941 por los 18 tribunales regionales de responsabilidades polí­ticas, creados para castigar a los perdedores de la Guerra Civil por su ideologí­a, a golpe de multas e incautaciones.

[…]

Por tales “hechos graves”, el Tribunal Regional de Responsabilidades Polí­ticas de Barcelona le confiscó todos sus bienes en 1941, la inhabilitó para ocupar cargos “de toda clase” a perpetuidad y la condenó al destierro, también perpetuo. Entre las propiedades incautadas se incluí­an tres viviendas en Barcelona y la casa de Badalona, donde Azaña se habí­a alojado tras su retención en el puerto barcelonés en 1934, y por la que también habí­an pasado Federico Garcí­a Lorca y Jacinto Benavente.

La redacción inicial de la Ley de Memoria Histórica querí­a anular, o abrir la puerta a la anulación, de las resoluciones dictadas por los tribunales de excepción creados por el franquismo. El objetivo era limpiar la memoria de los vencidos, quitar la inhabilitación, el destierro o la palabra “traición” pero ¿y las tres viviendas en Barcelona y la casa de Badalona? Las cuatro fueron devueltas a Xirgu pero ¿qué pasó con el resto? En la clase propietaria creada tras la guerra están los pilares del olvido.

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