Apúrese Don Muñoz, que el mal no descansa.

Los españoles de 2008 tenemos una suerte que no nos la merecemos por haber coincidido en tiempo y espacio con Antonio Muñoz Molina. No sólo por el placer éstético y ético de leer sus libros, sino por disfrutar de su sanción moral cada vez que pecamos de palabra, obra, omisión o diversión. Por ejemplo, cuando a muchos se nos ocurrió pensar que Pulp Fiction era sólo una obra de ficción en la que habí­a escenas divertidas con sexo, droga y violencia. Antonio Muñoz Molina, ojo avizor, nos recordó que sexo, droga y violencia no se pueden frivolizar (que AMM no distingue de banalizar), no son divertidos y que el que se lo pasara bien con la pelí­cula, y se riera cuando a Travolta se le dispara la pistola, estaba a un paso de legitimar cualquier tipo de violencia real.

Hace una semana, Almudena Grandes metió la pata; no fue sólo el tacón, que se rompe y lo llevas al zapatero (sin segundas) para que te ponga una tapa, sino una profunda metedura de pata de las que te retuercen el tobillo y te dejan en cama varias semana. Afortunadamente para Grandes y, en general, para el orbe, ahí­ estaba Antonio Muñoz Molina para sancionar la conducta de la resentida y sectaria escritora y, además, concretar el origen de sus citas, que está en todo. Es una lástima que Muñoz Molina no esté siempre al quite de la misma manera pero las últimas pelí­culas de Batman nos han enseñado que no es fácil ser un héroe. Apúrese Don Muñoz, que el mal no descansa.

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