Murphy nos salvará

Edward Aloysius Murphy nació el 11 de enero de 1918. Tras graduarse en la academia militar de West Point, entró en el programa de entrenamiento de pilotos durante la Segunda Guerra Mundial. Al acabar el conflicto, trabajó en el Instituto de Tecnologí­a de las Fuerzas Aéreas, donde se centró en los experimentos de trineos de alta velocidad impulsados por cohetes. El dí­a del experimento, todos los sensores del muñeco que usaban para medir la presión y los impactos dieron negativo. Murphy los examinó y vio que todos estaban colocados al revés. Miró a su asistente y dijo la famosa frase: “si este tipo puede cometer un error, lo hará”. La sentencia evolucionó hasta llenar correos en cadena, calendarios y libros que ofrecen una y mil versiones de la Ley de Murphy con complementos, corolarios y derivaciones. Como la extensión de Gatusso, nada es tan malo que no pueda empeorar, o el postulado de Tylczak, los imprevistos tienden a suceder todos juntos.

Murphy nos dejó el 17 de julio de1990 pero su espí­ritu ha estado presente en el Gran Colisionador de Hadrones, ya saben, el acelerador de partí­culas que trataba de crear las concidiones del bing bang para saber de dónde venimos y que, según algunos, iba a destruir el mundo al crear un agujero negro. Y todo, decí­an, por la vanidad de los cientí­ficos que se creen dioses. Se creerán lo que quieran pero todo cientí­fico está sometido a la posibilidad de que un asistente coloque mal los cables y todo se vaya al carajo. 10 dí­as después de su inauguración, el LHC tuvo que pararse por una conexión eléctrica defectuosa y se mantendrá inactivo hasta la primavera de 2009. No perdamos la confianza en la ciencia pero no subamos esa confianza hasta la fe ni la descendamos hasta los infiernos o el apocalipsis porque las cosas en manos de gente siempre son más sencillas que en manos de dioses. Y no olvidemos el octavo corolario: es inútil hacer cualquier cosa a prueba de tontos porque son muy ingeniosos. (Publicado el 12 de noviembre de 2008)

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