Ejercicio de estilo con trampilla

Pongamos que esta es una entrevista a José Blanco.

¿Escuchó usted ayer las razones de Mariano Rajoy? ¿Nos las podrí­a comentar; señor Blanco?

-Escuché al presidente del PP. Lo de las razones… ya es una ironí­a por su parte, ¿no?

-¿Qué le parecieron las explicaciones que dio a los periodistas el señor Rajoy?

-Bueno, mire; pongamos las cosas en su punto. En el PP, en este momento, existe, todos los ciudadanos lo pueden comprobar claramente, una situación de grave descomposición polí­tica, la cual ha tenido un punto muy álgido en el escándalo de las adjudicaciones. Pongamos las cosas en su punto y, antes de hablar de cualquier otra circunstancia, yo quiero establecer que la responsabilidad máxima en esa situacion corresponde al presidente del PP, Mariano Rajoy. í‰l es el responsable de la situación.

-¿Cree usted en la conspiración a la que se refirió ayer el señor Rajoy?

-Yo no creo en ella. Yo lo que creo es que, en todo caso, de haber algo, hay un pulso al PP. Es decir, hay un chantaje… hay un chantaje al PP. Puede haber, incluso, un chantaje al presidente del PP. Entonces, lo que tiene que explicar el presidente del PP es por qué: por qué puede ser chantajeado, si es que intenta ser chantajeado por alguien, o por qué puede existir un pulso al PP. Los pulsos al Estado, tal y como están planteados, yo no creo en ellos. Más bien creo que existe un pulso del propio señor Rajoy, del propio presidente del PP, a sectores de su partido. […] Pero no nos desentendamos no distraigamos las cosas: la responsabilidad surge por unos hechos objetivos, de una corrupción generalizada durante diez años, […]. Y con eso, decir que existe una conjura general o que se entera por los periódicos es entrar de lleno en el terreno de la pura y simple desvergí¼enza polí­tica.

O pongamos que es una entrevista a Ruth Porta:

¿Escuchó usted ayer las razones de Esperanza Aguirre? ¿Nos las podrí­a comentar; señora Porta?

-Escuché a la Presidenta de la Comunidad de Madrid. Lo de las razones… ya es una ironí­a por su parte, ¿no?

-¿Qué le parecieron las explicaciones que dio a los periodistas la señora Aguirre?

-Bueno, mire; pongamos las cosas en su punto. En Madrid, en este momento, existe, todos los ciudadanos lo pueden comprobar claramente, una situación de grave descomposición polí­tica, la cual ha tenido un punto muy álgido en el escándalo de las escuchas […]. Pongamos las cosas en su punto y, antes de hablar de cualquier otra circunstancia, yo quiero establecer que la responsabilidad máxima en esa situacion corresponde a la Presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre. Ella es la responsable de la situación.

-¿Cree usted en la conspiración a la que se refirió la señora Aguirre?

-Yo no creo en ella. Yo lo que creo es que, en todo caso, de haber algo, hay un pulso al Gobierno de la Comunidad. Es decir, hay un chantaje… hay un chantaje al Gobierno de la Comunidad. Puede haber, incluso, un chantaje a la presidenta del Gobierno de la Comunidad. Entonces, lo que tiene que explicar la presidenta del Gobierno de la Comunidad es por qué: por qué puede ser chantajeada, si es que intenta ser chantajeada por alguien, o por qué puede existir un pulso al Gobierno de la Comunidad. Los pulsos al Estado, tal y como están planteados, yo no creo en ellos. Más bien creo que existe un pulso de la propia señora Aguirre, de la propio presidenta del Gobierno de la Comunidad, a la sociedad madrileña. Quiero recordar que la señora Aguirre empezó su tarea de gobierno con aquella famosa frase: «El que me eche un pulso, lo pierde». […] Pero no nos desentendamos no distraigamos las cosas: la responsabilidad surge por unos hechos objetivos, de unas escuchas generalizadas durante años, […]. Y con eso, decir que existe una conjura general o que se entera por los periódicos es entrar de lleno en el terreno de la pura y simple desvergí¼enza polí­tica.

En realidad, es una entrevista de Iñaki Gabilondo a José Marí­a Aznar el 21 de junio de 1995.

¿Escuchó usted ayer las razones de Felipe González? ¿Nos las podrí­a comentar; señor Aznar?

-Escuché al presidente del Gobierno. Lo de las razones… ya es una ironí­a por su parte, ¿no?

-¿Qué le parecieron las explicaciones que dio a los periodistas el señor González?

-Bueno, mire; pongamos las cosas en su punto. En España, en este momento, existe, todos los ciudadanos lo pueden comprobar claramente, una situación de grave descomposición polí­tica, la cual ha tenido un punto muy álgido en el escándalo de las escuchas del Cesid. Pongamos las cosas en su punto y, antes de hablar de cualquier otra circunstancia, yo quiero establecer que la responsabilidad máxima en esa situacion corresponde al presidente del Gobierno, Felipe González. í‰l es el responsable de la situación.

-¿Cree usted en la conspiración a la que se refirió ayer el señor González?

-Yo no creo en ella. Yo lo que creo es que, en todo caso, de haber algo, hay un pulso al Gobierno. Es decir, hay un chantaje… hay un chantaje al Gobierno. Puede haber, incluso, un chantaje al presidente del Gobierno. Entonces, lo que tiene que explicar el presidente del Gobierno es por qué: por qué puede ser chantajeado, si es que intenta ser chantajeado por alguien, o por qué puede existir un pulso al Gobierno. Los pulsos al Estado, tal y como están planteados, yo no creo en ellos. Más bien creo que existe un pulso del propio señor González, del propio presidente del Gobierno, a la sociedad española. Quiero recordar que el seiior González empezó su tarea de gobierno con aquella famosa frase: «El que me eche un pulso, lo pierde». Y eso acabó casi perdiendo al Tribunal Constitucional de Espana. Vamos a ver ahora qué es lo que perdemos en esta nueva batalla. Pero no nos desentendamos no distraigamos las cosas: la responsabilidad surge por unos hechos objetivos, de unas escuchas generalizadas durante diez años, que incluyen al propio Rey de España. Y con eso, decir que existe una conjura general o que se entera por los periódicos es llenar de lleno en el terreno de la pura y simple desvergí¼enza polí­tica.

Queda claro: decir que existe una conjura general o que se entera por los periódicos es entrar de lleno en el terreno de la pura y simple desvergí¼enza polí­tica.

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