Dos fotos

Hace años, el semanal de La Vanguardia publicó esta foto dentro de un reportaje sobre la llegada de pateras en la cosa andaluza.

Bauluz

La foto, de Javier Bauluz, provocó un airado comentario de Arcadi Espada. Señalaba que el enfoque excluí­a los servicios de emergencia que habí­a en la playa y que el uso de teleobjetivo provocaba el efecto óptico de acerca el cadáver a los bañistas e, inconscientemente, el efecto moral de acercar la compasión y la culpa. Decí­a todo lo anterior sin demostrarlo, intuyéndolo. El Col·legi de Periodistes de Catalunya falló a favor de Bauluz y Espada reaccionó como reacciona un buen español, todo el mundo está equivocado menos yo.

Hace dí­as, El Mundo publicó en portada la siguiente foto de Mitxi.

azpeitia

Son los compañeros de partida de Ignacio Uria, asesinado por Eta. La foto aparecí­a en la parte de abajo de la portada, justo debajo de una del cadáver sobre el asfalto y con el titular: La partida sigue. El pie nos informaba de que, a pesar del asesinato, los compañeros de partida habí­an decidido seguir con su costumbre tras buscar un sustituto. Sin encuadre ni objetivo, con un montaje pedrestre y coprófago, la portada nos decí­a que estos señores habí­an dejado a su amigo muerto en el asfalto y se habí­an puesto a jugar a las cartas a la hora de todos los dí­as. 

Bauluz tuvo la educación de aprovechar la sombra para oscurecernos los rostros. Mitxi, no. 

Todo, claro, era mentira. Espada, claro, no ha dicho nada.

Nos lo explica Punset. El cerebro no acepta las informaciones que cuestionen nuestros marcos mentales; bien las descarta, bien las convierte en otra, por ejemplo, una conspiración. El reverso es que el cerebro acepta sin cuestionar las informaciones que se adaptan a nuestros marcos mentales.


Nota 1: Espada dijo sobre la foto de Bauluz: “El autor de la fotografí­a y sus primeros editores dijeron que revelaba un hecho: la indiferencia de Occidente [léase Paí­s Vasco] ante el drama de la emigración magrebí­ [léase terrorismo]. Es, exactamente, en lo primero que debemos fijarnos, pues la foto no existe al margen de este dispositivo simbólico. El hecho que pretende reflejar no existió nunca. Nunca hubo esa relación de indiferencia, en una playa de la costa de Cádiz [léase en un bar de Azpeitia], entre los dos bañistas [léase los jugadores de cartas] y el cadáver. Nunca hubo ese silencio ni esa soledad”. 


Nota 2: Pedro me pregunta por la frase: “[Espada] Decí­a todo lo anterior sin demostrarlo, intuyéndolo” y me remite a la foto publicada en el libro Diarios donde se ve un dispositivo de emergencia en esa playa que quedarí­a fuera del encuadre. En esta página hay abundante documentación sobre el tema. Es bastante parcial a favor del fotógrafo, que firma un texto ñoño y lacrimógeno, pero podemos encontrar la explicación a la foto que muestra Espada. Es posterior. El defensor del lector de La Vanguardia contesta a un lector sobre el particular diciendo que fotos con el dispositivo de seguridad se publicaron en el mismo reportaje: ”en las páginas siguientes se publican fotos de las pertenencias de la ví­ctima, de agentes de la Guardia Civil introduciendo el cuerpo en un ataúd y posteriormente trasladándolo por la playa con una pareja al fondo jugando a palas en la orilla. El reportaje sigue con fotos de guardias civiles y vecinos ayudando a inmigrantes ateridos que acaban de llegar en otras pateras”.

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