Polí­ticos

Este blog ha defendido la polí­tica de los polí­ticos enfrentándola a la moda de la polí­tica de independientes, gente que que hace el camino entre gestión privada - gestión pública con coche oficial. En abril decí­amos:   

Otra batalla perdida por parte del Gobierno por las mismas razones por que las que fue a remolque gran parte de la legislatura pasada a pesar de ser la de mayor prosperidad de la democracia. La incapacidad de situar los mensajes, la ausencia de liderazgo, la falta de relato. Ante cualquier situación, no existe un punto de salida en el que se dibuja la situación y las posibilidades, una matriz mí­nima que proporcione el lenguaje y el relato; es decir, el campo de batalla y las armas de la guerra polí­tica. í‰sa es la raí­z del problema. Del gobierno se han contado los penes y las partidas de nacimiento pero no los carnets. Casi un 40%, los dos vicepresidentes, carecen de afiliación al PSOE. Vuelve a ser un gobierno de gestión pero la polí­tica tiene que ser para los polí­ticos, no para los gestores. Tiene que ser para gente que tome decisiones de liderazgo, en qué se gasta el presupuesto, no cómo se gasta. Para tal cosa, todas las administraciones tienen secretarios, subsecretarios, directores generales y funcionarios de carrera que saben hacerlo. El polí­tico debe proporcionar un relato de sus proyectos y dar las explicaciones oportunas de porqué se hacen las cosas; usando, incluso, herramientas como la demagogia y la tergiversación. El polí­tico no puede ir, como le sucede al Gobierno, constantemente a la contra caminando entre las telas de araña que le tejen los demás. Ni Montilla, ni Espinosa, ni Zapatero, actor a última hora, ni el resto de ministros, desaparecidos, han ejercido liderazgo. Han ofrecido soluciones pero ésa no es la misión de la polí­tica, sino de la gestorí­a, la ingenierí­a o la artesaní­a. Si existiera, el bloque de la izquierda deberí­a pedir un gobierno de polí­ticos; un buen gobierno de polí­ticos como los que hací­a José Marí­a Aznar. La polí­tica mancha, coño; al que no le guste que se vaya.

Un texto que he recordado al leer un reportaje de Susana Pérez de Pablos en El Paí­s sobre la gestión del ‘conflicto de Bolonia’ por parte de la ministra del ramo.

El caso de la ministra desaparecida

Los universitarios recriminan a Garmendia la falta de liderazgo en el conflicto de Bolonia

“Menudo lí­o, que tengáis suerte”. La frase fue lapidaria. O al menos así­ lo vivieron los responsables universitarios que se la escucharon en diversas ocasiones a la ministra Cristina Garmendia. Se ha extendido como la espuma. Justo cuando los encierros de los alumnos anti-Bolonia crecí­an y empezaba a preocupar seriamente que el conflicto minara la imagen de la Universidad pública y de la propia Declaración de Bolonia (un acuerdo de la UE entre Gobiernos firmado en 1999), la ministra pronunciaba frases de este estilo en sus escasos encuentros durante estos meses con los responsables de las universidades. En público, ninguna. ¿Dónde está? El eco de la pregunta sigue oyéndose por los campus y los despachos.

La ministra, según ponen de manifiesto las convocatorias del Gobierno, ha estado presentando su plan (Estrategia 2015) para fomentar la transferencia de conocimiento entre universidades y empresas. Un plan “que suena a ciencia-ficción futurista”, en palabras del portavoz de un sindicato, cuando la Universidad tiene en estos momentos un problema “inmediato y complicado” de más calado de lo que parece. La elección de Garmendia el pasado abril para ocupar la nueva cartera de Ciencia e Innovación -ministerio del que dependen las universidades, pero que no aparecen en su denominación- no ha ayudado en este conflicto. Una mujer con prestigio en su campo, el de la investigación biomédica, y vinculada al mundo de la empresa (presidí­a Genetrix). Muchos alumnos anti-Bolonia la miran con recelo. Uno de sus principales temores, a pesar de que los rectores han negado que vaya a ocurrir, es la “mercantilización de la Universidad”, es decir, que se acabe haciendo investigación en función de los dictados del mercado.

(…) Los rectores que más están sufriendo el conflicto mandaron una carta, a finales de noviembre, al secretario de Estado, Márius Rubiralta, pidiéndole que les recibiera. En ella afirmaban que el “movimiento anti-Bolonia” va creciendo “con consecuencias imprevisibles” y que “no es un fenómeno pasajero”. Rubiralta les recibió, junto a la ministra, el 3 de diciembre pasado, un dí­a antes de celebrarse la reunión del Consejo de Universidades en la que de forma extraordinaria se iba a tratar este asunto. Garmendia y Rubiralta se marcharon a mitad del debate. No estaban presentes cuando se aprobó la declaración en apoyo al proceso de Bolonia, que incluí­a el compromiso del Gobierno de hacer una campaña defendiéndolo. Molestó. Fue el gesto.

Es lo que recriminan a Garmendia, la “falta de gestos públicos” y de “liderazgo, de peso polí­tico del Gobierno en educación”, coinciden numerosos rectores y representantes sindicales. Gestos tanto en defensa de la reforma de Bolonia como en apoyo a las universidades que llevan meses padeciendo las protestas. Las cúpulas tanto de CC OO como de UGT están “preocupadas” por esta ausencia, según fuentes sindicales. Tampoco ha tomado postura públicamente Garmendia sobre los recortes realizados a las universidades públicas por la Comunidad de Madrid. En opinión de representantes de estudiantes y sindicatos, esa “falta de liderazgo” del Gobierno tiene además que ver con el hecho de que se haya separado la Universidad del resto de la educación en otro ministerio. (…)

La clave está en la primera frase, “Que tengáis suerte”. Segunda persona del plural; segunda persona. Ella no se va a manchar, ni siquiera por lo suyo.

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